FICHA TÉCNICA



Título obra Juego peligroso

Autoría Xavier Villaurrutia

Dirección Fernando Wagner

Elenco Magda Guzmán, Guillermo Zetina, Fernando Mendoza, Enrique Aguilar, Raúl Ramírez, Emilia Carranza, Angelines Fernández, Aracelia Chavira, Pilar Sen

Escenografía Antonio López Mancera

Eventos Temporada de Oro del Teatro Mexicano

Productores Instituto Nacional de Bellas Artes

Referencia María Luisa Mendoza, “Un juego peligroso totalmente perdido”, en El Gallo Ilustrado, no 117, supl. de El Día, 20 septiembre 1964, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Un juego peligroso totalmente perdido

María Luisa Mendoza

"Eres la compañía con quien hablo de pronto, a solas,"
Xavier Villaurrutia

La actual generación teatral en el poder se divide en dos: quienes conocieron a Xavier Villaurrutia y quienes no. Villaurrutia, el impecable y respetuoso traductor de Chejov, Romains, Pirandello, Lenormand. El autor de La hiedra, El hierro candente, Invitación a la muerte, La mujer legítima, El pobre Barba Azul, Juego peligroso. El temible crítico teatral, autor de aquella fúlgida sección cuya cabeza denotaba su talento: "La escena está servida". El poeta.

Xavier Villaurrutia se ha convertido con el tiempo en un símbolo de entrega al teatro, en un ejemplo de vocación inviolada, dignísima y que muchos califican de fría asustados por la justeza de sus palabras exactas. Nació en esta ciudad en 1907. Fue, además de su profesión principalísima de dramaturgo y poeta, así mismo maestro de letras españolas, fundador de la revista Ulises. Ministro de Educación. Traductor inolvidable de André Gide y William Blake. Viajero y señorial literato de "exacta plasticidad fría". Villaurrutia recuerda al leérsele aquella "impúbera menta de boca helada".

Villaurrutia, creador del Teatro de Ulises junto con Novo, Gorostiza, Owen, etc. De allí todos pasan al Teatro Orientación en donde se asegura nacen como autores el propio Villaurrutia y Celestino Gorostiza. A catorce años de su muerte el INBA le ofrece un homenaje que conjuntamente cierra su Temporada de Oro del Teatro Mexicano, la cual ha subsistido en buenas y malas letras durante tres milagrosos años. Así pues Xavier Villaurrutia sigue siendo símbolo, como ya se dijo, principio y fin, nombre de premio, recuerdo de honorabilidades y vida ortográfica.

Juego peligroso es una comedia dramática representativa de su manera y su estilo. Límpida, de elegantísimo juego dialogal, poco profunda y sin embargo satisfactoria, alegre y triste a la vez, conflictiva pero como en un divertimiento fino, con el suspenso de hoy y el estilo de ayer apenas, ayer cercano y no obstante ya alejado. Problemas de sociedad, de fidelidad matrimonial que saben al triángulo clásico a Europa y al final de cuentas, sin decirlo, a México. Teatro inusitado y ya en desuso, basado en la anécdota menor y que es tan deliciosa de color y textura que encanta y repetidamente satisface.

Villaurrutia, acerado y cortante, reflexivo y poco osado, deja en Juego peligroso, algo de lo mejor suyo, de su brevedad escénica de su incompatibilidad.

Desafortunada ante este homenaje, este broche de oro, a un día después de la noche de estreno, era la deficiencia, la falta de profesionalismo, el descuido, lo reinante. Villaurrutia exige clase, severa distinción, exactitud –ya se dijo. Nadie menos que él es merecedor de esa falta tan grande de Fernando Wagner al presentar una obra prendida con alfileres. Nunca Villaurrutia hubiese aceptado un traje suyo hilvanado. Wagner dejó resbalar en el olvido, en la desmemorización a sus actores –todos por lo general buenos. Permitió algo nunca visto en la carrera de Magda Guzmán: que desbarrancara con todo su inmenso talento, su grandeza antes intocada. Magda ignoraba el papel y lo recitaba equivocándolo. Hubo un momento en que tergiversó al grado tal el texto, el meollo, que dijo infidelidad en lugar de fidelidad ¡cuando el problema era ese! El último acto Magda lo pasó con apuntador electrónico que se oía hasta la tercera fila. Increíble. Guillermo Zetina: no se sabía el papel. Fernando Mendoza: no se sabía el papel. Enrique Aguilar: no se sabía el papel. Raúl Ramírez: no se sabía el papel. Emilia Carranza: no se sabía el papel. Angelines Fernández, Aracelia Chavira idem, idem.

Sólo Pilar Sen salió a escena segura, señora, aunque haya olvidado no la palabra y sí quitarse los guantes, besar a su hija –otra vez Wagner. Por su parte Aracelia Chavira debe cuidar sus gestos: empieza a repetirse, a enviciarse, a ser sólo una siempre. La escenografía de un gusto pésimo corresponde a Antonio López Mancera. Fernando Wagner no supo jugar y perdió en este lamentable Juego peligroso.