FICHA TÉCNICA



Título obra El medio pelo

Autoría Antonio González Caballero

Dirección Víctor Moya

Elenco Francisco Fuentes Madaleno, Carmen Montejo, Eric del Castillo, Rosario Laiz, Mario Delmar, Libertad Ongay

Referencia María Luisa Mendoza, “¡Así sí baila el teatro con el autor!”, en El Gallo Ilustrado, no 115, supl. de El Día, 6 septiembre 1964, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

¡Así sí baila el teatro con el autor!

María Luisa Mendoza

"Porque estando en grave trance de perder mi onor y bida con Sarita por cierto, los hermanos Santoyo no me icieron nada... [sic]"
Retablo de Apaseo

¡Señoras y señores! ¡Respetable público! ¡pásenle ustedes a ver a un dramaturgo! ¡El único dramaturgo que sabe la verdad! ¡Pásenle, pásenle, tres en uno!

Antonio González Caballero ha ganado otra vez, humilde, inteligente, fresco, ingenuo, certero, talentoso, la pelea de gallos más importante en lo que va del año escénico. Antonio González Caballero, que se dio a conocer con aquellas deliciosas inmemorables Señoritas a disgusto, vuelve a la mera palestra con El medio pelo, extraordinaria comedia de costumbres escrita con la más asombrosa profundidad psicológica y conocimiento de lo que es trazar personajes sin trampa, sin concesiones a un demonio, con la honestidad esa que deslumbra de tan inusitada.

González Caballero hace removerse adentro las nacionalidades mexicanísimas y ponerse de pie y aplaudirlo. En tres actos generosos, sin el lastre cursi del folklorismo ramplón o turístico va pintando una manera de vivir –o de morir– que impera en los pueblos del Bajío, va enseñando ese transcurrir de días apresados en el qué dirán, en la pequeña pasión avara, en la locura de amor joven y bueno como el "plan de cerveza" y las charamuscas "de antes" o las cocadas... Caballero da México, a cambio del privilegio de ser representado. Y lo da asombroso y encandilante.

Quien sabe de dónde este joven celayense o silaense aprendió a perfilar así a sus personajes, pero los avienta en crueles líneas humanas y conmovedoras, en virtudes y defectos, en ternuras y sobre todo personalidad nacional. Son mexicanísimas sus figuras pero son factibles de traspasar fronteras. El medio pelo, aquí o en donde usted quiera es una gran comedia, una excelentísima comedia que entenderá quien usted quiera, como se comprenden a las gentes de Molière, a los malvados de Shakespeare, a los iluminados de Cervantes.

Y este entusiasmo ante González Caballero no es producto sólo de una estancia feliz ante su Medio pelo delicioso, es un acto de fe, de justicia y de amor. De fe porque vuelve uno a creer en los escritores nacidos dentro de casa, en su espontaneidad y en su vigencia. De justicia porque Caballero, tan desconocido, tan poco famoso por no decir mafioso, es de entre todos el muy mejor y el que necesita del aliento aunque también del regaño cuando comete cositas como Una Pura y dos con sal que dicen se parece a otros Signos, y él, Caballero, no lo merece. Y de amor, porque después de todo el mexicano de ayer y el de hoy sigue –seguimos– reaccionando ante el hermano con eso que se llama amor, sin regateo: ¡ese es mi hermano! Habrá que esperar el contraste del ataque de los ibéricos que no perdonan en teatro quien sabe por qué.

Desde el programa es el acierto, programa lleno de retablos relacionados con la obra. Un único tropezón es el relator de los intermedios, Madaleno, que no le hace falta a la obra, que le sobra y la vulgariza sin razón alguna. En teatro se ve lo que pasa, no se relata a telón cerrado.

Carmen Montejo está formidable porque toca otros sones de dulce comunidad –gente común y corriente–, porque es tan real su obcecado orgullo, tan conocido, que llega a conmover como si ella fuese la gran heroína griega otra vez. Al asombro de la actuación de Carmen –después de su desdichado interludio– hay que ovacionar a un joven que poco se prodiga en teatro y que está probando ahora su fuerza, su proyección, su adelanto escénico, lo que es ya y lo que produce como vitalidad y como sonoridad emotiva: a Eric del Castillo, revelación deveras total. Y aplaudir también a Rosario Laiz que derrocha una espontaneidad, una gracia tal que tiene conquistado al público. Ella sí sabe crecer en escena, cosa impenetrable para otras. Es ya una actriz. Y palmísimas para Mario Delmar en la mejor interpretación de su vida. Y felicitaciones a Libertad Ongay.

Usted, amante del teatro no deje de ir a esto tan mexicano y tan de primera. A este El medio pelo espléndidamente dirigido por Víctor Moya, a quien se da la bienvenida, y a cargo en todo lo demás de González Caballero ¡viva!...