FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios sobre la obra El Tenorio maderista de 1911, parodia mexicana de Don Juan Tenorio

Referencia Armando de Maria y Campos, “Las parodias mexicanas del Tenorio: de El Tenorio maderista a Para tenorios, Miguel”, en Novedades, 26 octubre 1950.




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Columna El Teatro

Las parodias mexicanas del Tenorio: de el Tenorio maderista a para tenorios, Miguel

Armando de Maria y Campos

Son incontables, innumerables, las parodias mexicanas del drama Don Juan Tenorio de Zorrilla, el Burlador de Sevilla. Casi todas son políticas, porque el carácter conquistador que se han representado en los teatros frívolos, o de género chico, durante la breve temporada que por noviembre de cada año hace en nuestros escenarios de don Juan permite a los autores usarlo para representar al personaje político triunfante o en el candelero, desde don Francisco I. Madero hasta el licenciado don Miguel Alemán, pasando por ¡todos! los que un día ocuparon el poder, mataron a la buena o a la mala a su contrincante, don Luis, y lograron la conquista del pueblo, personificado siempre, ¡siempre! en doña Inés de Ulloa, la cándida novicia del convento de Calatrava.

La primera parodia del Tenorio que se representó en nuestros escenarios fue el mismo año en que cayó el presidente general don Porfirio Díaz –¡antes hubiera sido imposible!–, recién recibido en la capital el jefe de la revolución vencedora, don Francisco I. Madero, y cuando todavía era candidato a la presidencia el general don Bernardo Reyes. Como todo lo apuntado nadie duda a qué año me refiero: 1911.

Con la caída de Ciudad Juárez, en poder de la Revolución que luchaba contra la administración del presidente Díaz, se precipitaron los acontecimientos políticos que culminaron en la renuncia de don Porfirio a la presidencia el 25 de mayo y con la entrada a la ciudad de México del apóstol de la democracia, don Francisco I. Madero el 7 de junio. El 10 de junio se estrenó en el Principal una zarzuela del autor español Jacinto Capella, musicada por Rafael Gascón y Lauro Uranga, titulada México al día, en la cual se trataban asuntos políticos de actualidad y en la que apareció en una decoración el retrato del candidato a la presidencia, don Francisco I. Madero, provocando clamorosas ovaciones del público, que ya para esas fechas era, todo, "maderista".

En noviembre, durante la época de los "Tenorios", un teatro de género chico –el Lírico– anunció la novedad de la temporada: El Tenorio maderista, parodia político-satírica, original –sic, en la edición hecha por Eusebio Sánchez, México, 1912– de Luis G. Andrade, periodista mexicano y Leandro Blanco, autor español.

El Tenorio maderista de Andrade y Blanco constituyó un éxito de público, que señaló a los autores nacionales un filón a explotar año con año. Es una verdadera parodia, aunque con situaciones muy forzadas, ya que era –y es– materialmente imposible, fuera de la escena de la apuesta entre don Juan y don Luis en el primer acto, de la del sofá entre don Juan y la novicia en el 4o., y de aquélla en que Tenorio asesina a don Gonzalo y mata en desafío a don Luis en el mismo acto, meter en situación a los personajes políticos del momento sin desvertebrar el argumento de la obra de Zorrilla. Sin embargo, Andrade y Blanco lograron situaciones oportunas y graciosas.

A don Francisco I. Madero lo hicieron don Juan Tenorio, llamándole "Valero"; el Mejía lo fue el general don Bernardo Reyes (o "Fuelles"). Don Gonzalo de Ulloa no pudo ser otro que don Porfirio Díaz, que en la obra recibe el nombre de "Porfirio Noches". El don Diego es don Francisco Sr., que se muestra orgulloso de su hijo, al revés que en el drama de Zorrilla. Ciuti y Gastón, los escuderos o secretarios de Madero y Reyes en esta obrita, fueron el periodista don Juan Sánchez Azcona (llamado "Valona") y el hijo de don Bernardo, el licenciado don Rodolfo. Representaba el Capitán Centellas el general maderista Gabriel Hernández y a Avellaneda el periodista "reyista" don Heriberto Barrón, llamado "Borrón". El Pueblo fue representado por doña Inés, y la Brígida fue caricaturizada en la persona del gran periodista católico don Trinidad Sánchez Santos (o "Llantos", en la zarzuelita). "Varios esqueletos: los señores científicos". Y la comparsería: "Revolucionarios maderistas, partidarios reyistas, federales, curiosos –que nunca faltan–. La Patria, la Paz, la Libertad, la Industria, el Trabajo", etcétera.

La zarzuela está divida en cinco cuadros. El primero se desarrolla en un "gran salón cantina"; el 2o. en la celda de un convento; el 4o. en la "Casa de Valero" (Madero). El 5o. en el panteón, y se previene que sobre las tumbas no deben faltar estas inscripciones: "Opresión y tiranía", "Caciquismo y gobernantes perpetuos", "Científicos". El 5o. es el apoteosis: decorado fantástico a todo foro. Al fondo y colocada en un pedestal, una tiple vestida de Libertad, con una corona de laurel en la mano. A su derecha, la Patria; a su izquierda, la Paz. en primer término, un cañón, rodeado de muertos, y delante un federal y un revolucionario estrechándose la mano. A lo largo del foro, coro de libertadores y de federales. Todos entonan el himno haciendo evoluciones. Al concluir, el Pueblo conduce a don Juan Valero –el Tenorio maderista– hasta el fondo de la escena, y la Libertad canta virilmente:

¡Gloria, gloria a los hombres que supieron
dar paz y libertad al oprimido!
Gloria a los patriotas que murieron
con la fe ciega del deber cumplido.

Literariamente, la obrita vale poco, pero abunda en recursos teatrales, bien aprovechados, de la obra de Zorrilla. Toda la acción es un perpetuo diálogo entre los principales personajes, que no cesan de hacer alusiones políticas, siempre respetuosas. El personaje de don Porfirio-Comendador pasa digno por la escena, entre Madero-Tenorio y Reyes-Mejía. Ni con doña Brígida-Sánchez Santos se atreven los autores a hacer bromas.

El público aplaudió la parodia más de 100 noches, y se volcaba en ovación indescriptible cuando Madero-Tenorio terminaba su relación del primer cuadro, diciendo:

Y por doquiera que fui
la razón justifiqué
en Chihuahua combatí
en Mal Paso derroté,
y en Agua Prieta vencí.
Yo por el pueblo luché,
al bandido combatí,
al noble lo respeté,
"y nunca consideré
que pudo matarme a mí
aquél a quien yo maté..."