FICHA TÉCNICA



Título obra El amor médico

Autoría Jean Baptiste Poquelin Molière

Dirección André Moreau

Elenco Carlos de Pedro, Gastón Melo, Leticia Gómez Rivera, Marisa Ibáñez, Marta Zavaleta, Gilberto Pérez Gallardo, Humberto Enríquez, Ignacio Sotelo, Pedro García Jiménez, Virgilio Leos, Fernando Dlié, Roberto Figueroa, Elizabeth Montaut, Marisela Olvera, María del Carmen Farías

Escenografía Ángel Ocampo y Octavio Ocampo

Música Mariano Ballesté

Referencia María Luisa Mendoza, “El amoroso amor médico de Molière”, en El Gallo Ilustrado, no 105, supl. de El Día, 28 junio 1964, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

El amoroso amor médico de Molière

María Luisa Mendoza

"El Médico es un hombre a quien se paga para que cuente paparruchadas en el cuarto de un enfermo hasta que la Naturaleza haya curado a éste o los remedios le maten"
Molière

Juan Bautista Poquelin fue siempre un ser delicado que estuvo cerca de los médicos desde su nacimiento. Ese continuo estar al lado de los hombres de ciencia de su tiempo lo hizo conocedor avezado en las artes del engaño y la verdad. De la misma manera que siendo ya Molière el cómico más grande de su tiempo, fustigador crudelísimo inmisericorde, de los pecados humanos, burlador de la desgracia con la risa desde el tablado, del mismo modo pues que podía pintar como nadie la avaricia, la falsa filantropía, la ridiculez preciosa, la improvisación, la burguesía, la impostura, lo hizo con la medicina. Molière, desde su Don Juan o El convidado de piedra sintetizó en personajes clásicos en el teatro del mundo la pequeña manía curativa a la trompa talega, al aventón como quien dice. Por eso, cuando en 1665 estrenó El amor médico, en Versalles, escrita la comedia, aprendida y ensayada en cinco breves días de entonces –más largos dirán algunos–, por encargo del rey fue recibida en la corte con la devoción y la carcajada debida a su propio rango.

El rey Luis XIV dijo y Molière escribió. Por el tablado desfilaron los médicos reales pedantes ignaros, chirles, ellos y sus latinajos, ellos y sus mulas para transportarlos.

Enfermo crónico también Molière, sabía del dolor y las comprensas de las sangrías y las ventosas. Su comedia fue una más de las mejores: "pequeña improvisación, un simple bosquejo a lápiz, en que el rey ha querido encontrar diversión. Es el más precipitado de todos cuantos me ha encargada Su Majestad…”.

Ahora la Universidad da el primer paso después del triunfo de Nancy con las ya divinas Divinas Palabras. El turno de Molière, su ritmo de farsa lenta y arrastrada deliciosamente extendida en un escenario bellamente joven gracias a la galana decoración de Ángel Ocampo, hermosamente vestido por el talento asombroso de Octavio Ocampo, dirigida la obra por el maestro André Moreau, quien alcanza minutos perfectos en conocimiento de áreas, en regodeo de movimiento en perspicacia dramática. Y por fin musicado El amor médico por Mariano Ballesté, hoy a la maravilla como en las noches molierescas por aquel otro músico Lully de entonces.

Y a tanto hecho inusitado, completo y acertadísimo, falta ya no digamos las interpretaciones tan excelentemente encabezada por Carlos de Pedro –un Sganarelle antológico y perfecto–, sino la misma traducción del libro al papel, del francés al español, de la prosa al verso rimadísimo y cantarín por Héctor Azar. No cabe duda que para la envidia Héctor Azar está que ni mandado hacer, él tan atingente y tan talentoso, no solo organizador margen afuera, en este país nuestro de improvisados y desorden al canto, sino –como en esta ocasión– feliz versificador con toques tan mexicanos que nos acerca a Moliere como nunca antes, y nos lo hace hermano. El mismo Moliere ¡ay si viviera! Estaría encantado con la pluma de Azar ¡y con la cara!.

Habrá que ir a ver la simpatía de puros gestos y terciopelos que hace gala Gastón Melo, la gracia de Lisela que hace eficacísima Leticia Gómez Rivera, la Lucinda lindísima, como de cristal –ahora sí que como de grabado de la época de Molière– que es Marisa Ibáñez. El profesionalismo de Marta Zavaleta. Y ver sobretodos a los médicos ¡qué galanos, galanos! Gilberto Pérez Gallardo, Humberto Enríquez, Ignacio Sotelo, Pedro García Jiménez, Virgilio Leos. Y También a los comparsas que en sus trajes originales a cual más llena la escena de luz y autenticidad: Fernando Dlié, Roberto Figueroa, Elizabeth Montaut, Marisela Olvera, María del Carmen Farías, etc.

Aquí hay para echar a vuelo las campanas. Desde luego el descubrimiento de los jóvenes celayenses Ocampo, la letra, el verso, la música, la dirección y así hasta otra vez hasta nunca acaba.