FICHA TÉCNICA



Título obra Los físicos

Autoría Friedrich Dürrenmatt

Notas de autoría Ernesto de la Peña / traducción

Dirección Ignacio Retes

Elenco Miguel Manzano, Héctor Ortega, Rafael Llamas, Berta Moss, María Stain, Carlos Rosales, Luis Beristáin, Virginia Gutiérrez, Víctor Alcocer

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro Xola

Referencia María Luisa Mendoza, “Los físicos y las coincidencias”, en El Gallo Ilustrado, no 101, supl. de El Día, 31 mayo 1964, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Los físicos y las coincidencias

María Luisa Mendoza

Como una coincidencia mágica y significativa que algo inminente quiere decir, el estreno en México de la obra Los físicos de Federico Dürrenmatt se vio seguida, a los dos días, por una declaración de Bertrand Russell sobre el asunto.

El viejo Russell, nobilísimo, alerta, lúcido, como un nuevo Tirecias, anuncia al mundo los males que caerán sobre él, hasta la aniquilación, si los descubrimientos de los científicos son usados torpemente en contra de la humanidad. Russell ejemplariza asimismo con una sociedad de investigadores independientes, sabios angélicos, que trabajan por la verdad y en la verdad, sin ocultar los males que trae consigo el descubrimiento del átomo y su contraste con los malos gobiernos que silencian el peligro.

Alude a la conferencia de Pugwash llevada al cabo en 1954 con objeto de reunir a los sabios de Oriente y Occidente. Y señala la insistencia del doctor Linus Pauling –Premio Nobel– por tender un puente de salvación antes de morir diariamente en guerras mundiales inacabadas y demoniacas durante ciento cuarenta y seis años consecutivos.

También ese mismo día de la anunciación russelliana, un cable anunciaba la muerte del profesor James Franck, Premio Nobel de Física 1925, en Gotinga. Un sabio que abandonó la cátedra de su Universidad en 1933 para protestar contra la expulsión de profesores judíos por el régimen nazi.

En Los físicos, Dürrenmatt –autor intocable de La visita de la vieja dama, Rómulo Magno, etc.– finca esa tesis pavorosa y siniestra en la que decreta símbolos evidentes que van de acuerdo con los datos anteriores. Tres físicos que se fingen locos. Un manicomio. Una doctora alienista que pierde la razón y se apodera de los descubrimientos de uno de ellos, el más sabio de todos –más que el mismo Einstein. El mundo queda pues en las manos de la paranoica.

Pero Dürrenrnatt lo dice todo en el terreno más sólidamente inteligente sin caer en esa estirada, almidonada, imprescindible pedantería del culto de salón. Pleno de sentido del humor con óptimas estrategias dramáticas para construir una obra de dos actos espléndida, Dürrenmatt lucha por, ya no digamos la paz, por la permanencia del mundo en el universo.

Cabe el honor a Dürrenmatt de alegrar con su voz segura y terrible, esperanzada por momentos e impiadosa, los cuatro años de hacer teatro –gran teatro en buen balance– del Seguro Social. Es también digna de observación está feliz contingencia: un autor contemporáneo, con el tema más alto y más avanzado del momento, con la palabra y el mensaje más importante es escogido por el Seguro Social en esta ocasión. Como si también esto fuera una coincidencia mágica, un nuevo camino a seguir, un tirar por la borda crinolinas y coronas para decir, al fin, la gran voz del hombre de nuestro tiempo.

Para tan magna pieza un terceto de excelentes actores y la presencia de una actriz. El trabajo serenísimo de Miguel Manzano, el deslumbramiento de ternura y caracterización asombrosa del joven Héctor Ortega y la inteligente interpretación de Rafael Llamas. Con ellos Berta Moss, que ingresa a las filas del Xola, que es muy aplaudida y que su excelencia se ve un tanto frenada por lanzarse desde el primer momento en la altura temperamental de la tensión mayor. Si Berta calibrara más su apasionamiento, este papel hermoso que viste tan bien, sus logros no tendrían límites.

Hay que hacer notar algo importantísimo: la homogeneidad del reparto, el acierto del director para dar a cada uno su perfil propio y cercano. Ya se ve, ahora sí, la ganancia de una experiencia incontinuada. Muy bien María Stain, Carlos Rosales, Luis Beristáin, Virginia Gutiérrez, Víctor Alcocer.

Dürrenmatt estuvo servido por el director Ignacio Retes, el que dejó ver aciertos en escenas distintas y se plegó ahora a una actitud más que creativa, eficaz.

La escenografía de Julio Prieto es un refuerzo a ese mismo humilde gran profesionalismo de Retes. Cumple –y sin ironía en el verbo– con lo que el autor exige. Ilumina, llena con música, obscurece y divide el escenario como él solo sabe hacerlo.

Los físicos es una lección, una advertencia, una gran obra traducida por Ernesto de la Peña con impecable corrección.