FICHA TÉCNICA



Título obra Landrú

Autoría Alfonso Reyes

Dirección Juan José Gurrola

Elenco Pixie Hopkin, Tamara Garina, María Antonieta Domínguez, Carlos Jordán, Marta Verduzco, Claudio Obregón

Vestuario Pixie Hopkin

Referencia María Luisa Mendoza, “La locura de hacer teatro”, en El Gallo Ilustrado, no 96, supl. de El Día, 26 abril 1964, p. 4.




Título obra Incestuoso

Autoría Raquel Jodorowski

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Raquel Jodorowski

Referencia María Luisa Mendoza, “La locura de hacer teatro”, en El Gallo Ilustrado, no 96, supl. de El Día, 26 abril 1964, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

La locura de hacer teatro

María Luisa Mendoza

Entre las quinientas puertas para la estulticia común, la muy pitiminí de boca apretadita y traje acabado de salir de la modista con moños, obras de laboratorio, que huelan todavía a recién hechas, a buena ortografía química y mejor calidad cocineril, como las que intentan en distintos tonos de luz y color Juan José Gurrola y Alexandro Jodorowski son reconfortantes.

Los dos, eminentemente contemporáneos, con los ojos puestos en lo que pasa no sólo en la cabeza de América, sino en la axila del mundo, en el muslo, en los huecos de las orejas, se lanzan a la lid con diferentes armas de pelea.

Por ejemplo, Gurrola es mucho más clásico, grita menos y tiene una dosis de perdón más misericordioso de parte de los eternos descontentos ancianos que prefieren la zarzuela en este mundo horrible. Alexandro si colma su indignación, los hace volverse locos, los irrita al grado tal que si pudieran lo hubieran fusilado en nombre de la moral, la patria y Pemán.

Opereta

Reyes, que también sabía reír a pesar de ser Alfonso, escribió un homenaje risible a Landrú, cuando éste, lleno de bigotes, asaba al carbón a sus amantes. Sobre su figura siguió escribiendo como descanso sin terminar la opereta que ahora Gurrola sacó del cajón y convirtió en un delicioso espectáculo dominical de penumbras bodegueras y luceríos talentosos. Con tres maderos, un metro de tela y toneladas de inteligencia, pudo lograr Juan José un pequeño cuarteto de cuerda a voz, instrumento musical y canto. A baile. A buen humor. Con la participación de cuatro muchachas que son unas especies de parcas de después de la primera guerra mundial, vestidas por Pixie Hopkin quien a su vez canta con ellas: Tamara Garina, María Antonieta Domínguez, y el único obligado, deseado, harto varón: Carlos Jordán.

Antes del final aplauso, durante el curso de la representación, siempre estuvo presente la música de Rafael Elizondo verdaderamente acertada. Y se vio la mano de Gurrola, firme como ella sola, tan chocarrera como la del Comandante Aranda, que en el texto de Alfonso Reyes hace de las suyas desde las voces de Marta Verduzco y Claudio Obregón, quienes abren el programa contando la historia de cinco pícaros dedos.

Insectuosos

Por su lado Alexandro, que por estas fechas ya habrá estrenado dos monólogos, uno de Chejov y el otro de Kafka, varias pantomimas y dos tragedias, presentó por amor al arte, también gratis como Gurrola, porque no puede resistir el deseo de experimentar cosas nuevas y locas y profundas, un espectáculo llamado Insectuoso[sic] en el que él y su hermana Raquel fueron los pivotes para una coreada de poemas de ella, y el pretexto para que su talento de gigante sin medios se pusiera de manifiesto.

Alexandro, como quien no quiere la cosa, consiguió hurgar en las raíces del primer grito como si sentara a la gente y le diera una clase intensiva sobre sicoanálisis remontándola a los orígenes de cada uno, a los senos maternos y a las bolsas protectoras, a las primeras leches, los rechazos y los traumas. Usando su imaginación que deveras fertiliza, ayudado por la hermosura del lugar (primer manicomio para dementes fundado en América por Bernardino Álvarez en 1577), inspirado por los antiguos gritos de la locura y la desesperación, por la invocación de nacencia eterna, Alexandro contó poesía, puso a improvisar a sus actores, los hizo ser grandes en dos minutos y llamó la atención de un público que ahora no se sintió agredido por este efímero excelente, pero que no obstante pudo pensar..., lo cual ya es mucho decir.

Alnico y Kemita es el nombre del libro de Raquel Jodorowski. Por lo que se pudo oír detrás del estruendo de la batería y las guitarras eléctricas es un estilo muy Jodorowski, revolucionario y electrónico (“canto con los vocabularios nuevos que otros poetas anónimos descubren y crean en los laboratorios electrónicos”). Es Raquel Jodorowski una digna hermana de Alexandro, parada ella sola, huérfana, en el mundo con su poesía.