FICHA TÉCNICA



Título obra Feliz como Larry

Autoría Donagh Mac Donagh

Dirección Salvador Novo

Elenco Carlos de Pedro, Marta Zavaleta, Ignacio Sotelo, Gilberto Pérez Gallardo, Virgilio Leos

Escenografía Marcela Zorilla

Iluminación Luis Macouzet

Coreografía Virgilio Leos

Música Mariano Ballesté

Espacios teatrales Teatro de la Universidad

Referencia María Luisa Mendoza, “A la poesía, por el gag”, en El Gallo Ilustrado, no 87, supl. de El Día, 23 febrero 1964, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

A la poesía, por el gag

María Luisa Mendoza

Cualquier cursi diría que hay que inscribirse en la universidad de la vida para aprender a existir; pero como afirmar tal tontería es inútil, habrá que declarar, un poco avergonzada la faz, que ir al teatro de la Universidad de México es aprender un montón de cosas, entre otras que en Irlanda se pasea Donagh Mac Donagh, ilustre desconocido en esta casa, quien se inició en el teatro de su país dirigiendo Asesinato en la Catedral, de Eliot. Que este interesantísimo hombre de pipa en la boca –tiene que ser así– es traductor de Anouilh al irlandés, escritor de varias obras teatrales, entre las que está una ópera en baladas, y, por fin, que Mac Donagh es también el autor de Feliz como Larry.

La Universidad ofrece, pues, un curso breve de tres actos en los que una gracia inaudita, desconocida, intrascendente, de buena ley campea. Da seminario de excelente dirección escénica a cargo del maestro Salvador Novo, y regala la práctica de sus alumnos en teatro, entre los que están muchos sobresalientes profesionales ya, como quien dice, como el imprescindible y asombroso característico Carlos de Pedro, la sensacional actriz completa que es Marta Zavaleta, el muy buen intérprete y mejor mozo Ignacio Sotelo, Gilberto Pérez Gallardo, Virgilio Leos, etc.

Pero vayamos por partes. Donagh Mac Donagh es el juez de Distrito en las cortes irlandesas y director de la Sociedad Dramática del University College de Dublín. Escribió esta obra, Feliz como Larry, pensando en atrapar al cien por ciento de los espectadores gracias a la deliciosa lista de canciones, bailes, chistes con la técnica de la risa de los hermanos Marx y del circo. Tras esto: la poesía. El verso significativo y hondó penetrando hasta el interior del teatrófilo por el canalito seguro de una historia a la que no se puede dar la espalda. Entonces, el autor se apoyó en la sátira y escribió una farsa en la que hay un coro que finalmente introduce en la trama misma de la acción; en la que hay tela de donde cortar para agrandar las actuaciones y hacerlas jocosas un poco también con alfileres de cine mudo y el dominio del gag inteligente.

Entonces, Larry es el protagonista en verdad, él y sus compañeros sastres con los que viaja en el tiempo ayudados no por Welles, como se supone, sino por las seculares Parcas que aquí sustituyen a los gnomos y a los espíritus irlandeses. Parcas verdes, eso sí, y pícaras también, suertosas como tréboles de cinco hojas. Larry investiga a sus abuelos, venga el honor de uno de ellos, y puede decir cosas importantes sin que los que lo oyen bostecen o se aburran agobiados de símbolos o desgarradoras quejas vanguardista-contemporáneas.

Salvador Novo sintió una llamada de atención de parte de Donagh Mac Donagh (uno no lee nunca: le llaman la atención), y lo tradujo sin perder tiempo ni la fresca riqueza de ritmos populares en versificación irregular. Dice el maestro que el estilo y los ritmos de Larry derivan de las baladas irlandesas populares que se cantan en las calles o en las tabernas. Así los conservó para alegría del público que invade noche a noche el Teatro de la Universidad de México y aplaude sin cesar la pureza, el entusiasmo, la perfección, la vehemencia, la seriedad de las interpretaciones juveniles y que son en este momento la esperanza de quien ama la escena y busca en todos lados un descanso y una grandeza sin encontrarla.

VerLarry es gozar igualmente un vestuario que es de día de fiesta y de noche de gala, diseñado por una joven muchacha universitaria: Marcela Zorilla, quien tiene ya trayectoria en escenografía y sus derivados, pero que nunca como hoy ha brillado tanto en certezas y atingencias plásticas, en buen gusto, en perfecciones. Ver Larry es escuchar la música de Mariano Ballesté, para el que ya van siendo ajadas las palabras de aliento porque su colaboración es siempre de primera línea. Es aplaudir la coreografía de Virgilio Leos, un poquito inocentona pero eficaz; la iluminación de Macouzet.

Por lo cual es imposible dejar en la cinta de la máquina los nombres de todos sus participantes: Pedro García Jiménez, César Aria de la Cantolla, Humberto Enríquez, Fernando Delié, Beatriz Moya, Magda Vizcaíno. Elizabeth Montaud, María del Carmen Frías y, en el script, Ana María Sosa.

Como siempre, para la Universidad, para Héctor Azar, para su teatro, la felicitación de esta leal y agradecida espectadora.