FICHA TÉCNICA



Notas Balance del teatro en la ciudad de México en 1963

Referencia María Luisa Mendoza, “El Teatro en 1963”, en El Gallo Ilustrado, no 78, supl. de El Día, 22 diciembre 1963, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

El teatro en 1963

María Luisa Mendoza

Sin bucear en la planta del mundo y rascar capas protectoras de interrogaciones; sin meterse en la hondura de los números exactos pinchándolos con alfileres, fechas, estaciones, etc. Sin hacer pues ese trabajo laboratorial del investigador concienzudo que registra en su mente hasta el número de diablas fundidas en el trascurso del año. Aproximándose a las cantidades, haciendo montones de excelencias, pura bondad o mediocres valores, va esta crónica de un año teatral en México que a primera ojeada se mira un tanto debilucho en totales cercanos, aunque sus unidades sean muchas de ellas importantísimas en calidad y ganancia dramática.

No fue desde luego este año agónico, próspero y protector para los escritores de casa. Tal vez los estrenos de obras salidas de la pluma de mexicanos lleguen apenas a diez. Entre las que se cuentan: La Guerra de las gordas de Salvador Novo; Una vez al año de Rafael Solana; Nota roja de Wilberto Cantón; La verdad escondida de Amalia Castillo Ledón; La gobernadora de Luis G. Basurto; El señor perro de Margarita Urueta; Viuda... y 3 millones de A. Anaya; ¡Silencio pollos pelones, ya les van a echar su máiz! de Emilio Carballido, etc.

De todas ellas se realizaron respectivas temporadas que no sobresalen en óptimos resultados de tiempo o economía y sin embargo atrajeron buena cantidad de público. Público de hoy que existe gracias al denodado trabajo de hombres de teatro que amasaron esta especie de prosperidad desde anónimas labores, desde salitas de bolsillo, desde espectáculos al aire libre en la Alameda; desde insistentes temporadas de oro en el Fábregas, desde el foro limpio y brillante de la Universidad o los intentos asombrosos de experimentales que dan cátedra y renuevan. Y desde la lucha de un patronato del Seguro Social que siembra el clasicismo con la misma espléndida entrega que sube a sus escenarios las obras más representativas del tiempo que vivimos.

Este año, pues, la Temporada de Oro del Teatro Mexicano continuó heroica combatiendo con su asiduidad en contra de la crítica más o menos desfavorable, reponiendo buenas obras de autores nacionales y abriendo paréntesis para estrenar, como ocurrió con la comedia del maestro Novo, la cual fincó la polémica, atrajo la risa sabrosa y tuvo una notoriedad sin par; o con la pieza de doña Amalia, fallida gracias a la imposición de una elasticidad que no tenía su simple y hasta cierto punto interesante anécdota –digna de un acto solitario únicamente. Y también este año se fincó, se levantó la primera carpa que el INBA envía a los pueblos de la República representando obras de autores mexicanos, dedicadas al pueblo, bajo la dirección de Luis G. Basurto. El estreno tuvo lugar en Buenavista, y una corta temporada dio principio con Clemencia, de don Ignacio M. Altamirano, adaptada al teatro por Luisa Josefina Hernández.

Las troyanas, de Eurípides, significó uno de los más grandes espectáculos ocurridos en el curso del 63; tuvo en su haber la dirección de José Solé, extraordinaria, y actuaciones que habrán de ser tomadas en consideración para conformar las muy mejores. Un hombre contra el tiempo de Robert Bolt, Moby Dick de Herman Melville, adaptada al teatro por Orson Welles, cierran las cartas magistrales que el Seguro Social dio al público como muestra de sus altos afanes dramáticos. Por su parte, en el Granero: ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, de Edward Albee rescató para el INBA los calificativos más entusiastas repartidos entre director y actores dignísimos encabezados por Carmen Montejo.

Al asombro, al agradecimiento de un público conquistado por la grandeza de sus virtudes de primer actor, Vitorio Gassman respondió ofreciendo una de las funciones memorables del año que termina: El juego de los héroes, en donde púdose constatar el señorío y el dominio del teatro que este actor insigne posee. Gassman trajo el Teatro popular Italiano que se llevó el título de la mejor compañía visitante. La comedia Française retornó con su disciplina ejemplar y el academismo que en ocasiones llega a ser intolerable. Por ultimo: el Teatro de Cámara de Alemania tuvo su temporada que se ha convertido en obligatoria al fin de año.

Menciones de gala, de especialidad, merecen los jóvenes experimentales: Divinas palabras de Del Valle-Inclán será quien recoja los premios más exigentes, porque la dirección de Juan Ibáñez y la actuación de los universitarios la piden a gritos; La moza de cántaro, de Lope de Vega, dirigida por José Luis Ibáñez; Jazz palabra y La cantante calva de Ionesco; esta última dirigida por Juan José Gurrola (todo esto en la Casa del Lago); Historia de Vasco de Schéhadé, dirigida por Héctor Azar y con los de la Universidad; la mejor competencia, la más valiosa y valiente estuvo, pues en manos jóvenes.