FICHA TÉCNICA



Título obra Los que quedamos

Autoría Giovanni Cenzato

Notas de autoría Doménico Laurentis y Ángel Vilches / traducción

Elenco María Teresa Montoya

Grupos y compañías Compañía de Ángel Garasa

Espacios teatrales Teatro Ideal

Notas Función en beneficio de María Teresa Montoya

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno en el Ideal de la comedia Los que quedamos de Giovanni Cenzato, la noche del beneficio de María Tereza Montoya”, en Novedades, 18 octubre 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno en el Ideal de la comedia Los que quedamos de Giovanni Cenzato, la noche del beneficio de María Tereza Montoya

Armando de Maria y Campos

María Tereza Montoya ha vuelto a lo suyo, a lo que se ha dado en llamar el "montoyismo". Huyendo de él, huyendo de sí misma, le fue fácil demostrar qué cómodo le es representar lo que puede hacer cualquier actriz. Con obras como La casa sin música, Cenizas que arden, 7B-XE o La casa, México tendría que conformarse con una actriz excelente, pero nada más. Ha sido preciso un retorno urgente a lo suyo, al "montoyismo" –¡lástima que con una obra de tan escasa significación!–, para que se compruebe que no es manera ni escuela, virtud o defecto, sino origen, raíz y esencia.

Para volver al "montoyismo", María Tereza halló una ocasión solemne: la noche de su función de honor y beneficio, al final de una breve temporada que se mantuvo al garete por culpa del repertorio que se representó o, para ser más claro: por no hacerse a base del repertorio de una actriz de la categórica responsabilidad de la Montoya. ¿Eligió la "Medea clásica" No. Se conformó con la Elena de un oscuro autor italiano representado antes por actrices de escaso relieve. Es verdad que en la protagonista de la obra elegida hay un caso interesante que anima un personaje que da oportunidad a la Montoya para hacer "montoyismo", es decir, dejarse ver y sentir en un conflicto dramático de "andar por casa", pero...

Hace cinco o se años... –¿recuerda el lector cinéfilo el año en que murió la bella y fina actriz de "nuestro cine nacional" Adriana Lamar?–. Ese año, meses antes de que desapareciera del mundo, pero no de la pantalla, la simpática "Monina", se estrenó en alguno de nuestros templos del ecrán, una película mediocre, titulada Bienaventurados los que creen..., de la que se dijo en los "créditos" que estaba tomada de una obra extranjera. La interpretaban Adriana Lamar, que hacía una madre que pierde a su hijo –que aparecía en la pantalla–, en un accidente; Ramón Pereda, en el marido y padre; Miguel Arenas en el padre del marido, y Carlos Martínez Baena en un cura, hermano del abuelo, que logra llevar la fe en Dios a su familia de descreídos o librepensadores, con la madre encuentra el consuelo necesario para seguir viviendo y esperar con júbilo al nuevo hijo que vendrá a llenar en su vida el hueco de amor que dejó el que le arrancó el accidente lamentable. Recuerdo que la película estaba dialogada en un castellano infame, y que pronto se desvaneció en nuestras pantallas de alguna categoría, para seguir cubriendo otras menos responsables, hasta hundirse en el olvido.

Por esas calendas –en materia de producciones cinematográficas no estoy fuerte ni en datos ni en memoria– oí por radio, en la "Comedia de los domingos", el programa radiofónico que pasa por la XEQ la actriz Pura Córdova, tan popular en el auditorio de la república y Centroamérica, algo que se parecía a la película Bienaventurados los que creen, de un autor italiano, pero dialogada la pieza en tan excelente castellano, que a las claras se advertía que el script de la película había sido sacado directamente de la obra original por quien ignoraba el italiano y desconocía el castellano. Meses después hallé esta obra en una edición de la Biblioteca teatral que editó en Madrid hasta hace poco tiempo don Benjamín Ventura: Los que quedamos de Giovanni Cenzato, traducida, y muy bien por cierto, del italiano al castellano por Doménico Laurentis y Ángel Vilches. No mencionaba el libreto el estreno en Italia, fecha que aun desconozco, y sí la de las representaciones en España: teatro Beatriz, año de 1944, compañía de Társila Criado; principales intérpretes, Ana Cedeño, Dora Sánchez, Luis Porredón, Carlos Oller, José Mérida y Antonio Vico. Al pasar la compañía de la Criado al teatro Calderón, también de Madrid, llevó para reanudar su temporada la comedia dramática de Cenzato. Luego la representó por provincias Los que quedamos... no hizo carrera en la escena española. Ahora la exhuma María Tereza para volver, gloriosa y segura, al "montoyismo".

Los que quedamos es una comedia dramática de autor que no ignora la mecánica de mover los más eficaces resortes teatrales para mantener suspensa la acción. Desde las primeras escenas el espectador queda prendido en la obra. Su tema es interesante. Figuraos: una madre acaba de perder inesperadamente a su pequeño unigénito. Al dolor que le causa el accidente irremediable, suma la desolación de no tener fe, de no creer en Dios, como consecuencia de una educación puramente científica. La intervención de un obispo –tío carnal de la protagonista; en la película fue un simple cura– ilumina de fe el corazón de la desventurada, que está a punto de volver a ser madre. La acción se desenvuelve rápida, directa, usando el autor del vehículo de un diálogo fácil, humano, que suena bien en nuestro idioma, y en la obra vale tanto la forma como el fondo, la arquitectura como la entraña.

Causa pavor ver ensayar a María Tereza Montoya cualquier comedia de su cuerda dramática, porque de tal manera habita con su yo el personaje, que luego no tiene modo de salirse de la pasión que anima. A María Tereza no le importa nada, cuando está habitando un personaje, lo mismo en el ensayo que en la representación. Sufre, ama u odia en verdad. Le vi ensayar un acto de Los que quedamos, con la sala naturalmente vacía, desnudas, heladas las paredes del escenario, indiferentes los actores sólo atentos al consueta de voz monótona. Concluyó la escena y vino a mí trémula, los ojos anegados en lágrimas, seguida por el eco de sus últimas palabras.

–¿Pero...? –pregunté, entre sorprendido e incrédulo.

–¡Qué quieres! –me respondió–. ¡No puedo dejar de sentir! ¡Me entrego a lo que hago, y no sé más de mí! Y sin sombra de amargura, pero con un temblor de tristeza en la voz, comentó: ¡A esto es a lo que han dado en llamar "montoyismo"!

La noche del estreno de Los que quedamos, se entregó tan hondamente al dolor del personaje que habita, que al final del primer acto, sin poderlo evitar sus compañeros de escena, cayó al suelo sacudida por tremenda crisis de nervios. La cortina subía y bajaba, mientras el público aplaudía, suponiendo que las convulsiones que sufría la actriz, ante el asombrado mutismo de los actores, formaban parte de la representación. La cortina dejó de levantarse y fue hasta entonces cuando invadieron la escena médicos, traspunte y tramoyista, para prestar auxilio a la actriz accidentada, todavía con el personaje dentro, y conducirla en vilo al camerino. Minutos después María Tereza volvió a ser ella. Sonriente, tranquila, agasajada, se llevaba un pañuelo mojado en lágrimas auténticas a una pequeña herida tampoco de utilería que se había hecho en la frente al caer presa de dolor y angustia como la protagonista de la comedia dramática de Giovanni Cenzato...