FICHA TÉCNICA



Título obra Los árboles mueren de pie

Autoría Alejandro Casona

Dirección Ricardo Mondragón

Elenco Prudencia Grifell, Magda Guzmán, Lorenzo de Rodas, Enrique del Castillo, Enrique García Álvarez

Escenografía David Antón

Referencia María Luisa Mendoza, “Los árboles mueren de pie”, en El Gallo Ilustrado, no 71, supl. de El Día, 3 noviembre 1963, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Los árboles mueren de pie

María Luisa Mendoza

Alejandro Casona es de esos autores dramáticos que se han permitido seguir de pie en el teatro pese a todos los embates del desenvolvimiento de la vanguardia, de las tendencias o de lo que se le ocurra al tiempo. Sin traicionar su inclinación extraordinaria a la prosa poética fácil y natural que le sale como la respiración y que florea en toda su producción clásica y fuerte, inconmovible y definitiva, Casona ha presentado temas humanos que en su simplicidad y complicación conjuntas juegan con situaciones reconocibles y comunes, hasta cierto punto ­–el punto de la lógica teatral­–, para emparejarlas con la misma confianza campechana de cualquier asturiano que se respete, con lo sobrenatural, lo ideal, lo imaginativo, lo que es casi imposible que ocurra y que Casona lo logra, aunque para ello traiga un recuerdo del mar y lo instale como una estrella o la figura de un viejo árbol argentino ­–el ombú–­ y lo reviva como una esperanza ­todo esto en La casa de los siete balcones.

Casona, españolísimo dramaturgo, tan de acuerdo con su tiempo literario que no lo ha dejado de lado, que sigue produciendo a su modo y a su manera romanticona de capa y corbatón medio pasado de época y usanza, Casona, el de La sirena varada y el premio Lope de Vega del Madrid del 34. El del exilio republicano en Argentina... y el retorno a su España quién sabe por qué...

Nuevamente en escena de México con Los árboles mueren de pie que aquí la estrenara doña Prudencia Grifell y la repusiera ahora al cumplir sus sesenta y cinco años de ser actriz y de vivir en la mitad del foro. Este homenaje cae de perlas a la señora, viejecita ejemplar que labora lúcida e incansable, sobresaliendo en la carrera de la actriz por sus cualidades cada vez en creciente como le ocurre desde que empezó a dejar la juventud. La Grifell es mejor en toda oportunidad, jamás decae, adquiere con la ancianidad un encanto tan especial que no hiere su talento, sino que por el contrario lo sostiene y lo subraya. Lo que se quiere decir, pues, es que Prudencia Grifell a sus ochenta y tantos años de edad es una excelente y asombrosa actriz.

El papel es de esos que llaman peritas en dulce, que ni mandado hacer para la dama. Ésta lo borda hasta el prodigio, lo sabe engrandecer, enjoyar más de lo que los hallazgos poéticos del propio Casona, y tiene una escena, la última que quedará entre las más grandes e intocables del teatro mexicano.

Metido el público en la fácil y digna señal de Casona, vive con doña Prudencia la suavidad, la inverosimilitud creíble de Los árboles mueren de pie. La saborea, sobre todo con la actuación impecable de Magda Guzmán, la pura cronometría de la perfección. Y con la definida corrección, la profesional ayuda de Lorenzo de rodas. En el contraste de tanta bondad, como un pez en el agua se mueve Enrique del Castillo, quien carga la cruz del canalla con desenvoltura y eficiencia dignas de tal empeño. Enrique García Álvarez cumple en todo su cometido. Ricardo Mondragón dirige con el ritmo, el tono y la mesura debidos. Así como David Antón se luce en el segundo hermoso decorado.