FICHA TÉCNICA



Título obra ¿Quién le teme a Virginia Woolf?

Autoría Edward Albee

Notas de autoría Jesús Cárdenas / traducción

Dirección Xavier Rojas

Elenco Carmen Montejo, Carlos Nieto, Alma Martínez, Rogelio Guerra

Espacios teatrales Teatro Granero

Productores Instituto Nacional de Bellas Artes

Referencia María Luisa Mendoza, “¿Quién le tema a Virginia Woolf? ”, en El Gallo Ilustrado, no 69, supl. de El Día, 20 octubre 1963, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

¿Quién le teme a Virginia Woolf?

María Luisa Mendoza

Edward Albee levantó la tapa del escotillón y salió a la luz pública con una pieza corta de teatro titulada The Zoo Story, dada a conocer en Berlín Occidental. De ese momento en adelante, Albee se unió al convite de dramaturgos norteamericanos que fortalecen con espléndidas obras escénicas la gran columna del teatro universal, conformada en mucho por firmas estadunidenses. Y si La historia del zoológico ha recorrido entre aplausos los foros más importantes, fincándose en su pequeña magnificencia como imprescindible en el aspecto experimental, Who's Afraid of Virginia Woolf alcanzó desde su primera puesta en escena la total consagración del público y la crítica que la ovacionaron en Nueva York, noche a noche, en la pasada temporada de invierno, retornándole en el rebote tantos premios como posible es obtenerlos en aquella ciudad. ¿Quién le teme a Virginia Woolf? fue declarada sin titubeo alguno como la mejor obra del año por todos aquellos que tuvieron en sus manos hacerlo.

Y no era para menos la cosa puesto que esta comedia dramática sobrepasa en mucho la última producción del vecino país del Norte, aunque prosigue la asombrosa trayectoria de denuncia social que caracteriza con tal dignidad el teatro norteamericano, la brutal poesía negra de situaciones altamente conflictivas y humanas, el ardiente sentido del humor aun en la desgracia y el infortunio; todo esto construido con la mejor técnica dramática, con el reconfortante ritmo rápido y nervioso de diálogos efectivos, directos, que sondean hasta el fondo del grito y enseñan en rotundas tajadas el hueso y el meollo del asunto.

Edward Albee, irónicamente, titula su comedia dramática con una frase de cancioncilla burlona, y apresa así, con la misma saludable espontaneidad, el acento circunstancial que apenas picotea la descarnada crítica a las entretelas, a los hilos invisibles de instituciones que empiezan a desmoronarse llevándose en su aniquilamiento vidas de hombres esposados en intereses de clases y actitudes prejuiciosas.

Un primer acto que consigue fincar la dolorosa risa ya para siempre y la sostiene hasta el último momento de máxima tensión, plantea problemas sicológicos que estremecen al espectador y lo enfrentan cruelmente a hechos todos ellos verosímiles –y esto en tal horror es la mejor garantía de destreza y calidad dramática­. Cuatro seres quebrados, dos parejas de diferentes edades, cuentan los arranques de sus existencias angustiosas nadando entre alcohol y fatiga nocturna. A continuación los contendientes se han identificado cada uno en su campo respectivo de batalla y la mitad se agrede sexualmente mientras la otra se destroza bajo las puñaladas de la ira y la hipocresía. La lucha sube en la escala dramática hasta un clima opresivo que se vuelve insoportable y que deja al protagonista, al desgarrado catedrático universitario, en la más absoluta soledad. Soledad que vuelca inteligente como un Torquemada en el martirio y la muerte moral de su propia esposa.

Al final, cuando la pareja segunda está lacerada ya también y en iguales circunstancias de miseria interior, surge, como en una sinfonía oscura, la última, definitiva, insalvable gran soledad: la de la mujer de los sueños, las frustraciones, las esterilidades, la negación y la desesperación.

En la gran obra, la atmósfera que campea es magistral en dramatismo concentrado.

El autor sube y baja la emoción como un maestro y revela un insólito conocimiento del hombre y su sique, un desusado poder y dominio del género.

En México ha sido presentada por el Instituto Nacional de Bellas Artes en el teatro Granero. Con un elenco encabezado por Carmen Montejo, quien vive y proyecta pasmosamente a la mujer mayor, a la más sangrante, pero la vive sin un instante de paz, como si ella misma se hubiera declarado la guerra. ¡Qué voz tan fertilizada de tonos y texturas! ¡Qué soberbia manera de crear el personaje, qué maravilloso su temperamento! Para Carmen Montejo, para su grandeza, Carlos Nieto ha juntado célula por célula de los despojos de un hombre que resiste de pie la más grave neurosis, y está perfecto, impecable en su actuación. Alma Martínez deja su juventud y belleza para ser entera una inmadura esposa desorientada. Rogelio Guerra da el gran paso en su carrera.

La dirección de Xavier Rojas es de la calidad que su profesionalismo, su indomable conocimiento del teatro círculo le devuelve: rápida, segura, estable, dramática. La traducción de Jesús Cárdenas levemente descuidada, cumple no obstante, con el aliento del autor.