FICHA TÉCNICA



Título obra Anfitrión 38

Autoría Jean Giraudoux

Dirección Julio Bracho

Elenco Eduardo Fajardo, Magda Guzmán, Guillermo Murray, Dina de Marco, Carlos Riquelme, Andrea Palma, Ricardo Fuentes

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro Hidalgo

Referencia María Luisa Mendoza, “Anfitrión 38”, en El Gallo Ilustrado, no 61, supl. de El Día, 25 agosto 1963, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Anfitrión 38

María Luisa Mendoza

Ser, oír, sentir, vivir a Giraudoux es una de los placeres que están intocados y constantes en el teatro contemporáneo. Su obra grande y rica sobresale entre otras de autores de su tiempo por la increíble gama de colores que lucen brillantes o aterciopelados en frases bellísimas, poéticas, filosóficas y plenas de texturas y hallazgos literarios. Giraudoux es la imagen multiplicada a un millón de espejos. Explica un tema desde todos los ángulos, con el cuidado de un hacedor de estrellas de incontables picos geométricos y complicados. Giraudoux es también la prueba para el actor, porque lo hace encauzar un río preñado de frases, conceptos y palabras bellas. Porque lo expone a lucirse sobre una acción complicada con una retórica que el público recibe sin empalagarse y antes bien ansioso de oír más y saborear más, como si estuviera paladeando una droga que no creara hábito y sin embargo abriera las puertas de la percepción. Giraudoux, pues, es el gran sofá abullonado y suntuoso de la palabra y en el que se descansa pensando, después de recorrer los sillones severos del teatro clásico y los bancos bajos y duros del teatro llamado de vanguardia y que tienden inevitablemente a la trascendencia, y al simbolismo.

Anfitrión 38 es una clásica comedia giraudouxiana escrita en el año 29 y numerada por constituir la trigésima octava recreación del tema. El gran autor francés ­que murió, hace diecinueve años­ la escribió sin titubear caminando seguro en el terreno que le correspondió por antonomasia, y tratando el tema del amor conyugal y la felicidad proveniente de ser fiel y leal. Tomó seres mitológicos y los hizo descender al foro para, apoyados en sus conceptos, verter muchas verdades que son vigentes y no obstante su antigüedad no pecan de anacrónicas. Así se recreó en Júpiter, Mercurio, Alcmena, Anfitrión, Eclisea y Leda, burlándose con su inusitadamente sutil finura de ellos y rindiéndoles a la vez y en contrapunto el mejor de los homenajes. Pero Jean Giraudoux escribió Anfitrión 38 en el tono de la comedia. Y Julio Bracho la ha dirigido ahora en el Teatro Hidalgo –él la estrenó en 1938– en un ritmo un tanto lento de melodrama.

Precisamente en este cambio de tonalidad reside la razón de la fría respuesta del público. No se vaya a creer que el reparto mismo tan diferente e inesperado en relación a los anteriores conjuntos del Seguro Social contribuya a restar elegancia al asunto; lo que ocurre es que todos en general están uniformados por el director Bracho y hablan en la misma disposición de ánimo: burlones pero no irónicos, subrayando en demasía ciertas situaciones por sí mismas satíricas, y rociándolas sin medida de retintines socarrones y cáusticos que medran a ojos vistas su intención.

Desde que el telón se levanta, la escenografía limpia, graciosa y ella sí humorística de Julio Prieto señala en el espectador el botón de lo cómico que habrá de regir tres actos que deberían ser deliciosos. Pero el público helado recibe las primicias lo cual indica desde luego la equivocación de la mano directriz. A lo largo del asunto, Eduardo Fajardo resplandece con su voz tan bien dotada y su presencia definitiva. Magda Guzmán deslumbra con esa extraña belleza que acompaña su maestría en el hablar y en el trasladarse alada y aristocrática por el foro. Hermosa actriz que consigue rescatar del barroquismo de actitudes que no le corresponden a su personaje, la grandeza, la feminidad, la coquetería simple y sabia del mismo. Guillermo Murray no logra cruzar la barrera de frialdad que lo rodea ni alcanza tampoco el perfil inocente de Anfitrión. Dina de Marco, rotunda en formas, es la Leda más mal vestida de todos los siglos, pero también la más atractiva y en quien se ve una seguridad que promete muchas mejores actuaciones.

Por su parte, Carlos Riquelme trata de robar risas y peca de visibles afectaciones que son, por cierto, inútiles para su dios de segunda clase, chocarrero y alado. Andrea Palma no traiciona ni un instante su trayectoria de encantadora actriz desmemoriada a la que se le perdonan sus lagunas por su asombrosa simpatía. También Ricardo Fuentes forma parte del elenco y está sobrio a grado tal que se mira gris.