FICHA TÉCNICA



Título obra La zapatera prodigiosa

Autoría Federico García Lorca

Dirección Cecilio Madanes

Elenco Aurora Bautista, Guillermo Zetina, José Baviera, Armando Arriola, Manolo García, Luis Lara

Referencia María Luisa Mendoza, “La zapatera prodigiosa”, en El Gallo Ilustrado, no 59, supl. de El Día, 11 agosto 1963, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

La zapatera prodigiosa

María Luisa Mendoza

La farsa exige siempre naturalidad., El autor ya se ha encargado de dibujar el tipo, y el sastre de vestirlo. Sencillez...
Federico García Lorca, sobre La zapatera prodigiosa.

Aurora Bautista por nada de este salado mundo desata una cinta hecha, tuerce un camino escogido. Y como quiere ella aparecer en los tablados de México como actriz cómica y no dramática –que su diferencia hay entre ambas máscaras– entonces el público de México tiene que seguir viéndola tras de su sonrisa. Porque ahora en el traje de los madroños zapateriles, la Bautista está en papel. Y que si no lo fuera, lo haría a su modo, no faltaba más, que para eso es la Bautista. Recordad si no aquella maestra milagrosa que volvió coqueta y alegre como una violetera.

El caso es que ahora retorna –ayer en el milagro, hoy en el prodigio de los calificativos para los títulos– con García Lorca en las manos, y lo mueve, y lo canta, y lo declama, y lo zapatea también, que para eso su maridito del alma le ha dado tacones como dos tambores. Y Aurora Bautista se mueve demasiado, como un mar que avecina tormenta y que uno quisiera calmar con sólo verlo. Es imposible, y la actriz española sigue en su exageración, si bien es cierto graciosa, tan colmada que oculta la poesía de la letra lorquiana, que tiene su importancia, con perdón de la Bautista.

Y así va pasando esa farsa violenta que Federico quiso fuera dirigida a bastonazos (qué no habrá usado en 1930 que la estrenara con Margarita Xirgú en lo más alto de su talento). Farsa que se antoja campo libre siempre para la libertad de formas o tendencias, para la imaginación en trajerío y luces. Para que ellos, los intérpretes, sean un poco títeres, un poco saltimbanquis, un poco bailarines y en mucho actores.

El director argentino Cecilio Madanes debuta en México con esta labor de color e intento alegre. Y aunque en resumen su dirección podría considerarse hermosa y singular, se cuelga en escenas que dejan ahogar la poesía –como el vuelo de la mariposa que no dice nada de Federico– o que se alargan en bailes torpes o se mira la mano que subraya un final con un burro y un tropel de gente despidiéndose. No hay logro; es como muchos intentos sin llegar a fraguarse. Tantito porque la pieza ha dejado de operar totalmente en el tiempo –también a un genio como Lorca puede pasarle, ¿por qué no?–, tantito porque la protagonista es el pivote alrededor del cual la mitad o las tres cuartas partes del elenco hablan como ella: pronunciando ce y zeta, y el resto se queda con nuestro español de iberoamericanos. Molesta la falta de uniformidad, sobre todo el principio. ¿Por qué? ¿No hubiera podido la señorita Bautista hacer el esfuerzo de pronunciar como los países conquistados por los reyes católicos? O por el contrario: obligar a los mexicanos a ejercitar la manera de hablar de los conquistadores.

Un decorado inteligente, simple, funcional y hermoso sirve de marco a la farsa. Desafortunadamente el telón de fondo muestra evidentes muestras de maltrato. Y la dirección se complació en usar un reflector en cuanto los actores bajan de un foro circular. Modo selectivo propio de comedia musical pero que rompe la magia de una farsa lorquiana, aunque ésta sea el puro juego de caracteres y situaciones chuscas.

Bonita Aurora Bautista. Extraordinario Guillermo Zetina, que en la escena casi final, en donde se mira tras el disfraz de titiritero, alcanza a cubrir, y con mucho, la ausencia de atmósfera poética en medio de tanto lucimiento personal y actitudes de vedetes. También brilla José Baviera que pronuncia, sin ningún titubeo, para balancear a la protagonista. Muy simpático en su desorbitado personaje Armando Arriola. Bien Manolo García. Y el niño Luis Lara, espontáneo aunque no alcance aquella manera de vivir la figurita leal y blanca de Lorca que otro niño, de apellido Banquells, consiguiera en la puesta en escena de La zapatera prodigiosa por el grupo de Poesía en voz alta, hace algunos años. Con una zapatera personalísima y morena de veras: Rosenda Montero, que en su admirable juventud pudo acercarse más al granadino que su paisana, la consagrada Bautista.