FICHA TÉCNICA



Título obra Cuatro corazones con freno y marcha atrás

Autoría Enrique Jardiel Poncela

Dirección Ángel Garasa y Miguel Manzano

Elenco Ángel Garasa, Miguel Manzano, Alfredo Varela, Gustavo Rojo, Manuel Santamaría, Prudencia Grifell, Angelines Fernández, Carmelita González

Grupos y compañías Compañía de Ángel Garasa

Espacios teatrales Teatro Arbeu

Productores Américo Manccini

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de Cuatro corazones con freno y marcha atrásde Enrique Jardiel Poncela, por la compañía de Ángel Garasa”, en Novedades, 12 octubre 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de Cuatro corazones con freno y marcha atrás de Enrique Jardiel Poncela, por la compañía de Ángel Garasa

Armando de Maria y Campos

Un regocijo sin reservas mentales es lo que viene a significar el teatro de Enrique Jardiel Poncela. Porque Enrique Jardiel Poncela –y ahí les duele a los críticos tradicionalistas– tiene "su" teatro, ha hecho "su teatro". Como Pedro Muñoz Seca, que creó el astracán, que nadie ha logrado superar; Como Valle Inclán, que creó los esperpentos. Jardiel Poncela, humorista desenfadado, rompió los patrones del género, y creó un teatro humorístico que no tiene precedente en ningún rincón del mundo donde se haga teatro. El mérito mayor de Jardiel Poncela es haber inventado un género atrevido y valiente en un país cuyo ambiente escénico es francamente tradicionalista. Halló desde su primera obra la fórmula o pequeña piedra filosofal de hacer comedias llenas de gracia, merced a unos procedimientos que nada tienen que ver con el teatro en uso.

Un excelente conjunto de actores, entre los que figuran elementos de historial en el teatro cómico, ha estrenado en el teatro Arbeu la farsa en tres actos Cuatro corazones con freno y marcha atrás de Enrique Jardiel Poncela, una de las obras que con su tema fantasmagórico e irreal, dieron a este autor la fórmula de su teatro. Porque Cuatro corazones sin freno y marcha atrás fue concebida por lo menos en su tema inicial, antes de que Jardiel Poncela estrenara su primera comedia de tipo personal e inconfundible. ¡Y pensar que ha habido críticos de México que han dicho ahora, tratando de rebajar calidad y originalidad a esta farsa, "que preferían el Jardiel de antes, al de sus primeras obras"...! "Fue en 1926, veraneando en Tablada, la primera vez que la imaginación me brindó el asunto, tan esquemático e incompleto como siempre suele acontecerme y merced a aquel impulso inicial, emprendí el primer acto...", ha dicho Jardiel. Pues bien, su primera comedia Una noche de primavera sin sueño fue estrenada en 1927, ¡un año después de escrito el primer acto de Cuatro corazones con freno y marcha atrás! Este primer acto apareció en 1932, en la revista Gutiérrez, de Madrid, que dirigía "K-Hito", en forma de folletín, en cinco o seis números consecutivos, bajo el título de La sin título. Para esas fechas Jardiel había estrenado ya El cadáver del señor García, Margarita, Armando y su padre, Angelina, o el honor de un brigadier, Usted tiene ojos de mujer fatal, por lo menos.

Jardiel escribió el segundo acto en 1935, correspondiendo a una solicitud de Martínez Sierra, quien estaba en condiciones de colocar una obra de este autor en algún teatro de Broadway, y de allí viene la malévola versión de que Martínez Sierra y Jardiel Poncela firmaron juntos Cuatro corazones con freno y marcha atrás. El tercer acto fue escrito en 1936, y la obra se estrenó al fin en un teatro madrileño, el 2 de mayo de aquel año, ante la máxima expectación de siempre que se trata de una nueva producción de Jardiel Poncela, pero con el título de Morirse es un error, porque a Martínez Sierra le pareció demasiado largo el de Cuatro corazones..., etc., etcétera.

El feliz hallazgo de la graciosa farsa que ahora se representa en el Arbeu es su acción reatroactiva. Se inicia la acción en Madrid, en 1860; el segundo acaece en 1920, en una isla desierta del Pacífico, y el tercero en Madrid, en 1936. Un doctor medio loco ha descubierto las sales que conducen a la imortalidad. El propio galeno y cuatro personajes más las ingieren. Llegan a ser centenarios, en pleno goce de sus facultades juveniles, pero acaban por aburrirse, y desear como un bien divino, la muerte, desde luego que no por la vía del suicidio; el doctor inverosímil halla el antídoto de su invento, y los personajes, en lugar de cumplir años, los "descumplen" hasta que, con marcha atrás, les llegue la hora de "desnacer". Hacernos reír con lo imposible y lo nunca visto, deleitarnos con una situación original, jamás planteada, conducirla y hacerla viable dentro del mejor lirismo del humor, es el mérito de más quilates de esta farsa de Jardiel Poncela, concebida hace 24 años, estrenada en 1936, y que como los cinco personajes que tomaron las sales del doctor Bremón, "descumple" edad, porque ahora nos parece más joven, y más graciosa, fantasmagórica e irreal, que cuando se estrenó hace 14 años y era ignorada la bomba atómica...

No ha aparecido el crítico capaz de enjuiciar con certera sinceridad "el teatro de Jardiel Poncela", porque sería preciso que lo sintiera como su creador; un crítico de un mundo distinto al de las comedias de repertorio, como diferentes de todas las farsas de Jardiel. Yo no soy éste, desde luego. Gusto mucho del teatro de Jardiel, y comprendo al autor, pero no seré nunca "el crítico del teatro de Jardiel Poncela". ¿Por qué no ha de ser Jardiel el crítico del teatro de Jardiel? Es lo verosímil dentro de lo inverosímil de su teatro. Pues Jardiel dice de Cuatro corazones con freno y marcha atrás –título con que se ha venido representado esta farsa–, que "se trata de una obra excepcional en su género, nutrida de fantasía, sostenida a fuerza de ingenio y de riqueza incidental, y de tan alta calidad con respecto a la restante producción cómica contemporánea que no admite parangón con ella ni igualdad de trato posible". Al lector le resta convencerse personalmente.

Américo Manccini, que de teatro sabe cuanto hay que saber, reunió a excelentes artistas, todos con categoría y lugar propio en nuestra escena, para interpretar Cuatro corazones... y se gastó el dinero montando con propiedad y buen gusto esta farsa, representada bajo la dirección de Ángel Garasa y Miguel Manzano. La interpretación es un acierto, porque casi todos los actores hallaron personajes de su talla. Garasa, en primer lugar, porque es un actor magnífico y "jardielesco". Su Emiliano queda allí, como las armas de un Roldán, a ver quién es el cómico guapo que se atreva a mejorarlo. Manzano y Alfredo Varela, Gustavo Rojo y Manuel Santamaría, a tono y carácter. ¡Qué manera la de Prudencia Grifell de hacer importante su episódico personaje! y ¡cómo lucen el talento y la belleza de Angelines Fernández y de Carmelita González!...