FICHA TÉCNICA



Autoría Gibran Jalil Gibran

Dirección Stella Inda

Elenco Adela Fernández, Alfredo Gómez Fiares, Alicia de la Peña, Felipe Casanova, Roque Casanova, Leopoldo Orta, Humberto Santos, Efrén Pérez

Notas de elenco Agustín Balvanera y Francisco Zendejas / voces

Escenografía Feliciano Béjar

Notas La autora comenta un examen en la escuela de actuación de Stella Inda, sin mencionar el título de la obra

Referencia María Luisa Mendoza, “Una hora con Gibran y dos con Nina”, en El Gallo Ilustrado, no 56, supl. de El Día, 21 julio 1963, p. 4.




Título obra Nina

Autoría André Roussin

Dirección Julián Duprez

Elenco Nadia Haro Oliva, Miguel Manzano, Alejandro Ciangherotti

Escenografía Arturo Pani

Espacios teatrales Teatro Arlequín

Referencia María Luisa Mendoza, “Una hora con Gibran y dos con Nina”, en El Gallo Ilustrado, no 56, supl. de El Día, 21 julio 1963, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Una hora con Gibran y dos con Nina

María Luisa Mendoza

Nadia Haro Oliva está atravesando por una de esas temporadas en las que las reposiciones le vienen como anillo al dedo. La reposición aparece inevitable cuando se tiene una compañía digamos de repertorio y la señora Oliva es precisamente cabeza de un grupo trabajador que da obras teatrales intrascendentes pero edificadas en el buen gusto. Nada más que ocurre una cosa interesante en el teatrito Arlequín: reposición o no, las comedias del género vodevilesco que allí se ponen parecen todas escritas por la misma persona y lo que es más, llegan a dar la impresión de que se repiten con distinta escenografía y vestuario. Esto, fenómeno que nada más allí pasa, se debe sin duda a que los traductores, Antonio Haro Oliva y Carlos León, tienen ya un estilo, una manera inconfundible para traducir dejando las huellas de sus manos y el aliento de su inventiva. Atraparon el don que priva y señorea en esa revista de bolsillo que selecciona y pinta del mismo color a Dostoievski que a cualquier escritor de TV, al grado tal que parecen hermanos de pluma.

Todo esto para explicar un poco la sabrosura cómoda con la que el espectador va a dicha sala convencido de que lo que ve ya lo vio y no le exige el mínimo esfuerzo intelectual y le pide únicamente una continua sonrisa para los chistes que también misteriosos, aparentan ser los del año pasado.

Una actriz como Nadia Haro Oliva merece más cuidado en la emisión de su voz y ser también una verdadera actriz y no el hermoso maniquí en el que se ha convertido en la comedia Nina de André Roussin. Y una compañía formada por figuras como Miguel Manzano y Alejandro Ciangherotti puede hacer milagros no sólo de elegancia y donaire, de mediana alegría y acentos picantes pasados por estrecha censura.

Por ejemplo, Miguel Manzano en el papel de Adolfo: realiza un evidente trabajo de recreación en el personaje, lo humaniza sin extraerle por ello el molde de astracán que le corresponde. O Alejandro Ciangherotti, actor de primera línea, cómico inusitado queda sitiado por el perfil de un galán lo suficientemente pesado como para ser nada más hombre de mundo... ¿No sería delicioso verlos con otro tono, con otro aliento en una de las piezas que aplauden los Haro Oliva en Europa: nuevos, entusiasmados en la creación de caracteres y no teniendo qué recordar lo que hicieron sus antecesores tres o cuatro años antes?

Julián Dupréz dirige, y en su mano también se distingue el mismo guante de uniformidad. La escenografía de Arturo Pani vuelve a probar, ratifica con creces, que es la más hermosa y funcional que ha habido en el Arlequín.

Ni siquiera se pide originalidad, envergadura, obras de vanguardia, trascendencia. Quien ama el teatrito que lleva el nombre del personaje mitológico de la antigua comedia italiana, el de los trajes de cuadros y mascarilla, el bufón de las compañías de volantines, sueña nada más con la renovación, con la personalidad, con el carácter. Y es que cuando cinco años semejan una larga e ininterrumpida temporada disfrazada nada más reconforta económicamente, pero deprime en todo lo que concierne a los ideales y demás estorbos de la vida.

Una hora con Gibran Jalil Gibran

Stella Inda ha fundado una escuela de teatro y tiene alumnos a los que ya presenta en sus primeras manifestaciones dramáticas. Buen conjunto de aficionados que con técnicas de pantomima y teatro expresan fuertemente las blancas y profundas cosas que el poeta de Líbano dijo.

Apresados en el amor a una profesión que tiene mucho de crueldad y esfuerzo inacabable, los jóvenes abrieron una temporada. En el tono más bello de la modestia, salieron a vivir a Gibran: Adela Fernández, quién enseña con esplendidez un temperamento definido y grandes posibilidades dramáticas. Alfredo Gómez Fiares iníciase en el escabroso camino del característico, saliendo bien librado. Alicia de la Peña empieza a dejar ver en estos sus primeros pasos, cualidades emocionales a flor de piel. Felipe Casanova, Roque Casanova, Leopoldo Orta, Humberto Santos, Efrén Pérez. Las voces de Agustín Balvanera y de Francisco Zendejas. Escenografía mínima de Feliciano Béjar, y la dirección de la señora Inda que si es ingenua es también entusiasta y efectiva.