FICHA TÉCNICA



Título obra La gobernadora

Autoría Luis G. Basurto

Dirección Luis G. Basurto

Elenco Raúl Ramírez, Magda Guzmán, Teresa Selma, Miguel Maciá

Referencia María Luisa Mendoza, “Gassman y Basurto”, en El Gallo Ilustrado, no 55, supl. de El Día, 14 julio 1963, p. 4.




Título obra El juego de los héroes

Dirección Vittorio Gassman

Elenco Vittorio Gassman, Edmonda Aldini, Andrea Bosic, Attilio Cucari, Bianca Galván

Grupos y compañías Teatro Popular Italiano

Referencia María Luisa Mendoza, “Gassman y Basurto”, en El Gallo Ilustrado, no 55, supl. de El Día, 14 julio 1963, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Gassman y Basurto

María Luisa Mendoza

El rasgo sobresaliente, lo que más importa, lo trascendente en el Teatro popular italiano es sin discusión ese natural sentido social, esa tendencia tan espontánea, tan lógica –porque no hay en ella postura alguna de snobismo o apantallamiento barato– para hacer teatro dirigido a cualquier público. Vittorio Gassman vino a México y otorgó la llave para entrar al lugar de las realizaciones. Porque lo que él hizo en la gira iberoamericana no es más que un botón de muestra que deja ver por una rendija algo de lo que él y los suyos hacen en su patria. Gassman fundó el Teatro popular italiano, y eso es con exactitud lo que logró: lo popular, la atracción de grandes masas de obreros, de sindicalizados, de hombres que quizá nunca habían ido al teatro pero que entraban a esa carpa enorme de tela y alambre, de hierro y madera que es el circo de Gassman y el Moby Dick de los pobres, para gozar.

Por eso, cuando Gassman proyectó a América su labor, los públicos de habla española se entregaron a su teatro sin reserva, porque los hace sentir bien, porque con el idioma de Dante, Gassman usa la voz para asombrar con tonos y texturas increíbles, porque actuando en los terrenos de la técnica más avanzada es no obstante un respetuoso hombre del siglo XX dentro del perfil de personajes esquilianos, senequianos, etcétera. Y porque, además, Gassman no se contenta con vivir dichos personajes, sino que los toma a su manera, los recrea y, si lo merecen, ellos o sus parlamentos –como en el caso de Alfieri–, con todo el criterio de hombre libre los salpica de irónica burla, de graciosa, reconfortante sátira.

Vittorio Gassman es un actor sensacional, de alcances soberbios y humildad para desgranar su posición de fácil primera figura y mezclarla con el concepto teatro contemporáneo: el teatro de equipo. Como los viejos comediantes pueden interpretar cuanto personaje le venga en gana, y así es un mendigo sucio, un véneto de Ruzante, o el dieciochesco Orestes que Alfieri volvió romántico y grandilocuente, o el soldado cercano a nuestro tiempo, el piojoso y escéptico excombatiente del Dolci, hasta el improvisado celoso de Pirandello, etcétera. En todos está en el más alto punto del virtuosismo, pero también permitiendo que brillen los demás –teatro de equipo, no hay que olvidarlo–, que se mire la elegancia en el sufrimiento de su mejor actriz: Edmonda Aldini, la gracia del actor Andrea Bosic, la atingencia de Attilio Cucari, la modestia de Bianca Galván, etcétera.

La escenografía está reducida a su mínima expresión para la práctica del viaje y el servicio de los actores y autores, lo cual quiere decir que es pobre pero innecesaria de lujos, y demás trampas comerciales.

Habrá que anotar, pues, a Vittorio Gassman, a su paso por México, como uno de los tres más grandes actores que nos han visitado: Jouvet, Barrualt y hoy Gassman.

La gobernadora

Luis G. Basurto, el más popular de los dramaturgos mexicanos porque tiene el favor del público, su simpatía, su aplauso a esa tenacidad para decir florecidamente una idea común, da otra comedia para ser escuchada. Es decir, que Basurto se aleja cada vez más de la acción que era una característica de su teatro para descansar en larguísimas discusiones en parlamentos inacabables cargados todos de imágenes corteses que se asemejan a las historias electrónicas pero que hablan sin ningún codeo con la realidad. Basurto –hay que nombrarlo mucho, es él solo una personalidad, y es también el culpable– se recrea complacido en las relaciones matrimoniales de una pareja con cinco años en su haber de unión. Hablan de tal modo, que ni una quinceañera podría creerlo. Usan adjetivos vulgares y los sinónimos más rebuscados para referirse a cosas tan fáciles como recámara (alcoba), valga el único ejemplo.

Basurto pegó con chinches los caracteres de los personajes, los dibujó con lápiz duro, los esbozó, dando por resultado copias al carbón sin fuerza. Su diputado, primero, luego senador y luego presidente municipal de un Estado de la República (por lo general no es ese el escalafón de la política tierra adentro), es de cartón, falso, nadie le cree lo que dice, ni él mismo. Raúl Ramírez lucha sin chamarra de cuero por darle veracidad a un personaje ridículo. Magda Guzmán, con todas sus espléndidas realidades dramáticas carece también de estructura ósea, de sangre, de nervio. Va y viene diciendo frases almibaradas que hacen juego con las de su marido. Debuta Teresa Selma que es hermosa pero sufre en su manera de expresarse de extraño latiguillo molesto. Miguel Maciá en el cumplimiento del deber.

Basurto no recibirá la confirmación de su talento con esta obra, que no es política, ni romántica, ni denuncia algo ni defiende nada. Porque la mediocridad es un candidato que no gana ni en aldea.