FICHA TÉCNICA



Título obra Yerma

Autoría Federico García Lorca

Dirección Enrique Ruelas

Elenco Luz María Villalobos, Salvador Jaramillo, Margarita Villaseñor, Jorge León, Matilde Rangel, Lucila Jaramillo, Bertha Villalobos

Espacios teatrales Rinconada de San Matías, Guanajuato

Referencia María Luisa Mendoza, “Yerma, en Guanajuato”, en El Gallo Ilustrado, no 54, supl. de El Día, 7 julio 1963, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Yerma, en Guanajuato

María Luisa Mendoza

En la rinconada de San Matías, entre la seca tierra y el lucerío de un cielo limpio de polvo por vientos que lo cruzan y lo secan, la voz de Federico García Lorca volvió a sonar en uno de los dedos de Guanajuato. Otra vez teatro al aire libre respaldado por la Universidad de Guanajuato y su Escuela de Arte Dramático. Nuevamente la subida de callejuelas, el cansancio y la batalla para entrar al ámbito sitiado por la población entera que sabe de teatro tanto como de minas clausuradas, oro, plata, cantera, cuevas y ventarrones.

Guanajuato floreció inusitado a la cabeza de las representaciones en plazas, mesones y rinconadas. A su grito libertario muchos grupos más rompieron amarras en toda la República y se lanzaron a la conquista de los espacios abiertos. El director Enrique Ruelas había descubierto, diez años hace, la posibilidad de usar el paisaje, la línea, el señorío y la belleza de su ciudad en bien del teatro. Y así, pues, presentó Los entremeses cervantinos en la Plazuela de San Roque, escenificación que no ha sido superada al través de los años y sigue en pie siempre en continua renovación y sin agotarse nunca.

Hoy, el poema trágico de Lorca Yerma se vacía y va cayendo de la altura del cerro para traer hasta un público que se estremece, la desesperación de una mujer que se marchita y pide "¡Señor, que florezca la rosa, no me la dejéis en sombra!" y quiere sólo un hijo para sufrirlo.

Esta vez Enrique Ruelas quiso fincar el contrapunto entre el preciosismo barroco de su primera dirección cervantina y la sencilla manera limpia de resolver un poema diseminando sus versos y su prosa sobre la gran extensión de San Matías. En verdad ciñóse a la geografía misma del terreno consiguiendo una actuación en declive, difícil y angustiosa en momentos, de parte de una compañía de veinticinco heroicos jóvenes guanajuatenses. Quiso también subrayar la hermosura del lugar echando mano del truco de las luces negras, que si bien le dieron por resultado una antológica escena de las lavanderas lorquianas –el poema adquirió un profundo sentido mágico aderezado por las mil distintas formas abstractas que relumbraron en cuellos, cintas, botones, lienzos, encajes y rocas y muros– en cambio sobraron a lo largo de la representación, inútiles ya y humilladas por la misma naturaleza. Es bien sabido que la luz negra sufre el desprestigio que trae consigo la vulgaridad, y aquí revueltas con lo inusitado de veras, retornaron a su corral de renglones inservibles ya para el teatro contemporáneo.

Dirección sencilla, con sus tonos ingenuos, en pleno servicio al texto fue la de Ruelas, lo cual no es un defecto ni mucho menos, sino una sola característica. Cabe señalar la feliz unión de la música grabada, ambiciosa de originalidades y con su influencia vanguardista que madura ya en laboratorios europeos. Apoya al misterio, al sortilegio infantil que el director plasmó en buenos logros.

Luz María Villalobos es la protagonista, la desgarrada Yerma que pena cinco años de soledad en el vientre. Su actuación sigue un esquema propio de puras emociones, proyecta continuamente la tensión y la ansiedad asiéndose, para ello de cuantas posibilidades encuentra en la mímica, lo cual es absolutamente valedero en el tipo de teatro sin techo. Su joven temperamento todavía sin los estigmas de los vicios escénicos le permiten dibujar, calar hondo en el personaje, y si hay en ella instantes de desbordamientos, estos se miran avalados por su soberbia conciencia de la tragedia. Junto a la realidad que es ya como actriz la señorita Villalobos, surge la figura varonil y recia de Salvador Jaramillo, excelente intérprete del Juan que llevaba en si yermos surcos estériles. Jaramillo va muy adelante en esa secundaria carrera teatral que ha abrazado amorosamente, buena dicción, presencia rotunda, personalidad, sobre todo en el perfil tan lleno de meollos y dificultades por su misma sequedad del marido apremiado.

Asimismo, hay que señalar la gentil y serena actuación de Margarita Villaseñor, que sobresale por la clara seguridad y la ternura que sabe sacar sutilmente en escena. Jorge León es un Víctor singular y fuerte; contribuye al éxito de la obra destacando por su innato profesionalismo. Muy bien Matilde Rangel, Lucila Jaramillo, Bertha Villalobos, etc.

Una temporada que se inicia y promete largas jornadas de aplausos para la Universidad de Guanajuato.