FICHA TÉCNICA



Título obra La casa

Autoría José María Pemán

Elenco María Teresa Montoya, Ricardo Mondragón, Alicia Rodríguez, Teresa Mondragón, Juan Gabarrón, Manuel Santamaría, Gustavo Rojo, Fedora Capdevila, Josefina Ortega

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de la comedia La casa de José María Pemán, por la compañía de María Tereza Montoya”, en Novedades, 6 octubre 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de la comedia La casa de José María Pemán, por la compañía de María Tereza Montoya

Armando de Maria y Campos

Tradicionalmente la afición a la comedia es nota distintiva de la cultura española. De siempre, la vida teatral en España ha sido muy intensa. Se asegura que "cada español tiene una comedia debajo del brazo", y con esto se distingue la afición de los españoles al teatro. Porque si en cada español se pretende que hay un autor, es de suponer que hay también en él un actor, lo que viene a dar por resultado la inclinación de un público necesariamente numeroso para ir a gozar de un espectáculo querido y deseado. A lo largo de más de cinco siglos España no ha dejado de hacer –y de representar, y de ver– teatro, bueno casi siempre, malo a ratos, como es lógico.

Para dar idea de cómo el temperamento de los españoles es en el cultivo de la dramática, el autor y crítico Tomás Borrás, cuenta esta anécdota. Era delegado de la Sociedad de Autores españoles a un Congreso de Sociedades de Autores del mundo, coincidiendo en la mesa de las discusiones con el autor francés Dénis Amyel; conversaron sobre la producción de obras, considerada sólo cuantitativamente: ¿Cuántas comedias escribe un autor español? –preguntó Amyel a Borrás–. En esta época no hay dramaturgo que se estime que no tenga más de trescientas obras –repuso Borrás–. Eso no es posible –comentó Amyel–. Borrás tuvo que aclarar: En España la vida de un dramaturgo es de unos cuarenta años de labor, y en cada año escribe más de cinco obras. Amyel no salía de su asombro. "Pregunte usted a los que están en la línea de los cincuenta –comentó Borrás–. Vea el catálogo de Benavente, los Quintero, Paso, Muñoz Seca, etcétera. Si uno de nuestros autores dramáticos llega a la media edad sin haber compuesto más de cien obras, se considera deshonrado. Recuerde lo que nos legaron, conocido o desconocido ahora, Lope de Vega, Calderón, Tirso de Molina.

José María Pemán acaba de cruzar la línea de los cincuenta –nació en Cádiz el 8 de mayo de 1897– y, no obstante que comenzó a escribir para el teatro a los treinta y seis años –El divino impaciente se estrenó en 1933–, tiene ya una considerable obra teatral, entre comedias originales, arreglos y traducciones; más de treinta desde su ya mencionada primera obra sobre la vida de San Ignacio de Loyola, que alcanzó el premio Cortina de la Real Academia Española, hasta Paca Almuzara, que este año se hizo centenaria en el teatro de la Comedia, de Madrid, por Lola Membrives. ¿Qué número ocupa La casa en la producción de Pemán? No es fácil precisarlo, no obstante la fecha de su estreno; 1946, por Concha Catalá que con esta obra retornó al teatro de su patria. Ese mismo año fue impresa en Madrid, y a principios de 1947 llegó a México el primer ejemplar, que trajo a su regreso de España la actriz mexicana Sara García, y estuvo a punto de ser estrenada en el teatro Ideal. Fue María Tereza Montoya quien al fin la estrenó en la República en el teatro Ocampo, de Morelia, a fines de 1948, y con éxito, que se repitió cuantas veces después la representó en San Luis Potosí y en Mérida, y ahora, a partir del sábado último, en la metrópoli.

No es hora todavía, por lo menos entre nosotros, de fijar un juicio sobre el teatro en general de Pemán, relativamente poco representado en México, y más conocido por su Divino impaciente tantas veces interpretado por cuadros de aficionados católicos, que por sus comedias finas y ligeras como la deliciosa Julieta y Romeo que nos diera a conocer Pepita Díaz en su última temporada en el Arbeu, semanas después de que España se desgarrara en dramática lucha de hermanos. Sin embargo, su bella, equilibrada, ágil y graciosa comedia –graciosa, de gracia; no chistosa– La casa, reivindica para el buen teatro de repertorio burgués el nombre del ilustre escritor gaditano. La casa es una comedia honda y sana, de intensa emoción humana, de sutil y cálido aliento poético, exaltación magnífica, himno inspirado del hogar en su mejor entendimiento, escrita con un fino, agudo y limpio estilo –que denuncia al andaluz de cepa y raza– que no obstante las fáciles pero siempre del mejor gusto concepciones al "público de familias" –cuidado, cuidado, nada de "teatro experimental", eh–, logra bien hallados matices y perfiles insospechados, reales y bellos, de humana consistencia.

La casa fue escrita para una gran actriz española, Concha Catalá, al borde, de este o de aquel lado, de los sesenta. Es fama que alcanzó con la protagonista de "la casa de los balcones", María Antonia, legítimo triunfo. No creo que este personaje pueda tener en el ancho mundo del teatro español, intérprete mejor que María Tereza Montoya, ni quien la diga mejor, y la haga sentir más hondo. Con la naturalidad del arroyuelo que corre sin detenerse, claro sobre el cieno del lecho, en busca del mar, que es el morir. María Tereza vive su personaje, principio y fin de "la casa" de los balcones, mitad en serio, mitad en broma, disimulando la humedad de los ojos con la música imperceptible de la sonrisa que no da importancia a nada, y lo habla como sólo puede hablarlo ella, que sabe lo que dice, porque siente en actriz de cepa y raza cuanto siente y dice el personaje a que da vida.

La bella comedia de Pemán alcanzó ahora un feliz reparto, y dicho está con esto que excelente interpretación. Ricardo Mondragón logra un magnífico tipo con el Zaragatua, aunque acentuando la línea cómica del personaje, pero sin quitarle humana hondura. Alicia Rodríguez y Teresita Mondragón –dichosas las ramas que al tronco salen– se dejan ver y oír al lado de su dúplice madre, porque en La casa son también hijas de María Antonia, digo, de María Tereza Montoya. Gabarrón, muy cuajado ya como actor; Manuel Santamaría y Gustavo Rojo no desentonan, y gustó mucho a todos –el público es uno, múltiple y diverso como el mar– la inteligente y temperamental actriz cubana Fedora Capdevila en el difícil personaje de la chula otoñal "la Molina" que únicamente la interpretó tres noches; ahora la sustituye una joven actriz mexicana de singular talento, Josefina Ortega, quien da también lucida réplica, y es mucho, a la ilustre María Tereza.