FICHA TÉCNICA



Título obra Boy meets girl

Autoría Sam Epecwak y Bella Epecwak

Notas de autoría Víctor O. Moya / traducción

Dirección Víctor O. Moya

Elenco Edmee de Moya, Raúl Merz, José Antonio de Echavarri, Octavio G. Arias, Alfonso Gassio, Nadia Haro Oliva

Escenografía Julio Prieto

Notas de escenografía Eliseo Soto / realización

Espacios teatrales Teatro del Sindicato Mexicano de Electricistas

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno en español de la farsa Boy meets girl de Bella y Sam Epewack, por la compañía Teatro Estudio de México”, en Novedades, 3 octubre 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno en español de la farsa Boy meets girl de Bella y Sam Epewack, por la compañía Teatro Estudio de México

Armando de Maria y Campos

Sam y Bella Epecwak son dos afortunados escritores teatrales norteamericanos, de origen judío. Bella nació en Rusia hace cincuenta años y Sam en Hungría, hace cuarenta y nueve. Ambos empezaron sus actividades literarias como periodistas. Ella fue agente de prensa del espectáculo Chauve Sauris, cuando esta rica expresión del teatro ruso se impuso en Estados Unidos. El primer drama en que colaboraron fue The solitary man, en 1926. A este siguió The war song, en 1928; Clear all wires, el mismo año; Spring song, en 1934. Al escribir escenarios para cine, en Hollywood, tuvieron la idea para su obra Boy meets girl. Esta comedia asainetada fue empezada en México y concluida en París. Fue estrenada en Nueva York, en el Court Theatre, en 1935; causó desde luego sensación en Broadway, y se representó tres años seguidos. Su título se popularizó al grado de convertirse en expresión general: ¡El muchacho encuentra a la muchacha...! Simultáneamente fue producida por tres compañías teatrales ambulantes en los Estados Unidos; más tarde otras compañías la representaron en Viena y La Haya; la guerra vino a interrumpir sus éxitos en el continente, aunque se representó esporádicamente en Londres y en Coventry durante el Blitz. En México se representó, en inglés, por la compañía de Teatro Americano, S.A., del 18 al 23 de febrero de 1947 con Joyce Arling y Richard Reeves, Maurice Manson y Elizabeth Templeton, en los principales papeles; después Hollywood demostró que también sabía reír por una broma contra él mismo, al llevarlo a la pantalla.

La farsa –o sainete– de los esposos Spewack es una regocijada caricatura relacionada con las extravagancias y el sensacionalismo que caracterizan la industria fílmica de Hollywood. Law y Benson, indomable dueto de escritores para la pantalla, tienen un cerebro tan fértil como su indomable energía. Sus travesuras distraen al severo y formal C.K. Friday, productor y su superior inmediato quien desespera por no encontrar un nuevo argumento para Larry Toms, estrella del oeste y que se ve distraído por constantes interrupciones: enanos que nadie llamó, un extra inglés que le describe la clase de sombreros que deben usar los guardias de Coldestraen. Susie, una mesera rubia y extraordinariamente ingenua que sirve el lunch a los autores, los inspira repentinamente. Está a punto de dar a luz un hijo natural. Deberá llamarse "Feliz" y ser la estrella que ayudará a Larry a recuperar su tambaleante prestigio. Pasan los meses. Tal como se concibió ha sucedido todo. Feliz viene al mundo y se convierte en una sensación, y Susie cumple una ambición largamente diferida: asistir a la escuela preparatoria, y, además, su corazón pertenece a aquel extra inglés de los sombreros de los guardias de Coldestraen. Las cosas se complican cuando un truco de publicidad ideado por Law y Benson, se voltea contra sus originadores, y a continuación Feliz se contagia de sarampión (en la versión en español, sufre de paperas). Con unas cuantas llamadas telefónicas apócrifas se arregla todo; Susie cae en los brazos de su "extra" inglés, que resulta ser hijo de un Lord, y Law y Benson, con música de resonantes trompetas inician la búsqueda de otro nene que sustituya a Feliz como estrella.

Durante el desarrollo de la divertida farsa se tiene la oportunidad de apreciar la mentalidad infantil del típico cowboy del cine, y de presenciar interesantes aspectos internos de los foros cinematográficos durante la filmación de una cinta. En esencia, la obra trata en broma, de la forma real en que se proyectan, se escriben y se realizan las grandes producciones del norteamericano y, tal vez, de todos los cines, contagiados por aquél. Víctor O. Moya, su escrupuloso traductor, se permitió, sin embargo, amplias libertades, para hacer de Boy meets girl algo menos soso, o ingenuo de lo que es en inglés la obra de los Spewack. Cortó cuadros y aun aumentó personajes y, tal vez, aprovechó algunas experiencias anecdóticas de nuestros estudios y de nuestros productores, y le dio una movilidad en verdad extraordinarias.

No son pocas las producciones teatrales que han escrito los autores norteamericanos para ridiculizar a Hollywood. Puedo citar hasta diez: Hey diddle diddle de Cornak; Schoolhouse on the lot de Fiels y Chodorov; Greatest find since Garbo de Richard y Bard; On location de Wiley; Dearly beloved de Beahan; Kiss the boys goodbye de Boothe; Hollywood be thy name de Fagan; Star in your eyes de McEvoy, y Limelight de Jerome. Pero la que en realidad retrata con fidelidad cómica aquel fantástico ambiente, es la de los esposos Spewack, que a partir de entonces han escrito Leave it to me (Déjame a mí), en 1935; Miss Swan expects (La señorita Swan espera) en 1938, y Woman bites dog (La mujer muerde al perro), en 1946.

Boy meets girl fue presentada seis veces en el precario escenario del Sindicato Mexicano de Electricistas, que puede servir para todo, menos para representaciones teatrales. Ideó una elemental escenografía el maestro Julio Prieto, y la realizó Eliseo Soto. Víctor O. Moya ensayó la obra con el celo y la pasión en él características. Cuidó todos los detalles, y puso muchos de su cosecha. Sus discípulos adelantan a gran velocidad. La señora Edmee de Moya compuso con mucha gracia y flexibilidad su ingenua Sussie. Raúl Meraz estuvo muy en carácter en el Larry, así como José Antonio de Echavarri en el Benson, demostrando enorme capacidad para los personajes cómicos; le secundó Octavio G. Arias en el Law, y, aunque a ratos ininteligible por nervios, muy en tipo Alfonso Gassio en Friday. La señora Nadia de Haro Oliva lució muy bella, ¡ah!, y muy inteligente también, en la Peggy manicurista. El reparto es largo y, no obstante, no se notó bache alguno. Es lamentable que insalvables circunstancias impidan que esta divertida farsa pudiera llevarse a algún escenario que en verdad lo sea.