FICHA TÉCNICA



Notas El autor comenta las razones del jurado para otorgarle el Premio Casa de las Américas, en 1962, por la obra El atentado

Referencia Jorge Ibargüengoitia, “Experimenta y verás”, en La Revista de la Universidad de México, núm. 12, agosto 1963, p. 28.




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Referencia Electrónica

Revista de la Universidad

Columna Teatro

Experimenta y verás *

Jorge Ibargüengoitia

"¿Tienes alguna nueva obra entre manos?
'Pienso en un Orestes argentino'.
—¡Terrible drama! 'El de la venganza'."
(Naty González Freire y Osvaldo Dragún en
La Gaceta de Cuba, núm. 14.)

Quiero advertir que el presente artículo es un comentario, no solicitado y extemporáneo, de lo que se dijo en La Gaceta de Cuba, núm. 14. Aparte de que nadie me pidió mi opinión y que, en todo caso, debí darla antes, debo reconocer también que la causa indirecta de todo esto, el premio en sí, la lana, como se dice vulgarmente, está más gastada que el tesoro de Moctezuma. Hechas estas aclaraciones, procederé a examinar el corpus delicti.

En primer lugar, en la primera página y en letras de un centímetro de alto, que son bastante grandes, dice que me llamo JORGE GARCÍA IBARGÜENGOITIA. Ahora bien, cuando tenía ocho años, me sucedió que el primer día de clases, el maestro, al pasar lista, se equivocó al leer mi nombre y me dijo IBAZGONGUITIA y por no aclarar las cosas, me pasé el año entero llamándome lbazgonguitia. Bastante horrible es llamarse Ibargüengoitia, para que todavía le digan a uno lbazgonguitia y bastante largo es el nombre para que le agreguen García. Me imagino que esta equivocación tiene su origen en que colaboro en una revista en la que también lo hacen Jaime García Terrés, Juan García Ponce, Jomí García Ascot, Emilio García Riera, Gabriel García Márquez, Gastón García Cantú, Socorro García, Erich García Fromm, y José Emilio García Pacheco, pero de una vez por todas, quiero aclarar que yo NO ME LLAMO GARCÍA.

En segundo lugar, dice allí: OPINAN LOS JURADOS. Riné Leal lo hace en el capítulo de teatro. Aquí, a propósito de nombres, quiero disculparme con este señor públicamente: la primera vez que vi su nombre, creí que uno de los jurados que habían premiado mi obra era una actriz exótica egresada del Copacabana School of Drama, hasta que me enteré, por Carballido, y debo confesar que con cierto desencanto, que la persona en cuestión era uno de los críticos cubanos más importantes. Perdón.

Siguiendo la tradición de todos los jurados de todos los concursos de teatro el señor Riné Leal se queja amargamente de esta función. Dice así: "...lo que sucede es que cada concurso tiene la importancia de sus jueces y que siempre el premio recaerá (en el peor de los casos) en la menos mala de las obras presentadas, salvo esas rarae aves que suelen complacer a todo el mundo... menos a los derrotados."

¿Y en el mejor de los casos, en cuál recae? ¿O el mejor de los casos es cuando hay una de esas "rarae aves"?

No sucedió así en el Cuarto Concurso. No hubo rara avis. Vuelvo a citar: "El atentado le debe tanto, por lo menos en su aspecto formal, a Brecht como a la historia reciente de México."

Protesto. Esto me deja a la altura de una máquina computadora con tres orificios: por uno entra la Historia de México, por otro las Obras completas de Bertolt Brecht y por el tercero sale El atentado. Esta clase de afirmaciones, muy usadas por los críticos de todo el mundo, no pueden partir más que de uno de dos conceptos: a) la obra de que se habla es un plagio, o cuando menos no es original, o b) una obra se explica por sus antecedentes y sus fuentes; es decir, Shakespeare es igual a Marlowe más Hollingshed; Ionesco es igual a Moliere más la Madre Cabrini; Chejov es igual a Stanislavsky más Boeuf Strogonoff; etcétera. Pero sigamos con las opiniones del señor Riné Leal.

"... El valor fundamental de la obra no radica, por supuesto, en la interpretación histórica (el teatro no me ha parecido nunca una cátedra para explicar historia, sino un espejo donde la historia se distorsiona en función de la sensibilidad del artista)."

¿Y las cátedras de historia qué son? ¿No son "un espejo" (valga la metáfora) en donde la historia se distorsiona en función de la sensibilidad del maestro? ¿Y los libros de historia no son acaso un espejo donde... del autor? ¿Y las actas, no son un espejo donde... del actuario? Etcétera.

"El valor fundamental de la obra...", dice, pues, el señor Leal, no radica en tal, sino en "... la utilización de pantallas y proyecciones cinematográficas..." Y agrega un poco más adelante: "La excesiva utilización de las proyecciones, convierte El atentado en una especie de script o un texto a medias." En buenas palabras, "el valor fundamental de la obra son las proyecciones, lástima de que haya tantas".

Otra virtud de mi obra es: "...esa dosis de humor negro y un tanto macabro que los mexicanos utilizan sabiamente". Pero más adelante, dice allí: "Pero la obra es fluida, amable y posee variados elementos de divertimento y gracia, como quien relata un trozo de la historia pasada en medio de chistes familiares."

Chistes familiares... ¿negros? ¿Es fluida por ser un script a medias? ¿Es amable por lo macabra?

De la obra de Dragún, el mismo jurado opina: "El propio texto... fue ganando en ritmo y poesía y culminaba en el detalle simbólico de una gran flor que se abría en escena, mientras entraba una luz misteriosa y se escuchaba una música que era como un canto final, todo lo cual me hizo pensar en los finales de Strindberg de El ensueño y La sonata de los espectros. Por lo menos, Milagro en el mercado viejo poseía muy notables antecedentes (incluido el propio Dragún), pero lo importante en la obra era la superación que el autor había realizado con su propio material y cómo sus Historias para ser contadas se habían convertido en una sensible histeria de juego dramático y fantasía teatral."

Todo esto, con mi humor negro y un tanto macabro, yo lo veo como decir de una mujer que no sólo es de buena familia, sino que además es histérica.

Por otra parte, por la descripción anterior, lo que al señor Leal le recordó a Strinclberg a mí me recuerda algo que queda entre Wagner y el Radio City Music Hall.

En tercer lugar, está mi curriculum vitae: todo lo que dice allí es verdad, desgraciadamente: a tal grado, que si me lo hubieran ofrecido en venta, lo pago a precio de chantaje. Dice, entre otras cosas: "nació en Guanajuato... Estudió hasta cuarto año de Ingeniería... Se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras graduándose de Maestro en Letras con especialización en Arte Dramático... Fue becado durante dos años del Centro Mexicano de Escritores y recibió también una beca Rockefeller... se dedica al periodismo. Es soltero y vive con muy poco dinero." Ésta es la historia de mis vergüenzas más completa de que yo tenga noticia. ¿Por qué no dicen además que soy alcohólico, que padezco halitosis y estoy quedándome calvo?

En cuarto lugar, la entrevista que Naty González Freire le hizo a Osvaldo Dragún:

"¿Y eso de compartir el premio, a qué sabe?" "Muy bien [dice Dragún]. Me parece muy buen precedente el premio compartido."

A mí no. Me parece mucho mejor precedente a que lo hubieran premiado a él solo, pero mucho peor a que me hubieran premiado a mí solo. ¿Por qué se premiaron dos obras cuando el concurso estipulaba un solo premio? Por una de tres razones:

1. Las dos eran tan buenas que ambas merecían el premio.

2. Eran tan malas que entre las dos no hacían una.

3. Cada uno de los jurados elijo: "Esta mula es mi macho y de aquí nadie me baja." Si las dos eran tan buenas que cada una merecía mil dólares, ¿por qué no consiguieron otros mil dólares para darle a cada quien su merecido?

Si, como hacen suponer los comentarios del señor Riné Leal, les pareció que entre las dos no hacían una, ¿por qué no declararon desierto el Concurso? Si los jurados no pudieron ponerse de acuerdo, está muy bien. Pero de eso a que sea un "buen precedente", hay un buen paso.

Pero volvamos a La Gaceta: Naty pregunta:

"¿Conoces a Ibargüengoitia?" "Sí [contesta Dragún]. Me gusta mucho. Muy buen autor. Leí de él Susana y los jóvenes."

Ha llegado el momento de confesar algo. Yo vi las Historias para ser contadas. Les dediqué una de las crónicas más sangrientas que he escrito. Empezaba: "'Eureka', exclamaría don Benito Coquet... etcétera." ¿Por qué? Porque Osvaldo Dragún no me parece un buen autor. Si me lo pareciera, no escribiría como Ibargüengoitia, sino como Osvaldo Dragún. Pero estamos entrando en antecedentes y fuentes. Digo, escribiría al estilo de Dragún.


Notas

* Este título está tomado de La ninfa errante y, como se verá después, nada tiene que ver con el presente artículo.