FICHA TÉCNICA



Título obra Antígona

Autoría Bertolt Brecht

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Augusto Benedico, Amparo Villegas

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Jorge Ibargüengoitia, “Antígona”, en La Revista de la Universidad de México, núm. 7, marzo 1963, pp. 30-31.




imagen facsimilar

imagen facsimilar 2

Referencia Electrónica

Revista de la Universidad

Columna Teatro

Antígona

Jorge Ibargüengoitia

"Hay un poeta que se llama Bertolt Brecht. Hay un dramaturgo que se llama Brecht. Hay un director de escena Brecht. Hay un teórico del teatro que se llama Brecht. Todos estos Brecht actualmente constituyen un culto entre los jóvenes directores del mundo entero. Sus poemas, sus obras, sus canciones, sus teorías acerca de su nueva forma de actuación, recorren los escenarios del mundo al calor de apasionadas discusiones entre los aplausos del público a quien Brecht respetó firmemente." Empieza diciendo el programa. Pues bien, entra uno en el teatro, ocupa su lugar, se apagan las luces, se abre el telón sobre el escenario a oscuras, se encienden unos spots con resistencia y entra Augusto Benedico con la ropa diseñada por Gaspar Neher "según la ANTIGONEMUDELL" y nos dice al público: "Amigos, vamos a representar una leyenda que tanto gustaba a los antiguos, patatí patatá, se las voy a contar porque ustedes no la conocen." Pues no, señor, el que no la conoce es usted, porque nada de que Creón era un tirano y ambicionaba las minas de hierro de Argos e hizo la guerra contra esa ciudad para apoderarse de ellas, ni Polínices murió por pacifista ni Eteocles por militarista. Según Higinio, Eurípides, Apolodoro, Esquilo, Homero, Sófocles, Pausanias y Diodoro de Sicilia, después de que Edipo se fue de Tebas, el poder se lo repartieron entre Eteocles y Polínices que fueron electos públicamente y que reinarían un año el uno y uno el otro, pero Eteocles, que le tocó el primer turno, no quiso dejar el poder alegando el mal carácter de su hermano y lo desterró. Ahora bien, en Argos reinaba Adrasto, que casó, por consejo del Oráculo, a una de sus hijas con Polínices y a la otra con Tideo, que era de Caledonia y que también estaba desterrado por haber matado, según él accidentalmente, a un hermano suyo. Entre estos tres personajes y otros cuatro amigos armaron un ejército para imponer a Polínices en Tebas y a Tideo en Caledonia. Quiso la mala suerte que cuatro de los siete capitanes murieran en el primer asalto y entonces, Polínices, para evitar más mortandad, ¡a buenas horas!, quiso que el asunto se decidiera con un duelo entre él y Eteocles. Ambos murieron. Entonces, Creón, cuñado de Edipo y tío y primo (... ¿o no?) de estos jóvenes, salió con el ejército y derroto completamente a los argivos, después decreto que... etcétera. Si nos van a contar una historia tan diferente, ¿para qué le ponen el mismo nombre? Y si nos respetan tanto, ¿para qué nos dicen "vamos a contarles la historia de Antígona, que es un cuento que ustedes no conocen"? Claro que no lo conocemos, si es otro. Es como llegar al teatro a ver Otelo y preguntar si ya mataron a Ofelia.

Ahora bien, el cuento éste del alejamiento, de que nos habla Brecht; y también la persona que escribió la nota del Orientación, modifican no sólo la actuación, sino también la forma de escribir la obra. Si aplicáramos ese sistema a Hamlet, por ejemplo, en determinado momento entraría Horacio a decirnos: "Vi a Hamlet paseándose por los pasillos de Elsinore y diciendo para sí: 'Ser o no ser, he allí la cuestión' y otras cosas más acerca de si vale más morir que vivir"; es decir, que esto llevado a un extremo puede convertir una obra de teatro en una novela para analfabetas. Claro que esto puede ser culpa del teatro griego, pero en realidad es culpa de Brecht, porque los griegos tenían, por una parte, limitaciones mecánicas del movimiento escénico y, por otra, vivían en una época en que probablemente la gente estaba dotada con una mejor percepción auditiva que visual, que es lo contrario de lo que nos pasa a nosotros. Si entra Amparo Villegas y me dice un parlamento de, digamos, treinta renglones, en el que describe cómo Fulano hizo tal cosa y luego vio cómo Zutana hacía tal otra, que sus ojos se pusieron tristes y sacó la espada y Fulana pegó un grito de horror y Zutano se enterró la espada en el flanco y cayó con una mueca de dolor echando espumarajos por la boca a los pies del cadáver de Antígona que pendía de una soga... no entiendo nada. ¿No acaban de decir que van a enterrar viva a Antígona? ¿Qué hace entonces colgada de una soga? ¿No fue Yocasta la que se colgó de su bufanda? ¿O fue Isadora Duncan? ¿Por qué no, si tienen allí a los actores y tienen el escenario, en fin, todos los medios, no hacen una representación, aunque sea con títeres si no quieren emocionarnos demasiado, de cómo fue este asunto entre Antígona y Hemon? Por otra parte, antes de empezar la obra propiamente dicha y a pesar del respeto que el público le inspiraba a Brecht, Augusto Benedico hizo una serie de afirmaciones que me parecen confusas, Dice, mutatis mutandis: "Este hombre, Creón, inició una guerra injusta que terminó ella, la justa" (refiriéndose a Antígona). Pero vamos a ver, la guerra estuvo a punto de terminar cuando en las discusiones que Creón tuvo con los ancianos se descubrió el pastel de que la victoria, después de todo, no estaba tan a la mano; pero según las últimas novedades, el ejército tebano había sido aniquilado y los argivos venían muy dispuestos a acabar con Tebas, así que de cualquier manera Antígona y su problema no era más que uno de tantos incidentes. Esto probablemente lo entendí mal, pero no es culpa mía, sino del alejamiento famoso.

Por otra parte, Antígona menciona las minas de hierro de Argos como la causa de la guerra. Esto, según el programa, es el tratamiento realista del adaptador, pero entonces, siguiendo este modo de pensar realista, Antígona resulta una terca y Creón un político más imbécil que todos los que padecemos, porque a nadie se le ocurre echarse de enemigo al jefe de los batallones selectos por andar enterrando viva a su novia o su amante, o lo que haya sido, no más porque enterró a quien no debía.

Si Brecht está hablando de Alemania y Creón es Hitler y Antígona fue lo que no hubo en Alemania y Tiresias sans mamelles es Brecht y Hemon es el Alto Mando, y los viejos son el pueblo alemán, esperando "el rico botín, el rico botín", ¿por qué no mejor confeccionar otra anécdota en vez de andar manoseando ésta que ni se parece, ni se presta?

Luego, el gesto social de montar esta obra en México corresponde a tratar, de disuadirnos de la idea, que yo no sé quién tendrá, de invadir a Guatemala. El problema de los tebanos de Brecht, es decir, de los alemanes, era su exceso de seguridad y su orgullo, y nosotros tenemos complejo de inferioridad, así que nos traigan otra obra si quieren que aprendamos algo útil.

Esto, en lo que se refiere a la obra; ahora, en lo que se refiere a la representación, cabe decir lo siguiente:

No sé si es Rafael López Miarnau o Gaspar Neher o Brecht, pero en el Orientación metió la mano alguien que podía ser Maestro de Ceremonias en el Vaticano. Nunca he visto una representación más esotérica. A ver: ¿qué significan las máscaras montadas sobre un palito y con pelos de estropajo que usan los viejos y Creón?, ¿y qué significa que estén tan mal dibujadas?, ¿por qué las mueven como abanico y luego se tapan la cara con ellas?, ¿qué significa el triplay que le ponen a Antígona y por qué piensan que es muy significativo que cuando está ella de espaldas se vean sus manos [p. 31] crispadas?, ¿por qué tocan el gong, que por cierto suena como un cartón?, ¿por qué el soldado que viene a delatar a Antígona tiene que ir a los cuatro postes antes de encontrar a Creón?, ¿y el agua y una especie de sope, qué significan?, ¿es que iban a enterrarla con agua y un sope? O es uno realista o es uno ritual, pero las dos cosas al mismo tiempo son nauseabundas.

En cuanto al alejamiento, que consiste principalmente en que un actor en vez de estar poseído por el personaje lo está observando y criticando, bien convendría hacer lo que hacía siempre Brecht, que era tomar fotos de la representación y enseñárselas a los actores; estoy seguro de que pondrían otras caras. Después de la pedantería del programa, de que "el espectador no debe emocionarse demasiado para que no pierda su necesaria autonomía", salen todos con cara de "no voy a dejarme sumergir en este mar de emoción". ¿Qué se están creyendo?, ¿que ayer nos contaron Caperucita roja por primera vez?