FICHA TÉCNICA



Notas El autor comenta la actividad en los escenarios mexicanos durante el año 1961

Referencia Jorge Ibargüengoitia, “Annus Mirabilis”, en La Revista de la Universidad de México, núm. 5, enero 1962, pp. 26-27.




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Referencia Electrónica

Revista de la Universidad

Columna Teatro

Annus Mirabilis

Jorge Ibargüengoitia

"And is this all you have to say,
Don Medina?"
—John Kerr, en La fosa
y el péndulo.

"Cada país tiene el teatro que se merece", dice Fausto Castillo, y no me parece justo, porque es tanto como decir: "Cada público tiene el teatro que se merece, y cada teatro tiene el público que se merece", y no es cierto, pues este año el público estuvo muy por debajo del teatro que se le dio. Es necesario que el espectador vaya aprendiendo su lugar. El teatro que se hace en México, bueno o malo, comercial o serio, está hecho a base de terrible esfuerzo, y el espectador sigue siendo no sé cuántos kilos de carne impávida que pagaron doce pesos y tienen derecho a ocupar una butaca. El público fue lo peor que hubo en el teatro durante el año pasado. No se ha dado cuenta de que en el teatro mexicano, como en toda sociedad bien ordenada que progresa hacia lo mejor, empieza a haber distinciones que nada tienen que ver con el dinero que se paga por la entrada. Recuerdo el caso lamentable de cien gentes de lo más snob de la ciudad, que necesitaron una buena hora y cuarto para darse cuenta de que Don Juan en los Infiernos era una comedia y no una misa de tres padres; y el espectáculo, que no por lo popular dejaba de ser aterrador, de mil espectadores en el teatro de los Insurgentes, contemplando embelesado la cabeza del director de orquesta, que emergía de la fosa como la de San Juan de la bandeja, y que se parecía catastróficamente a la de Portes Gil. El público que asiste a Las fascinadoras no es necesariamente el mismo que el que asiste a Fando y Lis, pero sí es igual de imbécil; y es necesario entender que si el público adecuado para recibir cada una de estas obras puede ser el mismo, el espíritu con que asiste debe ser diferente. Necesitamos un público que sepa a lo que va y, sobre todo, que tenga una capacidad de adaptarse a lo que está viendo. "Señores y señoras del público –dijo Telefunken– nosotros, los que hacemos el teatro, sabemos lo que traemos entre manos; por favor, ustedes aprendan a verlo."

A diferencia del público, la gente de teatro tuvo buen cuidado de dividirse en siete grupos: los Serios, los Mexicanos, los Visitantes, los Comprometidos, los Experimentales, los Estudiantiles y los Comerciantes.

Los Serios se distinguen por tener dinero y el apoyo y la exigencia de una dependencia oficial. Como dos familias ricas que compiten a ver quién compra el mejor coche, el Seguro Social y el INBA se lanzaron a la lid. Ganó el Seguro Social. Tiene más dinero. Tiene hasta ejército propio. Yo lo vi el 16 de [p. 27] septiembre, que tomé la precaución de asistir al desfile. Hizo un programa monstruoso, con Anouilh, Sófocles, Novo, Shaw, Usigli y no sé quién más, y casi lo llevó a cabo. Sus estrellas fueron el escenario giratorio y Julio Prieto. Estrenaron no sé cuántos teatros en la República, por lo cual damos gracias a Dios todos; hasta Bellas Artes.

El año pasado, también asistimos al Nacimiento, Desarrollo, Pasión y Muerte de la Compañía de Repertorio de Bellas Artes, que en la Sala Chopin, intentó competir, como sólo los hombres pueden hacerlo, con el Seguro Social. Programó seis u ocho obras (una de ellas mía, hélas!) y murió, como vulgarmente se dice, en la raya.

Si algún escultor minucioso se ocupara de hacer una galería de autores mexicanos estrenados durante 1961, a más de la mitad tendría que ponerles laureles: Basurto, Novo, Usigli, Sánchez Mayáns, Cantón, Santander, González Caballero, Carlos Prieto, Hugo Argüelles, Margarita Urueta, y otros. El más notable de todos es probablemente Felipe Santander, que, cosa única en la historia del teatro universal, escribió una obra y salió en ella de galán joven. A pesar de la abundancia de obras mexicanas, es posible que ni siquiera la mitad de ellas hayan sido fracasos económicos, lo que significa un cambio radical en las fortunas de nuestro teatro. Si autores como Basurto y Sánchez Mayáns logran que los mexicanos vayan al teatro a ver obras de otros mexicanos, ya habrán cumplido con una función más que digna.

Luego, "los dramaturgos aztecas", como dicen los argentinos, hicieron sus maletas y se fueron a Buenos Aires, en donde lo primero que les pasó fue que se quemó el teatro con vestuario y utilería, lo cual ya había sucedido cuando menos a otra compañía de visita en esa ciudad. Par contre, una compañía argentina llegó a México, sin vestuario ni utilería que quemarles, y se ganó más aplausos que nadie en el año.

Nunca, excepto quizá durante el Centenario, habían venido a México tantos grupos extranjeros. Bellas Artes se llenó con todo Barcelonette y el IFAL, para ver cómo Jean Vilar movía la manita, y meses después, la colonia americana, que aunque parezca asombroso es mucho menos provinciana que la francesa, presenció, llena de escepticismo, las dos compañías de su país que vinieron a México.

El más notable de los Comprometidos del año fue Ibsen, quien cayó en manos de un adaptador solemne, empeñado en hacer de todo una tragedia griega. No sé qué pretendía el adaptador, ni qué el director, pero sí puedo decir que los cuatro actores que estaban en la sala gritando majaderías contra el "enemigo del pueblo", se salvaron de ser linchados gracias a la paciencia del respetable. De repente entraba un borracho y subía hasta el escenario; León Felipe, que estaba a mi lado y que no me conoce de nada, decía: "¿Pero quién es éste?", y yo le contestaba: "Es Pepet." Y él exasperado, decía: "¿Y quién demonios es Pepet?" Y en otro momento él decía: "¿Y qué hace este tonto con una capa española, si está en Noruega?" Y luego, el "enemigo del pueblo", moviéndose en escena con paso vacilante, y diciéndoles a sus hijos: "Voy a enseñarles lo que es un hombre", y manejándose todo el tiempo con una irresponsabilidad y una falta de previsión, que hacían que uno tomara el partido del villano. Si quieren hacer alegorías, que nos las hagan buenas.

Los Experimentales, excepto Alexandro, estuvieron como quien dice en receso, se dedicaron a viajar, y aparecieron a mediados de año, sin dinero, y montaron obras que ya habían puesto. Alexandro, en cambio, sin dinero, también, montó más obras que el Seguro Social, y probablemente la mejor y la peor del año.

La Universidad es probablemente el organismo que más obras montó, a la chita callando, y además organizó una serie de conferencias de los críticos de teatro en las que éstos acabaron por declararse a sí mismos casi incompetentes. Gloria Alma Mater!

El teatro Comercial abandonó Broadway el año pasado para explorar Madrid y París, lo cual significa un cambio de localidad pero no de categoría.

La nueva tendencia más importante entre los autores, consiste en "...éste es el nuevo género, comedia musical", como lo expresó Felipe Santander tan elocuentemente. Es una vergüenza que un autor crea que la comedia musical es un nuevo género, y una lástima que la comedia que escribió le saliera tan mal; sin embargo, más vale una mala comedia musical que unas malas Coéforas.

Es probable que los directores sean la rama que más adelantó durante el año, y aunque algunos quedan que todavía creen que montar una obra consiste en que cada actor aprenda de memoria sus parlamentos y no choque con otro al moverse en escena, quedan como fósiles, recuerdo de un pasado lamentable.