FICHA TÉCNICA



Título obra El gran cardenal

Autoría Herald von Leyden

Notas de autoría José María Pemán / adaptación

Dirección Julio Villarreal

Elenco Julio Villarreal, Francisco Jambrina, Beatriz Jimeno, Bruno Márquez, Carlos Riquelme, José Elías Moreno, Eduardo Uthoff, Lilia del Valle, Arturo Martínez, Víctor Parra

Escenografía Edward Fitzgerald

Grupos y compañías Nueva Generación de Autores

Espacios teatrales Sala Latinoamericana

Referencia Armando de Maria y Campos, “El gran cardenal de Herald von Leyden, por Julio Villarreal en la sala Latinoamericana”, en Novedades, 23 septiembre 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

El gran cardenal de Herald von Leyden, por Julio Villarreal en la sala Latinoamericana

Armando de Maria y Campos

Herald von Leyden, el autor de El gran cardenal, es un escritor austriaco, escapado de zonas peligrosas de Europa, que se oculta tras ese pseudónimo. Actualmente se encuentra en Hollywood, vigilando la filmación de esta obra que en menos de un año se ha hecho de reputación mundial. La versión original se estrenó en Holanda, en noviembre de 1949, y se encargó del papel del cardenal al actor Pierre Balledoux, quien lució en la escena la púrpura que el cardenal primado de aquel reino le regaló especialmente para el estreno. A fines de diciembre de ese mismo año llegaron a España y a manos del autor católico José María Pemán, los libretos mecanografiados de El gran cardenal, y desde luego se dio a la tarea de arreglar y adaptar para el público español la obra de Von Leyden, y tan al vapor se hicieron traducción y arreglo, ensayos y postura escénica en general, que El gran cardenal subió al palco escénico del teatro Lara, de Madrid, la noche del 24 de febrero del presente año. Días antes había estado en la capital de España, procedente de Holanda y rumbo a los Estados Unidos, el autor Herald von Leyden, quien, recibido por Pemán asistió a algunos ensayos de su obra, y felicitó al actor Rafael Rivelles, como director y cómo intérprete en español de El gran cardenal.

La obra original tiene por asunto la persecución y anteproceso de un cardenal primado en un país ocupado por los soviets. Se piensa inevitablemente en el cardenal Mindszenty y en Hungría, aunque nada de esto es nombrado directamente en esta pieza. Pero el drama del cardenal de Von Leyden no es la anécdota exclusiva de la obra que en la mayoría de sus escenas pretende dar la sensación del terrible momento por que está pasando la humanidad en los países que se han dado en llamar satélites de la Rusia sovietizada. Muerte, ruina, desolación, miedo, lucha por conservar las esencias de una civilización que se quiere destruir, sin que se sepa, a ciencia cierta, con qué va a sustituirse.

Sobre este tema, José María Pemán ha hecho una adaptación española muy libre. "Así era preciso –dice– por el carácter genuinamente nórdico de la obra de Von Leyden. He conservado la línea de su argumento, aunque he variado su desarrollo; también he conservado sus tipos vivos y característicos, y sobre todo, escrupulosamente, he traspasado a la adaptación todo lo que, por haberlo vivido con una directa comunicación patética no podría suplir ninguna literaria información, da a la obra el clima auténtico y angustioso de una situación real contemporánea, que parece, de puro monstruosa, inverosímil. Sobre esas bases, he escrito la obra con nuevo diálogo y construcción". Lo que en buen romance quiere decir que la obra de Von Leyden no hay nada, o casi nada, en la de Pemán. Con el hilo argumental de Von Leyden, ha zurcido Pemán varias escenas de su propia cosecha.

Pemán es un escritor político por excelencia, y un autor que hace política siempre que puede. El cree que El gran cardenal no es lo que puede llamarse propiamente una obra "política"; pero sí lo es, y empieza a serlo desde antes de que fuera estrenada en el Lara madrileño. Pemán dijo entonces: "El problema que en ella se basa rebasa el campo político, por su más amplios horizontes religiosos y humanos. Es un duelo de civilización y de barbarie; de dignidad del hombre y de esclavitud, el que en la obra es aludido. No se enfrenta el autor y el adaptador con la tiranía oriental, respaldado en ninguna concreta parcela política, sin ampliamente asistido por la civilización cristiana. Por eso la obra no está escrita con tono polémico, sino con humana objetividad. La lección que da es la que se desprende de los hechos que en ella ocurren, sin discursos que la venteen y pregonen. Una acción que sería casi melodramática si no la dieran autenticidad y realismo las circunstancias en que se desarrolla, sirve de hilo al tremendo episodio histórico".

Según la versión que nos da el grupo de intérpretes, integrado por miembros de la Nueva Generación de Autores, bajo la sabía dirección de Julio Villarreal y con la colaboración valiosísima de Francisco Jambrina, El gran cardenal resulta una auténtica pieza melodramática, con un emotivo, excelente primer acto, construido con auténtica maestría teatral, y dos menos buenos; el último bordea los límites de lo ramplón; es francamente de folletín teatral. Esto, términos generales, claro está. Los dos últimos actos folletinescos no logran, sin embargo causar la menor arruga a la austera y humanísima figura del Gran cardenal. No; no puede tener esos perfiles grotescos, de franco latiguillo teatral, la vida que los soviets imponen a los habitantes de los países por ellos ocupados, como no creímos nunca que la vida en la época de los zares, de la Rusia Blanca, fuera como la pintaron los autores de Miguel Strogoff, melodrama del repertorio decimonono, que aún representa la compañía de grandes espectáculos de Enrique Rambal para regocijo de dependientes y de recamareras que aún no les da por ser estrellas de la televisión.

Julio Villarreal se anota un gran triunfo como director y como intérprete principal. Su creación de El gran cardenal es, sin rebajas, maestra. A su lado luce el más flexible de los grandes actores con que a la fecha cuenta México: Francisco Jambrina, quien compone su tipo, de traficante al por mayor del mercado negro, también con singular maestría. Los actores de la nueva generación satisfarían aun a los más exigentes, si no se impusiera la comparación con Villarreal y Jambrina. Salvada ésta, justo es asentar que cumplen decorosamente, a mi ver, en este orden, y perdón si en el que coloco los nombres, no hay cortesía: Beatriz Jimeno, Bruno Márquez, Carlos Riquelme, José Elías Moreno, Eduardo Uthoff, Lilia del Valle, Arturo Martínez, Víctor Parra... La escena fue presentada con lujo y propiedad, y muy bien compuesta la escenografía de Edward Fitzgerald.

Se dijo en Europa, a raíz del estreno de El gran cardenal, primero en Holanda y después en España, que el papa ha bendecido especialmente esta obra y cuantos en ella se ocupen y trabajen, al mismo tiempo que se aclaraba que se trata de teatro, nada más que de teatro. "Pero la Iglesia sabe que el teatro fue siempre una de las más altas voces en la defensa de la civilización", se agregó en las informaciones a que aludo. Sea por angas, sea por mangas, la compañía de la sala Latinoamericana ofreció ayer tarde privadamente una representación de El gran cardenal, dedicada al doctor don José María Martínez, arzobispo de México y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua correspondiente de la Española, de la que es presidente José María Pemán. Asistió monseñor Martínez en unión de los primados de la iglesia mexicana.