FICHA TÉCNICA



Título obra De pronto en el verano

Autoría Tennessee Williams

Elenco Betty Field, William Daniels, Nydia Westman, Rita Gam.

Grupos y compañías The New York Repertory Theatre

Referencia Jorge Ibargüengoitia, “Momma, buy me Manhattan”, en La Revista de la Universidad de México, núm. 3, noviembre 1961, pp. 30-31.




Título obra Dulce pájaro de la juventud y De pronto en el verano

Autoría Tennessee Williams

Elenco Ben Piazza, William Daniels, Viveca Linfords

Grupos y compañías The New York Repertory Theatre

Referencia Jorge Ibargüengoitia, “Momma, buy me Manhattan”, en La Revista de la Universidad de México, núm. 3, noviembre 1961, pp. 30-31.




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Referencia Electrónica

Revista de la Universidad

Columna Teatro

Momma, buy me Manhattan!

Jorge Ibargüengoitia

— ...Y ahora, la selva otra vez.
— Ah, es como el Caravelle!
(Palabras dichas en el ascensor del Muralto
por unas personas que habían asistido
a la representación de The skin of our
teeth, La primera frase se refiere a nuestro
medio teatral y la segunda, a la velocidad
del ascensor.)

Cualquier curioso que vea de vez en cuando los comentarios teatrales de las revistas americanas, habrá notado que una de las quejas recurrentes de los críticos se refiere a la inexistencia de compañías de repertorio en los Estados Unidos; y esto es que ahora, en menos de dos meses, nos llegan dos. Así que los americanos no se han dado cuenta de que hay varias compañías que recorren el mundo, me imagino que a expensas del Departamento de Estado, para contrarrestar la mala influencia ejercida por los numerosos Ballets Yarmolinski, Danzas Bratislavas y Coros de los Cosacos del Gólgota que nos aquejan. Sea como fuere, es una gran ventaja el poder ver a dos buenas compañías de teatro americano sin necesidad de salir de la ciudad de México.

The New York Repertory Theatre, que se presentó en septiembre, anunció una función con Dulce pájaro de la juventud y De pronto en el verano, que es bastante para aterrar a cualquiera, porque las dos obras, puestas en su integridad, han de durar aproximadamente seis horas, que son demasiadas hasta para un entusiasta de Tennessee Williams, que yo no soy; sin embargo, "con la altivez bizarra de mi raza", me dirigí al teatro dispuesto a salirme en el primer entreacto, o a la menor provocación.

Se apagaron las luces de la sala, se encendieron las del proscenio y se escuchó la música que el autor llama The Lament, tan sofisticadamente confusa que nunca supe si fue error del encargado del sonido o si así estaba planeada. Se abrió el telón y se descubrió la recámara aquella de hotel pseudo lujoso, con Chance (Ben Piazza), desnudo hasta la cintura ­como lo pide el autor­, en el centro del escenario. Ahora bien, Ben Piazza tiene el aspecto de esos jóvenes bien parecidos de los que está uno dispuesto a creer lo peor, que le queda muy bien al personaje, pero que si fuera mexicano seguro que no sabría actuar; así que me acomodé en mi butaca lleno de escepticismo. Empezó la acción: entra el mozo con el café, abre las persianas, etcétera; entra George (William Daniels) y en el diálogo que sigue empiezan a producirse los cortes más inteligentes que he visto hasta la fecha, hasta que llega un momento en que se levanta el recién llegado y le dice a Chance más o menos: "¿Sabes que hay algo decretado para ti?: la castración." Y sale. Esta frase nos habría de ahorrar todo el segundo acto de la obra, que en el original es larguísimo y espantoso. Una vez que el visitante ha partido, empiezan las llamadas telefónicas y la princesa Pasmezoglu (Viveca Linfords) a moverse en la cama y a cobrar presencia. Luego, ella aparta las cobijas y aparece; terrible, realmente una vieja en la cama después de una noche aciaga: se enfrenta con el hombre y la apariencia de éste (de niño bonito y de mal actor) se esfuma, y sigue una hora de acción absorbente, con ellos dos nada más y un teléfono. Al diablo se fueron Heavenly y su papá, la tía Nonnie, Tom Junior, Stuff, Scottie, Bud, Violet, Edna, el gerente del hotel y los tres hombres que están en el bar, el bar, la televisión y una hora y media de tiempo perdido. La obra se convierte de un mamotreto en una buena obra en un acto; con dos papeles extraordinarios (y en este caso extraordinariamente actuados), ella con la impudicia que debieran tener todas las actrices, y él con la despreocupación de su belleza, que debieran tener los actores guapos. ¿Y el teléfono? Era uno de ésos de plástico que pesan cien gramos y tienen el cordón del auricular de cuarenta centímetros; no hubo una vez que lo descolgaran que no saliera volando. Yo estuve desesperado, creyendo que era un error del utilero. En un momento dado Chance en el lado izquierdo del escenario llama a Sally Powers, y cuando logra la comunicación le tiende el aparato a la princesa, que está asfixiándose en el extremo opuesto; entonces, se levanta (Chance) y empieza a cruzar hacia ella, hasta que... ¡horror! se acaba la extensión en el centro. La princesa viene hasta él, pero como el otro cordón es demasiado corto, tienen que colocar el aparato en el suelo, y la princesa despatarrarse para hablar por teléfono y dar la escena culminante de la pieza.

Betty Field siempre gozó entre mis amistades de la fama de bella y de excelente actriz. Como yo nunca le había notado ninguna de las dos cualidades, a pesar de estar viéndola en el cine desde hace unos veinte años, estaba yo dispuesto a embriagarme con su arte ahora que por primera vez la vería de carne y hueso en el papel de la señora Venable en De pronto en el verano. ¡Y que va entrando! A ham if I ever saw one! Es lo que se llama una actriz "característica": distraída, torpe, con voz chillona, llena de todas las mañas habidas y por haber, de esas que, cuando le da la gana, da el personaje que representó la noche anterior, o el año anterior; se le traba la lengua... etcétera. William Daniels, que en El pájaro hizo un papel corto, en ésta hacía el del doctor Curkrowicz, que es difícil y bastante estúpido, pero lo desempeñaba bien (desde luego mucho mejor que Montgomery Clift), porque es un excelente actor. La señora Nydia Westman, que hacía la señora Molly, es una de esas viejitas que pululan en el cine y en el teatro americanos, cuya única virtud consiste en parecerse a cuarenta millones de americanas; Rita Gam, en cambio, es una inglesa grandulona muy apetitosa, que hizo todo lo que se puede hacer con el papel de Catherine, que tiene una escena que yo creo que no ha nacido quien pueda representarla sin producir en el espectador la sensación llamada MU, que consiste en sentir vergüenza de pertenecer al género humano. La escena en cuestión va más o menos así: Catherine está contando lo que sucedió el último verano en Cabeza de Lobo, y en el momento culminante dice: "Se oía un ruido como...
El doctor: ¿Cómo qué?
Ella: [se levanta tiesa de la silla] ¡Umpa! ¡Umpal ¡Uuuuumpa!
El doctor: Ah, ¿como el de la tuba?
Ella: Eso es, como el de la tuba.
El doctor: [apuntando la descripción] Umpa, umpa, umpa, como una tuba.
Ella: Umpa, umpa, como una... [Nota: no está dictando, sino repitiendo como poseída.]
El doctor: ... tuba."

La escenografía era bastante agradable.

Me da la impresión de que esta obra fue escrita por Tennessee Williams partiendo del título; es decir: un día se puso a pensar ¿qué sucedió el último verano? Todos los personajes hablan del último verano, y él, como el doctor Curkrowicz, sin entender ni una palabra; y fue escribiendo la obra y la cosa fue creciendo, hasta que tuvo que inventar una gorda, para justificar tanto trabajo.

La segunda función consistió en La señorita Julia, que, contra lo que todos esperábamos, pasó sin pena ni gloria, y en una excelente representación del Cuento del Zoológico de Albee, del que no trataré ahora por... porque no quiero. Lo más notable de esta función fue la entrada de una señora en una de las plateas, cercana a la presidencial, que en medio de un silencio sepulcral dijo a voz en cuello: I can't see a Goddam thing from here. Que mi refinada educación me impide traducir.

Soy una cámara confirma la teoría del señor Walter Kerr, que dice que John Van Druten es uno de los peores escritores en existencia. La obra en cuestión está basada en unos cuentos de Isherwood, muy apreciados por los conocedores. Yo tuve oportunidad de ver la película hace unos años, y el personaje de Sally Bowles me encantó, pero ahora que veo la pieza me da la impresión de que ha de ser muy limitado, porque dos actrices tan diferentes entre sí como Julie Harris y Rita Gam tienen que hacer con él exactamente lo mismo. En resumidas cuentas, es la historia de una muchacha que dice con mucha frecuencia: Ma-h-velous! Oh, dear, you look like something or other! etcétera...

Bwana Rayes

La primera pregunta que cabe hacer de la compañía del Theatre Guild que trajo la señora Hayes el mes pasado es: ¿cómo reunir un grupo de actores que tengan en común tantos clichés sin lograr unidad de estilo? A mí me parece inexplicable. Y luego, el repertorio. Si lo que pretendían era darnos una muestra de lo que se hace en Estados Unidos, era incompleto, porque se hacen cosas mucho mejores; si era una muestra de lo que a ellos les gusta, estaban en la calle; si era lo que creían que nos iba a gustar, estaban equivocados.

Alguien dijo la otra noche que La maestra milagrosa era un "súper Ionesco". Vamos a ver: La acción es cruel. [p. 31] Muy bien, hasta allí puede tener algo en común con Ionesco; pero desde el momento en que se le agrega el comentario implícito de: "ésta es la historia de una persona real", desaparece toda posibilidad metafórica, y la pieza se convierte en melodrama, con el público exclamando de vez en cuando: "Ay, ¡pobrecita niña!" Así que en el mejor de los casos es un "sub Ionesco".

El zoológico de cristal es una pieza que todos estamos destinados a ver, aunque no nos guste, cuando menos tres veces en nuestras vidas. A mí no me gusta y ya la he visto seis veces.

Trataremos ahora, ¡oh, Teótimo!, de The skin of our teeth. Tuve oportunidad de verla en Nueva York, cuando la misma compañía regresaba de la gira que tuvo tanto éxito en Europa, en 1955. Ahora la voy viendo en México remontada, pero como para los caníbales. La escenografía, que era muy sobria, la llenaron de colorcitos espantosos para que fuera gozada con mayor fruición por el público de colorful Mexico, y todos los efectos cómicos fueron exagerados por la misma razón, así que el resultado viene siendo cuatro o cinco gentes "haciéndose los chistosos" en escena, mientras un público de dos o tres mil personas dormita plácidamente en la sala. Lo peor de todo es el final: cuando el último de los astros pasa diciendo: "Dijo el Señor: 'Hágase la Luz', y la Luz fue hecha", se produce un oscuro. Se oyeron unos aplausos, la gente se levantó y salió del teatro en tinieblas; y cuando se volvió a encender la luz del escenario y salió June Havoc a decir los primeros parlamentos de la pieza, y luego: "Aquí es donde ustedes llegaron, así que ya pueden irse a sus casas"; ya no había un alma en la sala.