FICHA TÉCNICA



Título obra Cenizas que arden

Autoría Antonio Mediz Bolio

Elenco María Teresa Montoya, Fedora Capdevila, Josefina Ortega, Ricardo Mondragón, Gustavo Rojo, Juan Gabarrón

Espacios teatrales Teatro Ideal

Referencia Armando de Maria y Campos, “Cenizas que arden, poema dramático, de Antonio Mediz Bolio, por la Cía. de María Tereza Montoya”, en Novedades, 21 septiembre 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Cenizas que arden, poema dramático, de Antonio Mediz Bolio, por la Cía. de María Tereza Montoya

Armando de Maria y Campos

Después de representarla con éxito en Mérida de Yucatán, María Tereza Montoya ha dado a conocer al público de la metrópoli la última producción dramática del famoso autor yucateco Antonio Mediz Bolio Cenizas que arden, definida como "poema dramático en tres encuentros", es decir, en tres actos. María Tereza Montoya estrenó Cenizas que arden el 8 de febrero de 1948, y entonces se dijo, como ahora se ha confirmado, que Mediz Bolio escribió esta pieza especialmente para María Tereza, comenzando los primeros actos hace algún tiempo, antes de que implacable enfermedad lo recluyera en su retiro de Ochil, en el camino de Progreso a Mérida, y el último con motivo de la visita que la Montoya hizo a Mérida en plan profesional a principios del año citado.

Antonio Mediz Bolio es a la fecha probablemente, el decano de nuestros autores teatrales –nació en Mérida el 13 de octubre de 1884– y el que cuenta con producción más sólida y variada. Sus primeras obras dramáticas datan de 1904, pero su primer libro de versos –Evocaciones– fue publicado en Mérida el año anterior. La guerra se titula su primera pieza dramática, que no sé si llegó a estrenarse. La segunda, titulada Alma bohemia, fue estrenada por la Cía. de Joaquín Coss, en 1905 en el teatro-circo yucateco. Se trata de una obra a la manera de Echegaray, autor que privaba entonces de una manera absoluta en los escenarios de México, y más aún en los de provincia. Todavía se advierte la influencia de Echegaray en su segunda obra estrenada, Las dos noblezas, comedia en tres actos que lo fue por la Cía. de Francisco Fuentes en diciembre de 1906 en el "Circo teatro", no importa que Mediz Bolio, arrastrado por el éxito lírico que había alcanzado en Europa el Cyrano de Rostand, le intercalara hábilmente algunos trozos poéticos de la pieza de Rostand. Dos años después estrena en el Salón Actualidades, de Mérida, un drama lírico, con música de Ernesto Mangas, Suerte perra, reflejo de la producción costumbrista de los hermanos Quintero, muy representados desde entonces en México.

Mediz Bolio se traslada a México, y, de espíritu revolucionario, hace política antirreeleccionista. Escala la subdirección del diario de combate México nuevo. Este es el periodo en que estrena Vientos de montaña, comedia en tres actos (1909), Mirza, poema sinfónico con música de Cornelio Cárdenas (1910) y El verdugo, comedia dramática en dos actos, representada en Mérida y México, y El sueño de Iturbide (1910). Interviene Mediz Bolio en la lucha revolucionaria, combate al gobierno de Huerta, y se refugia, expatriado, en Cuba.

No abandona sus trabajos de autor dramático. A principios de 1917 se estrena en el Teatro Peón Contreras, de Mérida, su opereta en un acto El marquesito enamorado, con música de Cornelio Cárdenas, y ese mismo año, el 19 de diciembre, la compañía de Ricardo Mutio y Dora Vila, que actuaba en el Peón Contreras representa La ola, comedia en tres actos, todavía echegarayesca pero también ya benaventina, escrita bajo la influencia de ideas de renovación social, combativa, en la que aboga por el establecimiento de un nuevo orden de cosas. Se representó con frecuencia en Mérida, en México, y llegó a subir a la escena en Buenos Aires el (1 de septiembre de 1922), donde no fue comprendida. El 20 de febrero de 1918 y también representada por la Cía. de la Vila y Mutio, se estrenó en el Principal, de Mérida, su poema escénico en tres jornadas, en verso, La flecha del Sol –que es "el canto del advenimiento de nuestra raza indoespañola"–, un poco a la manera de Villaespesa y Marquina. Se representó en México, y luego, en 1919, fue convertida en ópera por el maestro italiano José Micelli, cantándola Elena Sánchez Valenzuela y Josefina Llaca; José Limón, en la plenitud de sus facultades, Angel Esquivel, José Torres Ovando, Miguel Flores, etc. Este suceso está íntimamente ligado a mi vida de cronista del teatro. Dirigía entonces El Heraldo de México Mediz Bolio, y la noche del estreno de La flecha se dio cuenta de que el diario carecía de cronista de teatro y de ópera, y tuvo la bondadosa deferencia de mandarme llamar y designarme crítico de teatro y música de aquel diario, dos horas antes del estreno de la ópera mencionada. Escribía yo entonces crónicas de teatro en varias revistas: Mefistófeles, El Heraldo Ilustrado, etc., y gracias a Mediz Bolio me pude codear con Sorondo, que hacía las de El Universal, con Alberto Michel, de Excélsior, con Manuel Bauche Alcalde, que firmaba "Duque de Mantua", de El Demócrata...

Las labores periodísticas primero, tan absorbentes de por sí, y las comisiones diplomáticas después, distrajeron al gran autor que todavía alienta en Mediz Bolio. El 15 de agosto estrenó en una fiesta teatral en que fue coronada Reina de la Simpatía en el teatro Iris la tiple española Consuelo Mayendía, una loa titulada "El acatamiento de don Quijote a doña Consuelo Mayendía, alta y vencedora princesa de la Jácara y del Donaire", que, por cierto, no han mencionado sus biógrafos Zavala y Gamboa Ricaldi. La compañía de Martínez Sierra y Catalina Bárcena le estrenó en Mérida, el 10 de enero de 1928, su pieza en un acto y cuatro jornadas, La tierra del faisán y del venado, y aún no se han estrenado, que yo me haya enterado, sus otras piezas, Soñando (1924), La fuerza de los débiles (1927), Rayo de sol, Manelich y El asesino (1930). Mediz Bolio ha escrito textos para varios poemas sinfónicos, y un argumento para cine llevado a la pantalla La noche de los mayas (1940), Cenizas que arden, estrenada en el teatro Ideal, de México, la noche del 15 de septiembre en curso, es una comedia dramática, de corte (cómo no si Mediz Bolio tiene a orgullo ser benaventino), de las mejores del autor de La noche del sábado, interesante desde luego, amena y escrita con un alto y cálido aliento poético. La trama, muy sencilla, se desarrolla en un ambiente cosmopolita –el de la zona del canal de Panamá– y en ella intervienen personajes pintorescos. Una cantante de ópera mexicana, que ha recorrido el mundo, se encuentra con un antiguo enamorado, a punto de divorciarse de una norteamericana la que, por un secreto profesional, lo tiene esclavizado. El autor habla, cuando le conviene hacerlo, por boca del personaje Chandra, un filósofo hindú. En determinada escena las dos mujeres se encuentran, se exaltan, y él, entre las dos física y espiritualmente, interviene y se ve obligado a matar, único recurso para lograr su libertad espiritual. No es Cenizas que arden mejor que las otras obras de Mediz Bolio que conocemos, pero sí es excelente pieza melodramática, trazada con mano maestra, muy bien hablada, y, lo que es más, muy teatral.

Cenizas que arden mereció muy estimable interpretación de parte de María Tereza, Fedora Capdevila y Josefina Ortega, Ricardo Mondragón, Gustavo Rojo, Gabarrón, etc. La escena fue montada con la dignidad que es característica del buen gusto de su oficio de Ricardo Mondragón.