FICHA TÉCNICA



Título obra Cuauhtémoc

Autoría Efrén Orozco Rosales

Dirección Salvador Novo

Elenco Julio Taboada Walker

Música Carlos Chávez

Notas de Música Emilio Carballido

Grupos y compañías Integrantes de la Escuela Teatral del INBA, Academia de Danza Mexicana delINBA y de la Escuela Nacional de Educación Física de la SEP

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Productores Julio Prieto

Notas Obra ganadora de l concurso de textos teatrales sobre Cuauhtémoc, convocado por la Secretaría de Educación Pública

Referencia Armando de Maria y Campos, “El espectáculo Cuauhtémoc que se ha presentado en el teatro de las Bellas Artes es magnífico”, en Novedades, 16 agosto 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

El espectáculo Cuauhtémoc que se ha presentado en el teatro de las Bellas Artes es magnífico

Armando de Maria y Campos

Difícilmente podría ser superada, en cualquier escenario del mundo, la presentación y postura del espectáculo Cuauhtémoc con que ha venido a resolverse el concurso que para premiar una obra de teatro sobre la vida y muerte del último emperador de los mexicanos convocara a principios de este año la Secretaría de Educación Pública. Nos cupo el honor de formar parte del jurado calificador que premió esta obra, la mejor sin duda, entre tantas que fueron presentadas, y que, escritas, la simple lectura lo denunció, por personas que desconocen, muchas de ellas en absoluto, la técnica teatral, la mayoría se apegó tanto a las crónicas y relaciones sobre el tema, que resultaron lecturas dialogadas de textos históricos conocidos. La premiada, que envió el profesor Efrén Orozco Rosales, reveló que su autor no ignora el secreto de presentar personajes, mover masas, y utilizar con cautela y medida los textos históricos. Sin embargo, se previno en el acta respectiva, que su obra debería ser modificada en la medida que lo exigieran las circunstancias que la llevarían a su representación en el teatro del Palacio de las Bellas Artes. No sucedió lo mismo con la obra que correspondía a la rama del teatro infantil y que mereció un premio benévolo y condicional, casi privado, como deberán ser sus representaciones, únicamente para escolares, si es que alguna vez se resuelve presentarla.

El Cuauhtémoc de Efrén Orozco Rosales es una pieza de teatro sin clasificación académica determinada, guión escrito con respeto y limpieza, apegado a los textos históricos, para que sirviera de base a un espectáculo, como tantos que ha presentado la Secretaría de Educación y que... son obra y gracia del autor de Cuauhtémoc. Conviene que el lector sepa quién es Orozco Rosales. Nació Orozco Rosales en Tulancigo, Hgo., en julio de 1903. Hizo sus estudios superiores en la Escuela Nacional de Maestros donde adquirió sus primeras experiencias en el arte escénico, al formar parte del cuadro teatral de la propia escuela, durante tres años. Aficionado a los deportes, realizó a la vez la carrera de maestro de educación física, logrando así que su preparación profesional, su afición al teatro y sus experiencias adquiridas en el manejo de los grandes conjuntos, lo llevaran a la concepción del teatro mexicano de masas, en cuyo esfuerzo se ha especializado.

Cuentan en el acervo de su producción y realizaciones de masas: Liberación(1929); la escenificación de El nacimiento del Quinto Sol y sacrificio gladiatorio, presentado en San Juan Teotihuacán, en 1931, "producción" –entonces no se usaba este término–, del gran pintor y escenógrafo Carlos E. González; El mensajero del Sol, presentado en 1941 en el Estadio Nacional y, en éste como en otros escenarios abiertos, los ballets Siembra (1946), Xochilhuitl (1949) y Xocol (1948). En teatro dialogado, didáctico para ser preciso, ha puesto en escena El maestro rural (1938), Tierra y libertad (1937), y la escenificación del cuento Por qué, de Virginia Zur Mihülen. Su última realización presentada en el Palacio de las Bellas Artes fue La redención del indio (1950), a base de coros narrativos, música interpretativa, danzas, plástica y movimiento escénico. Con tan rico bagaje de experiencia llegó al concurso que premió su pieza en tres actos Cuauhtémoc.

Julio Prieto y Salvador Novo, "productor" y escenógrafo impar y director, respectivamente, hicieron del Cuauhtémoc de Orozco un espectáculo mexicano y universal como difícilmente podría ser representado mejor en cualquier soberbio escenario del "gran teatro del mundo". Respeto a la verdad histórica y exaltación del símbolo; reproducción precisa, exacta, majestuosa e imponente, de los diversos escenarios de la Conquista, usando del magnífico foro giratorio de nuestro coliseo máximo: trajes, armas y utilería, es decir, postura escénica, no inspirada, o de imaginación, sino extraída de documentos gráficos y escritos –códices, crónicas y relaciones–; danzas auténticas y un extraordinario acierto para mover más de cien personajes que frecuentemente están en escena durante la simulación de las batallas, la huida de Cortés hacia la Noche Triste, la expedición a las Hibueras, o bien cierto plástico en escenas tan difíciles como las del motín de los indios contra Moctezuma, la coronación, y la del tormento a Cuauhtémoc, todo ello vitalizado por un fondo o comentario musical de Carlos Chávez –que manejó Emilio Carballido– en que se funden, como después había de suceder con las sangres, lo indio con lo español.

El espectáculo Cuauhtémoc de Orozco, Prieto, Novo, Chávez, Covarrubias, etcétera, tuvo que ser interpretado por contingentes de la Escuela Teatral del INBA, de la Academia de Danza Mexicana del mismo Instituto, y de la Escuela Nacional de Educación Física de la SEP. La nómina de personajes principales fue confiada a alumnos becados, excepción hecha del Cuauhtémoc, que fue interpretado por un joven y talentoso actor, Julio Taboada Walker. Todos desempeñaron con sentido de responsabilidad a conciencia. Sería de justicia mencionar a cada uno de todos; pero la mención se haría interminable.

Lección admirable Cuauhtémoc, de un símbolo y de una hazaña hecha teatro magnífico, es decir, lección objetiva y certera, ni "malinchista" ni indigenista. Juzgue el lector del contenido mexicano de la obra por las palabras de Cuauhtémoc antes de ser llevado al martirio:

–No temo al fuego. Es mayor el tormento de ver a mi pueblo sojuzgado, saqueado, explotado por la ambición de los extranjeros. El fuego purifica y sublima. Hace que la materia vil del barro del hombre suba en humo a los cielos poblados de estrellas. Sois vosotros los que teméis al fuego; lo que en vuestra religión traéis por todo freno de la conciencia y por todo límite a vuestra maldad el temor del infierno y el miedo de la muerte. Torturadme –gozaos en vuestra saña–, del tesoro nunca sabréis. El oro de México –su pureza, su esencia– no se entregará jamás por fuerza de la codicia. El tesoro de México está en nuestra sangre, que derramáis insensatos; en nuestro suelo, que profanan vuestros soldados. Y no será nunca sino de los mexicanos"...

Cortés, impaciente, se limita a ordenar, enérgico:

–¡Llevadlo!