FICHA TÉCNICA



Título obra Soy casado, señorita

Autoría José Muñoz Román

Dirección José Muñoz Román

Elenco Lepe, Cervera, Barbero, Camardiel, Trudi Bora, Enriqueta Claver, Maruja Martín, Nelia del Plata

Escenografía Julio Prieto

Música Alonso Guerrero

Grupos y compañías Compañía de José Muñóz Román

Espacios teatrales Teatro Esperanza Iris

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de Soy casado, señorita, revista española, por la compañía de Muñoz Román, en el teatro Iris ”, en Novedades, 13 agosto 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de Soy casado, señorita, revista española, por la compañía de Muñoz Román, en el teatro Iris

Armando de Maria y Campos

Más de veinte años de éxitos consecutivos han hecho de José Muñoz Román una de las figuras más sólidamente destacadas entre los libretistas españoles contemporáneos de revistas y operetas, sainetes líricos o como se llame a ese género híbrido y alegre compuesto por retazos de situaciones teatrales, cuentos picantes y chascarrillos, zurcidos con melodías fáciles y pegajosas, que dan oportunidad para que en la escena sucedan cosas, se cante y se baile.

Desde el año de 1925 este escritor aragonés añade año con año la gema teatral de un éxito ruidoso a su corona de triunfos. Cada temporada madrileña, Muñoz Román hace a su parroquia de la Villa del Oso y del Madroño el regalo de su ingenio travieso y de su humor de fácil alcance. Algunos éxitos de Muñoz Román han sido representados en México antes de ahora. Su obra más famosa y representada por estas alturas mexicanas ha sido Las Leandras, que en su primera etapa, en el Arbeu, a principios de la década de los treinta, rebasó el centenar de representaciones y consagró como una de las tiples españolas más queridas y populares entre nosotros, tanto que desde entonces reside en México, a Adelita Trujillo, cuya creación de "Los nardos" no ha sido superada todavía por ninguna tiple, española o mexicana, de tantas como han cantado después este afortunado couplet. El chotis del "Pichi" fue cantado en su tiempo tanto como cualquier afortunada canción de Lara o de Esparza Oteo, y el personaje central masculino de esta ingeniosa pieza, el "Pajarero", proporcionó al "Chato" Ortín primero, y a Angel Garasa después, oportunidades para que, cada uno en su estilo, lograran sendas creaciones; ahora no se concibe unas Leandras sin que intervengan o Garasa u Ortín. El señor Muñoz Román cuenta entre nosotros con sólida popularidad y el crédito que con Las Leandras le tiene abierto nuestro público, es punto menos que amplísimo. Otras obras suyas estrenadas a la sombra de Las Leandras han alcanzado menos éxito. En cambio, en Madrid, cada pieza de Muñoz Román, no importa qué maestro se encargue de la partitura, es un "cañonazo", como se califica en argot teatral un acierto que se resuelva en "taquillazo", otro término de entre bastidores, y no de entre bambalinas, como dice la mayoría de los que escriben cosas de teatro, sin caer en la cuenta de que para andar entre bambalinas abría de ir volando...

De Las Leandras a Las faldas o de Las de los ojos en blanco a Mujeres de fuego, con Las vampiresas o Las tocas, Muñoz Román acaparó la atención de público y empresas. A esta etapa de éxitos madrileños arrolladores, siguió otra en la que Muñoz Román (ya probablemente empresario de su propio ingenio y espectáculo), con Ladronas de amor, Que se diga por la radio, Luna de miel en El Cairo, Doña Mariquita de mi corazón, Yo soy casado, señorita, Cinco minutos nada más, y el más reciente, Moreno tiene que ser, la mayoría de ellos en el Martín, el coliseo popular madrileño, se impuso como autor que tenía la obligación de "hacer América".

Muñoz Román tiene el secreto de llegar a su público dándole libretos fáciles, con exceso de situaciones cómicas que no le escatimen pretextos para que se sucedan dúos, tercetos, bailables, coros, evoluciones, por muchachas jóvenes y bonitas, vestidas –es un decir, por más que nunca se llega al descoco–, arbitrariamente, no siempre con gusto, pero siempre con colores alegres. Atrás de lo que pasa en escena, y cuántas cosas pasan en los libretos de Muñoz Román, siempre a base de quid pro quos, se cuelgan decoraciones sencillas, sin complicaciones y a tono con trajes y muebles. No descuida Muñoz Román la colaboración musical, siempre confiada a los maestros más populares del género: Alonso, Guerrero, Guerrero, Alonso...

Cada vez se pone más difícil el género de revista por esos teatros de todas partes. En el estreno de Vivito y coleando (Alive and hicking), revista dada a conocer en Nueva York recientemente, intervinieron diez compositores, doce actores y cuarenta y dos intérpretes destacados en el mundo de las variedades. La obra fue dirigida por Robert H.

Gordon y los cuadros coreográficos por Jack Cole. Al día siguente la crítica se mostró agresiva con el nuevo espectáculo: "Tanta gente y un solo aburrimiento", dice un comentarista. Y otro añade: "Lástima de tiempo y dinero". Con Muñoz Román no se podría llegar a decir tanto. Al revés, con sus revistas, como en esta Yo soy casado, señorita, se aburre uno de divertirse con las situaciones cómicas de probado éxito, con tanto chascarrillo venga o no a cuento el cuento, con tanto número musical pegajoso, compuesto originalmente para esta revista, o para otra, y cuyo éxito ya fue probado, porque en las revistas alegres y desenfadadas de Muñoz Román cabe todo, o todo en ellas se encuentra, como en La Lagunilla mexicana o en El Rastro madrileño.

Para obras de tan alegre desenfado como Doña Mariquita de mi corazón y Yo soy casado, señorita, Muñoz Román precisa actores de comicidad extrema. Los que trajo a México –Lepe, Cervera, Barbero, Camardiel– se han saltado a la torera la barrera de los extremos, y convierten el escenario en regocijada pista circense, con todas sus licencias; los cuatro forman un difícilmente superable cuarteto de clowns, o de payasos, para decirlo como Dios manda. En cambio, las vedettes saben guardar –y mostrar a la vez– la línea responsable de la belleza y de la gracia; son cuatro también: Trudi Bora, Enriqueta Claver, Maruja Martín y Nelia del Plata.

Soy casado, señorita tiene libreto absurdo, pero entretenido. Música –¿toda de Guerrero?– alegre, pegajosa. Está bien montada y muy bien movida.