FICHA TÉCNICA



Notas El autor comenta el corrido de Camelia la texana y establece una relación con la situación de la ciudad de Culiacán a mediados de la década de los setenta del siglo XX

Referencia Óscar Liera, “Camelia la texana”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 26 junio 1977, p. 8.




Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Camelia la texana

Óscar Liera

Después de las gestas revolucionarias de la Adelita, la Marieta y la muy sinaloense Valentina, pocas mujeres habían pasado al dominio popular con tal fuerza como en la actualidad encontramos a Camelia la texana. Camelia la texana se nos revela como un fantasma portador de una dolorosa realidad social. No sabemos exactamente si la heroína del famoso y popular corrido sea o haya sido un personaje auténtico, ni nos interesa saberlo; lo que es de vital importancia para nosotros es que se haya convertido, ella y sus aventuras, en una historia del gusto popular, que haya una verdadera identificación del asunto con el pueblo y que el público se solace escuchando este corrido.

El corrido. Los estudiosos del corrido mexicano están de acuerdo en que éste procede del romance español. El romance llegó junto con las huestes de Hernán Cortés y desde entonces ha sido el género preferido de los poetas y de los músicos populares; el pueblo lo ha usado como una necesidad espiritual y como una forma de comunicación dado que la versificación del romance se presta para la narración. Un día, el romance se volvió corrido y desde entonces el alma popular no ha podido prescindir de él. Cuando se inició la lucha por la Independencia se buscó la manera de desligar el corrido de los aires españoles, identificándolos, a veces con el tempo del vals, o tratando de adaptarlos al ritmo de la polka pieza de origen popular checa. El maestro Carlos Chávez, México y la cultura. SEP, dice refiriéndose al corrido: “Ojalá la fuerza de creación estuviera a la altura de la literatura, es decir, que hubiera sentido de desarrollo, de variedad de movimiento de la idea musical, como lo hay en la idea literaria”

Centrándonos, pues, en el asunto literario y dejando el aspecto musical fuera de este estudio, nos encontramos ante una serie de acontecimientos que nunca son ficticios sino reales “se ciñen con fidelidad a la cifra, a las efemérides y al suceso”, apunta González Alpuche, “por ser el producto virtual de lo multitudinario y colectivo, que hasta hoy expresa equivocadamente o no la sinceridad popular, siempre generosa y veraz”.

La realidad social. Situémonos ahora en la capital americana del narcotráfico, antes San Miguel de Culiacán, y que fuera fundada por Nuño de Guzmán en los primeros años de la conquista. Culiacán, como tantas otras villas del norte del país, quedó relegada en el inventario nacional y desvinculada del centralismo mexicano. Un día, los sinaloenses supieron que eran libres de España y mucho después, que el idioma que hablaban había tenido algunos cambios, por eso los arcaísmos abundan en Sinaloa como el agua: Once Ríos, el Mar Bermejo y el Océano Pacífico. La tierra es muy fértil, lo que se siembre nace. El Estado de Sinaloa no pudo conservar la armonía arquitectónica en ninguna de sus ciudades, la preocupación de siempre fue el campo.

La universidad de Sinaloa entró en conflictos cuando fue gobernador el insigne Leopoldo Sánchez Celis, quien al comenzar su periodo retiró el subsidio a la Orquesta Sinfónica del Noroeste que tenía su sede en la ciudad de Culiacán y hacía giras por las principales ciudades del Estado: desintegró la banda de música: clausuró el zoológico de la ciudad: el Museo regional cerró sus puertas y se suspendieron las publicaciones que hacía el Gobierno del Estado sobre historia y literatura. Con sólo dos cines en la ciudad de Culiacán, las cantinas fueron cada vez más frecuentadas por los jóvenes pero entonces se lanzó la genial “campaña contra el vicio”, consistente en el cierre de algunas cantinas y la prohibición de venta de cerveza en tiendas de abarrotes. Naturalmente que los sinaloenses, entre el clima caluroso y la tradición cervecera, se las ingeniaron para conseguir la cerveza en cualquier sitio; o bien, ante la carencia de todo, el consumo y tráfico de drogas representaba formas de escape.

El cultivo de la marihuana y la amapola escaló cimas insospechadas. Los narcotraficantes se vieron en la posibilidad de comprar armas y comenzaron a desfilar por la ciudad de Culiacán los últimos modelos de metralletas y pistolas. Los crímenes empezaron a sucederse en el área de la ciudad. Los muertos podían ser hombres contrarios a un determinado bando, o bien algún desdichado al que habían confundido. Las noticias de los diarios se basaban en la detallada descripción de los crímenes de la noche anterior. Las conversaciones entre los jóvenes y aun entre los niños eran siempre sobre el asunto. A veces sorprendía a los círculos sociales saber que alguna familia se dedicaba al tráfico de drogas, y a veces la noticia ya era esperada. Algunas señoras “de sociedad” muy conocidas, eran detenidas en la frontera porque les descubrían cocaína en el pelo, dentro de los tubos. La cárcel de Culiacán siempre contaba con algunas de estas señoras que se pasaban las tardes jugando canasta en las celdas y encargando la comida a los mejores restaurantes de la ciudad mientras los abogados llegaban a un acuerdo en cuanto a la fianza o multas.

Un día nació, para la gloria y fama de la ciudad, la “ruleta culichi”, inspirándose ésta en la angustiosa “ruleta rusa”; coinciden las dos en que se juega con una pistola y una sola bala en la granada; en la ruleta rusa se hace girar la granada y cada uno se los jugadores se apunta a su cabeza; en la “culichi”, los jugadores van en un coche, generalmente al oscurecer, se gira la granada y se apunta al primer transeúnte que aparece. Muchas veces acertaron y hay cantidad de muertes inexplicables.

El temor comenzó a invadir a ciudadanos y la gente fue encerrándose cada vez más y más en el seno familiar sin atreverse a salir a la calle por las noches. Las contiendas, a veces, llegaban a durar hasta dos horas: carros a altas velocidades por el centro de la ciudad, chirriar de frenos, choques, metralleo interminable, gritos de dolor o de injuria, las balas entrando por las ventanas de las casas, la gente temblando de miedo bajo las camas y todavía alguien se atreve a decir que hay una complicidad en los sinaloenses. Se necesitaría haber vivido allá y haber visto pasar los carros de los “gomeros” con cristales polarizados y aire acondicionado, como fantasmas, cruzando la ciudad como dueños absolutos de ella.

A veces a pleno sol había enfrentamientos de coche a coche. Los pasantes y la policía echaban a correr. Otras veces, en una esquina simple y sencillamente alguien caía muerto y algún coche sin placas aceleraba la marcha. En los bailes, velorios, bautizos, las ráfagas de metralleta siempre estaban presentes como el toque muy mexicano de un ancestral machismo que ya se venía arrastrando en el peregrinar del honor y la honra de la península Ibérica.

Cuando fue exhibida la película El padrino en la ciudad de Culiacán, el éxito no se hizo esperar y pronto hubo una familia que requiriera el nombre de los Corleone; en la ciudad hubo también un Padrino y algunos otros narcotraficantes lograron identificarse con personajes del filme. El Boston de los años veintes era un tímido lirio desmayado frente a la ciudad de Culiacán.

Conclusión. Si la literatura es una institución social que se vale del lenguaje como medio de expresión y si encontramos en el corrido la expresión más popular de nuestro pueblo, nos encontramos ante nuevos mitos como son Camelia la Texana, la banda del carro colorado y otros que comienzan a tener vigencia en nuestro pueblo, y así tenemos que la esencia de la literatura popular actual, con su carácter narrativo y legendario, se resume en este romance:

Salieron de San Isidro
procedentes de Tijuana
traían las llantas del carro
repletas de yerba mala:

eran Emilio Varela
y Camelia la Texana.

Pasaron por San Clemente
los paró la emigración
les pidió sus documentos
les dijo de dónde son:

ella era de San Antonio
una hembra de corazón.

Una hembra, si quiere un
hombre
por él puede dar la vida
pero hay que tener cuidado
si esa hembra se siente herida:

la traición y el contrabando
son cosas incompartidas.

A los Ángeles llegaron;
a ‘Jalibud’ se pasaron

en un callejón oscuro
las cuatro llantas cambiaron:

‘ai’ entregaron la hierba
‘ai’ también les pagaron.

Emilio dice a Camelia
hoy te das por despedida
con la parte que te toca
tú puedes rehacer tu vida:

yo me voy pa’ San Francisco
con la dueña de mi vida.

Sonaron siete balazos
Camelia a Emilio mataba
la policía sólo halló
una pistola tirada:

del dinero y de Camelia
nunca más se supo nada.

Octosílabos mixtos muy bien medidos que han hecho que el público popular se estremezca con estas hazañas que sí reflejan el sentir del pueblo.

Después aparecieron otros corridos: Ya encontraron a Camelia, La venganza del hijo de Camelia y otro que trata sobre la novia de Varela, pero éstos han sido más bien efectos del primer éxito, de la publicidad y de las casas disqueras.