FICHA TÉCNICA



Título obra Saber morir

Autoría Wilberto Cantón

Dirección Enrique Ruelas

Elenco Isabela Corona, Pituka de Foronda, Carmen Guillén, Rodolfo Landa, Miguel Manzano, Ramón Gay, Eduardo Salas, Luis Peón Valdéz, Leopoldo Zincúnegui, Enrique Nájera

Escenografía Julio Prieto

Música Miguel Alemán, hijo

Espacios teatrales Teatro Ideal

Eventos Temporada de teatro mexicano contemporáneo de la Union Nacional de Autores

Referencia Armando de Maria y Campos, “Saber morir, pieza en tres actos de Wilberto Cantón, con ilustraciones musicales de Miguel Alemán, hijo, fue presentada por la Unión Nacional de Autores”, en Novedades, 10 agosto 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Saber morir, pieza en tres actos de Wilberto Cantón, con ilustraciones musicales de Miguel Alemán, hijo, fue presentada por la Unión Nacional de Autores

Armando de Maria y Campos

El interés que el teatro de Jean-Paul Sartre despierta en Europa debe haber influido directamente en el ánimo de Wilberto Cantón, joven escritor mexicano que pasó por París cuando el drama Las manos sucias constituía la mayor atracción teatral de la capital francesa, al planear la construcción de su pieza en tres actos Saber morir, que la Unión Nacional de Autores ha incorporado a su temporada de teatro mexicano contemporáneo, durante la que ha presentado obras de nuestros más representativos autores. Cantón se había acercado antes a la luz absorbente de las candilejas con su pieza en un acto, Cuando zarpe el barco, que le estrenó el grupo Proa, en el teatro de los telefonistas, el año 1947. Escribió su obra en París, asegúrase que en pleno barrio latino, recordando un hecho cierto, ocurrido hace algún tiempo en el sur de Norteamérica, que es lo que importa menos, si éste le daba pie como se lo dio, para llevar al teatro los problemas que él cree esenciales de su generación.

A su regreso a México, Wilberto sintió impaciencia por dar a conocer su obra. Primero, la envió a un concurso de obras dramáticas a que convocó la Sociedad Amigos del Teatro, de Mérida, Yucatán. Sin esperar el resultado de este evento permitió que Cuadernos Americanos la publicara en su número correspondiente a mayo-junio del presente año, y, enseguida, modificándole algunos fondos musicales a señaladas escenas –convirtiendo la pieza dramática en melodrama–, a la manera cinematográfica, la entregó a la dirección de la temporada que los directores de la Unión Mexicana de Autores vienen desarrollando dificultosamente en el teatro Ideal. La circunstancia ocasional de que el autor de los fondos musicales fuera el joven estudiante de jurisprudencia, Miguel Alemán, hijo del primer magistrado de la nación, provocó la atención del mundillo político y teatral centrándola en el estreno de Saber morir, provocando apasionada curiosidad.

Saber morir es una buena pieza de teatro, si se tiene en cuenta que es la primera producción seria, grande, de un escritor de talento que prueba sus aptitudes en género tan difícil y rebelde. Empieza con un acto muy sobrio, ágil y certeramente construido, y si los dos restantes carecen de acción, y se antojan menos fluidos, cúlpese al propósito del autor de hacer decir a sus actores sendos mensajes que atormentan sus almas. En verdad, la obra no precisaba de fondos musicales. Sin embargo, la audaz innovación musical no demerita la obra; al revés, le da cierto aire cinematográfico, muy de esta época. Los "fondos musicales" del joven compositor Alemán son de fácil y agradable melodía y revelan lo que su inquieta adolescencia podrá lograr en un futuro próximo. La noche del estreno de Saber morir nos parecieron confusos, tal vez a causa del equipo de sonido empleado. En representaciones sucesivas han aparecido más limpios sus temas ingenuos y amables.

Un excelente conjunto de actores representa con cariño y respeto la inquietante pieza de Cantón. Cada actor, todas las actrices, logran sendas creaciones de sus casi sin excepción discursivos personajes. El papel de Elvira parece hecho pensando en las aptitudes dramáticas de Isabela Corona. Ni le sobra pulgada, ni le falta pliegue para ser un personaje digno de su talla. Su Elvira es un indudable avance en su carrera. No podría decirse lo mismo de los otros dos personajes femeninos, confiados a la experiencia de Pituka de Foronda y a la afición de Carmen Guillén; sin embargo, ambas estudiosas artistas no desmerecen al lado de Isabela. El protagonista fue confiado a Rodolfo Landa, y el resto del reparto masculino corrió a cargo de actores experimentados unos, noveles otros, que lograron, cada uno dentro de sus posibilidades, centrar la atención del público en la anécdota político-sentimental en que intervienen. La obra fue decorada por Julio Prieto y dirigida por Enrique Ruelas. La decoración de Prieto, magnífica; la dirección de Ruelas, sobria.

Cantón llega al teatro porque siente que es en el teatro donde tiene que decir su verdad; lo que siente, piensa y desea su generación. ¿Es este el momento oportuno y el escenario lugar adecuado? El cree que sí; el público dirá la última palabra, acudiendo o no.

La noche del estreno el público que llenaba la sala del Ideal aplaudió con calor el primer acto y con reservas mentales al final, y tuvo cálidas muestras de aprobación por la interpretación feliz que Saber morir alcanzó de parte de Isabela Corona, Pituka de Foronda, Carmen Guillén, Diana Ochoa, Miguel Angel Ferriz, Rodolfo Landa, Miguel Manzano, Ramón Gay, Eduardo Salas, Luis Peón Valdéz, Leopoldo Zincúnegui y Enrique Nájera.