FICHA TÉCNICA



Notas Balance económico de la temporada de teatro de obras modernas escenificadas por la Compañía Mexicana de Comedia, en el Teatro Arbeu, y clausurada después de 6 meses

Referencia Armando de Maria y Campos, “Verdades y mentiras de nuestra vida teatral. Estreno de Los fugitivos de Usigli, en el Arbeu y de y por qué concluyó la temporada de comedia mexicana después de seis meses”, en Novedades, 28 julio 1950.




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Columna El Teatro

Verdades y mentiras de nuestra vida teatral. Estreno de Los fugitivos de Usigli, en el Arbeu y de y por qué concluyó la temporada de comedia mexicana después de seis meses

Armando de Maria y Campos

La comedia de Rodolfo Usigli Los fugitivos, estrenada en el Arbeu la noche del sábado 23 dejó de representarse el lunes 25 al ser clausurada la temporada que en ese coliseo venía desarrollando la Compañía Mexicana de Comedia a partir del 11 de marzo del presente año. Y durante la que fueron estrenadas la comedia Historia de una escalera de Antonio Buero Vallejo, premio Lope de Vega, del Ayuntamiento de Madrid. El cuadrante de la Soledad de José Revueltas, con escenografía de Diego Rivera, y La familia Barrett de Rudolf Bessier. Las dos primeras producciones rebasaron las 100 representaciones y la tercera pasó de las cincuenta, aunque, a decir verdad, el éxito económico nunca fue parejo al que artísticamente lograron autores e intérpretes de las tres obras mencionadas, las tres presentadas con mucha dignidad.

No obstante el éxito de interpretación y presentación de las comedias de Buero Vallejo, Revueltas y Bessier, la temporada tuvo que recorrer un largo vía crucis económico. La inversión de más de $ 20,000 que costó la postura escénica de El cuadrante de la Soledad desniveló francamente a los empresarios de la Compañía Mexicana de Comedia, quienes, desde ese momento, estaban virtualmente perdidos, si no contaban con la ayuda inmediata del público, único factor que con su presencia o con su ausencia decide en estos casos. El promedio de espectadores diarios no cubrió casi ninguna noche la muy alta "papeleta" inexcusable. Se empezaron a deber "sueldos" a los trabajadores teatrales, se inició la acumulación de diversos porcentajes por casa y energía eléctrica, comenzaron a brotar, como hongos, los pequeños cobradores. Los empresarios de la Compañía Mexicana de Comedia iniciaron el obligado éxodo en casos como el que nos ocupa, tratando de entrevistarse con aquellos funcionarios públicos que es fama que de vez en cuando, y con cantidades insignificantemente vergonzosas, ayudan a bien morir, nunca a resucitar, los negocios teatrales en quiebra, y a pedir plazos a los tercos y urgidos pequeños acreedores. Sus esfuerzos no se vieron recompensados. Los altos jefes que manejan los fondos de la nación, se van de gira; los influyentes que se quedan no pueden hacer nada. La temporada teatral continuó a la deriva. Los aguaceros de la época, inundando calles, imposibilitando el tráfico, ahuyentando al público de las colonias, hacían el resto.

Se iniciaron los ensayos de Los fugitivos con fe en la obra pero con desaliento por los resultados urgentes inmediatos, ante el fantasma pavoroso de los tres o cuatro "sueldos" atrasados de los trabajadores teatrales, que era preciso pagar, de acuerdo con el acostumbrado proceder drástico en casos semejantes, de los productos de taquillas correspondientes a las entradas de sábado y domingo... Se ensayaba tarde y noche, cambiando el reparto de actores diariamente, por enfermedad de Virginia Manzano o de Matilde Brillas; se buscaba por todos los rincones de las tiendas de antigüedades muebles, alfombras, cuadros, estatuas y trajes de los postreros años de la administración del presidente Porfirio Díaz, para estar en todo de acuerdo con el clímax que requería una acción avant Centenario. ¿Hacen falta dos retratos al óleo de Maximiliano y Carlota y otro del general Díaz en la época en que recibió el gobierno de manos de su compadre el general González?... ¡Que se pinten! ¿Que el escenógrafo Galván no llega a tiempo pintando el decorado que para la obra usigliana bocetó Antonio Ruiz?... ¡Que se llame a otro escenógrafo para que le ayude con los decorados del primer acto!... Y se recurrió a Magín Banda, y pintando ambos escenógrafos noche y día se pudo entregar el decorado para que los obreros teatrales de TEEUS, también llenos de fe en el éxito de la comedia de Usigli, concluyeran a tiempo de armar y colgar, probar luces y demás, trabajando después de la función del viernes hasta la madrugada del sábado, y todo el sábado ya con el público, muy escaso pero exigente, palmoteando en las butacas para que no se retrasara más el ansiado momento de levantar el telón de la Cervecería Moctezuma.

Desventuradamente –las lluvias, la crisis, el deseo de muchos de reservarse para asistir a representaciones posteriores, ¡vaya usted a saber!–, las dos entradas del sábado, noche de estreno, fueron punto menos que nulas. Como no hay costumbre de celebrar "premiers" en función de "moda", los espectadores a la de las siete de la noche fueron escasísimos. Uno, sin embargo, valía por varios: la primera dama de la república, doña Beatriz Velasco de Alemán. Por la noche se registró entrada excelente. Pero gratuita. Es pésima y desquiciante costumbre, que se ha convertido en hábito, la de regalar boletos para la noche de estreno de obras mexicanas. El teatro se llena con "invitados de honor". Nadie que guste y tenga interés en el teatro mexicano deja de recibir dos lunetas, o una platea si es personaje de postín en las esferas sociales, literarias o pictóricas. Muchos desairan la invitación, y de ahí esos islotes, verdaderos archipiélagos de lunetas desocupadas, rodeados de intelectuales, periodistas que jamás escriben de teatro, pintores y damas populares en cocteles y exposiciones, por todas partes. Este público difícil, todo él capaz de pagar bien pagada su localidad escucha atentamente, aplaude con calor, discute o niega la obra durante los entreactos, reclama la presencia del autor al final de la función, y se va, indiferente, por donde ha venido, y no vuelve más al teatro, hasta otra "premier" gratis y catastrófica siempre para la empresa, que raras veces vende los pocos boletos restantes de mala ubicación, que pone a la venta, y que el público noble que paga, sólo en contadas ocasiones reclama.

La función nocturna de Los fugitivos no fue excepción. La obra gustó mucho, y Usigli salió a saludar varias veces. Pero la suerte estaba echada definitivamente. En taquillas: alrededor de $ 500.00, para pagar $ 3,000.00 de esa noche, y recibos atrasados. El domingo, en tres funciones, un poco más de $ 2,000.00, para pagar, además de la papeleta del día, el importe de cinco sueldos atrasados, o no contar con "servicios" para el día siguiente. No importa que Los fugitivos hubiera satisfecho al público dominical. Se logró un plazo con los trabajadores para que la empresa se eche a buscar dinero el lunes, y pagar a las 11 de la noche del mismo lunes. No es fácil conseguir dinero para negocios de teatro, más cuando se habla –movido por quién sabe qué intereses– de que se está cayendo el edificio, que hay peligro para el público, que deben intervenir las autoridades respectivas. Llueve torrencialmente; se inunda la ciudad; el Arbeu queda convertido en isla de angustia rodeada de agua y deudas por todas partes. En taquillas menos de $ 300.00, por ambas funciones. El telón cae, bien alta la noche, con lentitud fúnebre, para no levantarse más...