FICHA TÉCNICA



Título obra Noche de estío

Autoría Rodolfo Usigli

Notas Comentarios sobre el texto dramático Noche de estío

Referencia Armando de Maria y Campos, “Noche de estío, comedia impolítica mexicana, escrita para ser representada hace 17 años”, en Novedades, 19 julio 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Noche de estío, comedia impolítica mexicana, escrita para ser representada hace 17 años

Armando de Maria y Campos

No obstante que el sol le dice a Usigli "que México es un país sin teatro, probablemente sin impulso hacia el teatro, seguramente separado de un teatro vivo y vital como de otro continente o de otro mundo", él ha consagrado su vida al teatro como escritor teatral, como autor que, "para serlo, debe escribir lo que siente y después sentir lo que escribe... aunque no lo venda al cine", según sus propias palabras recientes. Y no empero que México es –son sus palabras– "país sin teatro, sin expresión teatral propia, pese a los geniecillos de mi especie y a los muy menores subgeniecillos de escritorio, estudio o antología, pueda usar de su sangre –en el teatro sólo cuenta lo objetivo, y la sangre es el primer elemento de esto– para revivir la grandeza griega de la tragedia, siempre y cuando conozca el objeto de la tragedia". Es decir, que México pueda y debe tener o tiene ya en potencia, un teatro propio, desde la tragedia hasta la farsa, pasando por la comedia, género el más difícil de la escena, siempre y cuando conozca el objeto del teatro.

Desde que dio sus primeros pasos, es decir, desde que escribió su primera comedia Usigli sabe lo que quiere y no ignora hacia dónde va. Mucho antes de escribir las tres comedias impolíticas, hace diecisiete años. Usigli se marcó un largo camino a recorrer. ¿Quién que conozca su comedia en tres actos El apóstol (publicada en el suplemento literario Resumen, entre enero y febrero de 1931), puede llamarse a engaño? Usigli no ha querido retocar esta Noche de estío, escrita hace más de tres lustros, comedia ya excelente a pesar de la inexperiencia escénica de su autor, y así, con ésta o aquella falla de técnica o de maña teatral, resulta más objetiva y sanguínea.

Se ha insistido en que Noche de estío es una obra primeriza que precisaba del retoque que Usigli no ha querido hacerle. Para mí es, simplemente, una comedia que inicia la manera usigliana de hacer teatro con nuestra historia, tal vez apasionadamente. Ya lo sabéis. Noche de estío reproduce en la escena un episodio –o varios– del México del gran Maesse Pedro de nuestra política, Plutarco Elías Calles, cuando movía como títeres a los más altos personajes de la vida oficial mexicana, cuando en Chapultepec era blanco de ironías del pueblo: recuérdese "aquí vive el presidente, el que manda vive enfrente"...

A unos satisface ampliamente Noche de estío, u otras –nunca faltan Aristarcos– les parece débil, convencional, insegura. ¿Hace crítica? ¿Es derrotista? ¿Contrarrevolucionaria? (Obsérvese la actitud de reserva, casi de ostracismo o conjuración de silencio que frente a la pieza de Usigli de su autor ha mantenido la "prensa oficial")... Nunca he creído que el teatro sea escuela de costumbres, sino reflejo. Y reflejo apasionado para que sea vital, sanguíneo. Ni moral, ni inmoral; no político, ni impolítico. Reflejo lleno de juegos: el bueno juega, y gana... el malo juega, y pierde. De los pechos de la realidad se nutren los reflejos en la poesía, en la novela y en el teatro. "Cuando un historiador resucita los tiempos idos –dice Bertoldo Jorge Niebuhr en su Historia romana–, su interés y su simpatía aumentan según la hondura y vastedad de los acontecimientos que, en su propio tiempo, han llenado el corazón de amargura o regocijo. La justicia o la injusticia, la prudencia o la locura de ayer estimulan sus sentimientos, no menos que la fugacidad de las efímeras grandezas, como si todo apareciera a sus ojos así, conmovido, sus labios comienzan a hablar por sí y por las sombras que evoca, aun cuando Hécuba nada sea para el actor que la representa".

Claro que no le es lícito a la historia fantasear; pero, puede, como el poeta dramático, "introducirse en la mente de sus personajes y hablar por ellos", según la opinión de Menéndez y Pelayo. Esto es lo que hace Usigli. Habla con ellos, con sus personajes, y por ellos, en un diálogo interno que se resuelve finalmente en el puro diálogo de los personajes. Igual cosa hicieron en su tiempo y en su teatro Shakespeare y Lope, transfigurando la vida política en materia teatral y en única historia de muchos. Y Schiller también, y tantos otros, aunque no muchos, como Usigli, que captaron, y fijaron para siempre hombres y sucesos de su tiempo, en su tiempo, en piezas de teatro magníficas, doblemente magníficas porque son ahora historia y teatro. ¿Imparciales? ¿Parciales? Yo creo que, salvo en arqueología, es preferible la parcialidad. Vale una pieza de teatro por su parcialidad manifiesta, y como reflejo –no escuela de costumbres– de su época: "no porque le sean indiferentes (al autor) las personas (que convierte en personajes) sino, al contrario, porque se enamora de unas y aborrece de muerte a otras, comunicando (al público), este amor y este odio; no porque la historia sea en sus manos la maestra de la vida y el oráculo de los tiempos, sino porque es un puñal y una tea vengadora", para decir con palabras que escribiera por 1883 el gran polígrafo asturiano y que ha repetido en nuestros días el poeta filósofo Paul Válery: ¡Qué más nos da que los personajes de Noche de estío justifiquen o no las horas que pasan en el interior del palacete del ministro de Finanzas del maximato callista, ni ésta o aquella falla de carpintería teatral que por otra parte el autor, severo autocrítico, reconoce lealmente y, júzguesele como se le juzgue óigasele como quiera oírsele, es teatro por añadidura, y excelente teatro, además.

¿Es por culpa de... nuestra libertad de expresión que hasta ahora vemos representar una comedia impolítica escrita para ser representada hace diecisiete años? La respuesta exige una parrafada amplia. La dejamos para mañana.