FICHA TÉCNICA



Notas Palabras de Celestino Gorostiza en homenaje a María Teresa Montoya al darse la última función de Volpone en el Teatro Caracol

Referencia Armando de Maria y Campos, “Los grupos de teatro El Caracol y San Diego reconocen a María Tereza Montoya como ejemplo y guía. Palabras de Celestino en representación de los nuevos valores de nuestro teatro”, en Novedades, 7 julio 1950.




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Novedades

Columna El Teatro

Los grupos de teatro El Caracol y San Diego reconocen a María Tereza Montoya como ejemplo y guía.

Palabras de Celestino en representación de los nuevos valores de nuestro teatro

Armando de Maria y Campos

La última función de la temporada Volpone, en el Caracol, fue dedicada a la ilustre actriz mexicana María Tereza Montoya en prueba de admiración y respeto de los jóvenes actores que dirige el también joven director José de Jesús Aceves; a la artista compatriota que es guía y ejemplo de las nuevas generaciones teatrales. Imitando a sus compañeros de El Caracol, los jóvenes comediantes que integran el grupo San Diego y tienen a Dagoberto de Cervantes por capitán, dedicarán una de sus últimas funciones de la temporadaEspíritu travieso a la gran trágica mexicana. Dentro de breves días la Escuela Dramática del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura extenderá los manteles largos de un banquete en honor y homenaje a María Tereza Montoya y, finalmente, la Agrupación de Críticos de Teatro de México celebrará un acto en el que se reconocerá públicamente cuanto ha hecho María Tereza en sus primeros cincuenta años de teatro –pisó las tablas por primera vez cuando aún no había aprendido a caminar– y que seguramente resultará de singular significación y trascendencia para el futuro del teatro en México.

El director teatral don Celestino Gorostiza ofreció, en nombre de los actores de el Caracol, el homenaje de la nueva generación teatral a nuestra ilustre compatriota. Sus palabras deben tener una resonancia mayor que las del simple acto en que fueron pronunciadas. Recojo en esta reseña del homenaje del lunes último algunos de los conceptos emitidos por el creador del Teatro Orientación.

"El teatro vive tiempos de guerra inclemente –dijo Gorostiza–, y ha tenido que buscar protección en el subsuelo mismo, en los sótanos de los palacios donde el cine rueda con altivez el estrépito de su victoria". No miente ni exagera Gorostiza. La flamante sala Latinoamericana, refugio de guerra del grupo San Diego, es el sótano de un palacio cinematográfico aún sin estrenar; sótano también de un cine popular es el recinto del teatro El Caracol.

Inició Gorostiza su discurso que comento reconociendo que María Tereza Montoya está formada en el teatro español, y que "formada en ese teatro adquirió una escuela de actuación que aquí hemos dado en llamar española, pero que tal cosa "no es motivo de oprobio ni vergüenza", porque "en la misma escuela se formaron muchas grandes actrices de las que sus respectivas naciones están y seguirán estando orgullosas, cualesquiera que sean los derroteros que haya seguido el arte teatral".

Recordó Gorostiza cómo la Montoya –creadora, para gloria suya, del "montoyismo"– "apenas llegada al pináculo de su carrera, se contagió de la inquietud de los autores compatriotas que querían hacer un teatro mexicano", y como "no preguntó si las obras eran buenas o malas, si su buen nombre iba a ganar o a perder, si su economía iba a sufrir o no con ellas. Conocía únicamente la resistencia del público a las obras mexicanas, y allá fue a vencerla con amor, con entusiasmo, con desinterés, como se ha entregado siempre a todas las cosas. Desde los ilustres muertos, José Joaquín Gamboa, Víctor Manuel Díez Barroso y Enrique Uthoff, hasta los más modernos, como Villaurrutia, Usigli y Basurto, casi no ha habido un autor mexicano de quien la Montoya no haya estrenado profesionalmente la primera obra. Los autores hemos sabido –continúa hablando Gorostiza– que el estreno de una primera obra tiene para la actriz todos los aspectos de la maternidad, pero las condiciones adversas en que usted (y el orador se dirigió a la ilustre actriz presente y conmovida) ha dado a la luz escénica a los autores mexicanos, dan a la suya el carácter de una maternidad heroica". No sería justo silenciar en este comentario que al llegar el orador a este pasaje el público que llenaba El Caracol, se puso de pie y tributó a la Montoya una ovación larga, estremecida de emoción y reconocimiento.

Recordó Gorostiza cómo gracias a la curiosidad y fe de Montoya subieron a nuestros escenarios durante estos últimos treinta años obras discutidas de autores mundiales, que tanto han contribuido a delinear los rasgos de nuestra fisonomía teatral. México siempre abierto a todas las influencias. "Ha aceptado las irremediables –dijo el orador–, las que fatalmente, por razones de destino, tenían que imprimir en él su huella, ha buscado, quizá hasta con exceso, las que pensó que podrían beneficiarle, señalarle la línea de la evolución y del progreso. Aplaudió siempre con admiración a los extraños que vinieron a enseñarle las excelencias de su arte, y dio amplia y generosa hospitalidad a quienes quisieron quedarse a trabajar a nuestro lado". ¡No importa que se encuentren ahora en ruinas los viejos palacios del teatro y que éste se vea obligado a refugiarse en los asilos subterráneos! ¡Ya empezamos a vislumbrar la posibilidad de salir a recoger el resultado de tantos desvelos!

"Este es siempre el momento –continuó Gorostiza su justo y valiente discurso–, el de la cosecha, en que aparecen los advenedizos que ignoran los sufrimientos, el trabajo, los sacrificios que ha costado la preparación de una obra, a quienes tiene sin cuidado todo lo que atropellan, pisotean y destruyen. Pero creer que el triunfo final ha de conseguirse renegando de nuestros antecedentes, derrumbando nuestros valores, aplastando nuestra tradición, segando, en una palabra, nuestras propias raíces, sería una insensatez tan grande, que sólo podría caber en la cabeza de un loco, de un descastado, o de un perverso, pues equivaldría a ir ciega y directamente en busca de nuestra propia muerte".

"Afortunadamente, podemos estar seguros de que si alguna vez se levantara con esas intenciones, sólo sería seguido por la pequeña casta de traidores que para vergüenza de México ha aparecido siempre en nuestra historia. Pero sabemos por experiencia que esa pequeña casta nunca ha podido torcer los caminos de México, su inquebrantable voluntad de crearse por sí mismo su destino. Y por eso usted, María Tereza, cuyo esfuerzo personal ha echado tan hondas, tan numerosas y tan extensas raíces en ese destino, puede estar segura de que ninguna fuerza, por poderosa que fuera podría removerla del sitio que ha sabido conquistar en nuestra historia, en nuestra estimación, en nuestro afecto. Pueden herirla, ciertamente, los dardos de la ingratitud de los suyos, de cuyo impacto ningún humano está exento. Pero nunca la insolente osadía de los que no saben medir la altura del blanco a donde disparan. Y siempre, siempre, puede usted estar segura de que esta familia teatral que se ha reunido en torno suyo, sabrá hacer respetar la dignidad de la que considera como uno de sus pilares fundamentales"...

...Al traer a esta columna las justas y significativas palabras de Celestino Gorostiza a María Tereza Montoya, admirada y querida amiga, entrañable camarada desde nuestra mutua adolescente y nuestro común amor y sacrificio al teatro, claro que por distintos caminos, las hago mías, las tomo e imprimo, y las lanzo a los cuatro puntos cardinales de la justicia, de la defensa, del reconocimiento, y de la admiración...