FICHA TÉCNICA



Título obra Noche de estío

Autoría Rodolfo Usigli

Espacios teatrales Teatro Ideal

Eventos Temporada de Teatro Mexicano Contemporáneo presentada por la Unión Mexicana de Autores

Notas Continuación de la conversación entre el autor y Rodolfo Usigli sobre la obra Noche de estío

Referencia Armando de Maria y Campos, “Continúa Usigli hablando en medio de la calle. Hay que llevar la vida nuestra al teatro si queremos tener teatro. Qué personajes políticos desfilarán por Noche de estío y Fugitivos”, en Novedades, 5 julio 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Continúa Usigli hablando en medio de la calle. Hay que llevar la vida nuestra al teatro si queremos tener teatro. Qué personajes políticos desfilarán por Noche de estío y Fugitivos

Armando de Maria y Campos

–En Noche de estío, como en Fugitivos, para referirme estrictamente a las dos obras mías en ensayo, y cuyo estreno parece inminente, aparecen, en obediencia a mis propósitos, diversos personajes que corresponden a las más selectas clases de México, que, con motivo de la situación que se plantea en dichas obras he examinado ampliamente en mis ya famosos prólogos, correspondientes a estas piezas –me dice Usigli, mientras caminamos por la Avenida Juárez–. Usigli es la antítesis del monólogo; raras veces acapara la conversación; su pasión es el diálogo. "No más amantes encerrados; no más maridos cornudos que ya no tienen valor social; no más pequeños pícaros o pequeños héroes de cuya vida no apreciamos más que un ángulo psicológico o una pasión morbosa, cercenada por sus propios detalles de originalidad de la montaña de las grandes pasiones humanas".

Le dejamos hablar, sin interrumpirle, de intento. Pocas veces Rodolfo Usigli habla él solo. Ahora nos conviene que lo haga; está inspirado, seguro de que no le interrumpiremos, como el conferenciante que ha dominado a su breve auditorio, más difícil de controlar su atención cuando menos numeroso.

Prosigue:

–Olvidando por un momento, para hacer mi composición de lugar en Noches de estío, la proximidad de los Estados Unidos, la intensidad de sus intereses en México y las en ciertas opiniones demasiado cordiales relaciones diplomáticas entre los dos gobiernos, pues de otro modo no habría comedia siquiera, y aprovechando a la vez los pequeños detalles reales que acabo de mencionarles, decidí situar a un caudillo, a varios hombres de la clase política dirigente y dirigida, a representantes no simbólicos de la clase media, de la burocracia, de lo universitario y de la familia, en México, frente a la absurda contingencia de una invasión comunista y de un total cambio de régimen.

Para azuzarlo, para que no cayera en la pausa, y el tema de la charla unipersonal se le fuera, el "corcito" Ruiz, dejó caer, al desgaire, maliciosamente, estas dos palabras:

–Por ejemplo...

Usigli cayó en la pequeña trampa, porque repuso con viveza:

–Los elementos, que no tengo inconveniente en enumerar, son de lo más sencillos: políticos a quienes distrae de una grave preocupación la presencia de una mecanógrafa atractiva; una esposa que olvida los peligros de la situación para hacer una escena de celos a su marido; un accidente de automóvil como ocurren todos los días en el mundo; una cadena de pequeñas coincidencias destinadas a formar la atmósfera particular de aquella noche de estío; una muchacha romántica y pérfida; un estudiante ingenuo y creyente de las nuevas tendencias sociales; un aparato de radio; la inquietud, la angustia y el miedo y, al fin, el más desatentado y furioso terror que produce una espera de varias horas; el terror de caer de lo alto del poderío y de la riqueza, todo unido al calor excesivo de la noche estival y, al cabo, la final definición del peligro, su concretación en seres humanos y entonces, ante eso, la reacción de los personajes por el más mexicano de todos los elementos: el valor; pero el valor fatalista, sin finalidad y un poco triste, en el fondo, que quedó engastado en la canción de Valentina:

Si me han de matar mañana,
que me maten de una vez.

–Creo recordar ahora –le digo a Usigli, que ha callado– lo que ha dicho usted en alguno de sus famosos prólogos a propósito del teatro español de los siglos de oro, en el que no hay comedia., drama o melodrama desvinculado de la corte, de la tradición, de las profesiones...

He acercado la mecha encendida a la yesca dispuesta a arder, porque Usigli se enciende y continúa:

–Exactamente. No sólo aparecen allí reyes y príncipes, ministros poderosos, cortesanos intrigantes, sino pretendientes, mediadores, poetas, soldados, alcaldes, sacerdotes, músicos, cantantes, asesinos a sueldo, dueñas, alcahuetes y pajes, cada uno ejerciendo su profesión u oficio en romance. Sin perjuicio de que cada uno sucumba a sus personales pasiones, todos aparecen engranados a la misma mecánica, convergen en la misma luz de costumbres, ambiciones, etcétera, y la vida de aquel tiempo, con sus errores y su nobleza, con su lujo, su horror y su falta de baños, aparece no fielmente, sino patéticamente trasladada a la eternidad del arte.

Hay que volver allí, a los magníficos materiales que el palacio y corte de México nos ofrecen, para tener público y para tener teatro, aunque convengo en que distamos de tener una atractiva nobleza que interese los ojos y la imaginación del dramaturgo; pero tenemos la política con todos sus repliegues, sombras, pasajeras grandezas, cómicas situaciones, ambiciones criminales y grotescas, la política, que en realidad ha sustituido con ventaja a la nobleza por cuanto son ventajosos los señores políticos. Los autores, pero sobre todo los actores, de revista, por su falta de respeto al ideal de una obra y a los textos, por los numerosos azares de su situación, por las circunstancias que suscita en el teatro la presencia de un personaje político, o por su sinceridad de cómicos que los enciende e ilumina en su trabajo hasta permitirles la perfecta improvisación, han logrado en México lo que autores eruditos, preparados y virtuosos del arte dramático no obtendrán en sus días: la risa y el aplauso. ¿Por qué dejar tan excelentes materiales en manos de personas casi siempre mediocres, que cuando escriben parece que traducen y cuando traducen parece que inventan? El público aspira a verse en el teatro, dignificado o caricatural. Mientras no se logre la perfecta unión del autor y su público, no se hará teatro mexicano. Y, entre tanto, las grandes anécdotas, los soberbios chistes, la paradójica situación política, las intrigas cortesanas, las maniobras electorales, los "enjuagues" y compadrazgos, los fiascos de los ambiciosos, las caídas de los ministros, las angustias de los pretendientes en las antesalas, la húmeda sombra de la burocracia, los espectáculos universitarios o politécnicos, los trabajos de los grandes artistas para el gobierno, las rivalidades de los poetas burócratas, sus frases envenenadas e ingeniosas, la honradez de unos hombres de gobierno y la inefable bribonería y cobardía de los otros, las cosas, en suma, dependientes de la administración pública, los escándalos municipales que avergonzarían a un "Topaze", languidecerán y se perderán para siempre, al fin, con grave detrimento de la historia, de la literatura dramática y del placer y diversión de nuestros contemporáneos.

Usigli calló, considerando que tal vez había hablado demasiado, para su costumbre. Pero también calló su minúsculo auditorio –Rodríguez Lozano, Ruiz y yo–; los tres meditábamos. A mi memoria vino una frase de Usigli que lo define: "Lo que fundamentalmente me interesa, me apasiona y anima, es el deseo de construir, con cualquier tema y sobre cualquier base, piezas de teatro".