FICHA TÉCNICA



Título obra Noche de estío

Autoría Rodolfo Usigli

Espacios teatrales Teatro Ideal

Eventos Temporada de Teatro Mexicano Contemporáneo presentada por la Unión Mexicana de Autores

Notas Conversación entre el autor y Rodolfo Usigli sobre la obra Noche de estío

Referencia Armando de Maria y Campos, “Las vísperas de Noche de estío. Rodolfo Usigli habla de cómo escribió esta comedia impolítica. Confesiones, sentencias, alusiones y esperanzas, entre dos calles”, en Novedades, 2 julio 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Las vísperas de Noche de estío. Rodolfo Usigli habla de cómo escribió esta comedia impolítica. Confesiones, sentencias, alusiones y esperanzas, entre dos calles

Armando de Maria y Campos

Rodolfo Usigli compuso entre 1933 y 1935 el grupo de tres comedias impolíticas de la que Noche de estío es la primera. Ha permanecido inédita para la escena y para el libro durante diecisiete años –dice Usigli que "por el terror político"– preservando a través de este largo periodo de espera toda su actualidad de fondo, y constituye un testimonio vivo, si imaginario, de la vida mexicana. Noche de estío está a punto de ser estrenada en el teatro Ideal, y será la última pieza del ciclo de teatro mexicano contemporáneo que presente la Unión Mexicana de Autores en su breve y discutida temporada, cuyo final está señalado para mediados del presente julio cuando menos, para fines del mismo mes, cuando más.

Fernando Soler representó el año de 1936 la tercera de las tres comedias impolíticas de Usigli, Estado de secreto. Fue en el teatro Degollado, de Guadalajara, con ocasión de una velada a su beneficio, el 27 de noviembre de aquel año, para ser más exacto. La presentó tres noches, alternándola con las obras cómicas de su repertorio, El roble de la Jarosa, Sangre azul, por ejemplo. La representó dos noches más en Mérida –teatro Colonial, 6 y 8 de febrero de 1937– y no volvió más a ella porque Usigli se negó a cambiarle el final, los dos cuadros últimos, que no fueron del agrado del actor de Coahuila.

La temporada de teatro mexicano contemporáneo a punto de terminar, debía incluir necesariamente una obra de Usigli. Se eligió el drama El niño y la niebla, pero como las tres primeras obras de la temporada son dramáticas, se pidió a este autor una comedia, y El niño y la niebla fue sustituida por Fugitivos, pero lo ambicioso del juego escénico de esta pieza resulta difícil para la estrecha capacidad del Ideal, y también fue rechazada. Se suplicó a Usigli proporcionara otra pieza, a lo que accedió Usigli, entregando a la dirección del Ideal la primera de sus tres antiguas y siempre actuales comedias impolíticas, y a la del Arbeu la magnífica comedia Fugitivos, tal vez su mejor pieza, la más madura desde luego, concluida hace apenas unas semanas.

Usigli no ha querido retocar el texto original de esta Noche de estío del régimen callista, ni enriquecerlo como se lo permitiría su mayor experiencia escénica y la incorporación de nuevos materiales. "No por vanidad –me ha dicho– sino para conservar el desenfado y la espontaneidad que, siendo parte de él mismo, lo son también del teatro y del México de ese tiempo y quizá del actual".

Salimos Usigli y yo de un ensayo vespertino de Noche de estío, y caminamos, doblando Dolores, por la Avenida Juárez, arriba, rumbo a Bucareli, y a pie, para hablar de algo que no se relacionara con el ensayo reciente. A poco se nos incorporó Antonio Ruiz, que venía del Ideal a donde había ido para mostrar a Usigli los bocetos del decorado para Fugitivos, también en ensayo en el Arbeu. Más adelante nos encontramos con el pintor Rodríguez Lozano, puntual a esa rara coincidencia de las citas no concertadas. No era posible eludir el tema del teatro, de Noche de estío, de Fugitivos. Manuel preguntó:

–¿Cómo van los ensayos?

–¿De cuál de mis piezas?

–contesta Usigli– porque ahora estoy de moda, después de años de ostracismo–. Ahora sí que me va a matar el teatro, comenta con amarga sonrisa. Dentro de una semana Noche de estío, dentro de dos, Fugitivos, en el Arbeu. Antes de dos meses María Tereza me estrenará El niño y la niebla, y dentro de seis semanas Seki Sano entrará en el Arbeu con Corona de sombra.

Antonio me muestra los bocetos para la sala del México de las postrimerías porfiristas que se montará en el Arbeu, y nos detenemos unos segundos. Rodolfo y Manuel caminan delante. Rodolfo habla, monologa, mejor dicho. Al emparejarnos a sus pasos oigo que le dice a Manuel:

–Recuerdo ahora el epígrafe que puse al prólogo de mis "Comedias impolíticas": Sin duda el primer hombre que habló de revolución en México fue un extraordinario héroe; el segundo, un vivo, y el tercero un furioso y cumplido imbécil... Y volviéndose a mí:

–Le explicaba a Manuel cómo no se vive, impunemente en México y, sobre todo, cómo no se es impunemente niño a lo largo de una revolución como la de México, y cómo mi imaginación y mi espíritu creador han tenido que apoyarse para la elaboración de Noche de estío en pequeños hechos estrictamente verdaderos. El episodio de las campanas de catedral del primer acto, fue desmontado en todas sus partes de la más estricta realidad, y se efectuó realmente en la ciudad de México. la noche del 10 de mayo de 1933 con motivo del estreno de una película nacional cuyo nombre he olvidado. hacía más o menos dos meses entonces que había surgido en mí el proyecto de esta obra. El episodio relativo a la invasión y asalto de una estación transmisora por un pequeño aunque alarmante grupo comunista, tuvo lugar el año 1932, y he usado en la vertebración de esta comedia, la secuela que tuvo ese episodio, y que consistió fundamentalmente en el hecho de que un secretario de Estado, para curar por maquiavelismo a uno de los dos o tres comunistas asaltantes, lo designara subdirector de una estación de radio de explotación oficial y fines educativos. La alusión a una amenaza de acción directa por parte de una confederación obrera, se basa en una realidad descarnada, y se emplaza en la segunda decena del mes de abril de 1935...

Noche de estío –continúa diciéndonos Usigli, ajeno en todo al vértigo callejero que nos rodea– fue ideada en todas sus partes con motivo del problema de entonces, y creo que todavía, latente, de la sucesión presidencial y de la proximidad de los plebiscitos que precedieron a las últimas elecciones. Sus personajes son todos irreales, por cuanto han sido articulados por mi personal fantasía, que no desdeñó, sin embargo, servirse de ciertos pensamientos y actos libremente interpretados y seleccionados por mí, de personajes políticos que están muy lejos de exhibir y aun de poseer esa clara articulación que ustedes observarán en los héroes, si así puedo llamarlos, de esta Noche de estío.

–¿Juego peligroso, no cree usted, Rodolfo?, le digo jugando con el título de una gran comedia mexicana. Usigli caza la doble intención del comentario, y responde, rápido:

–Considero que una representación teatral es una invitación al juego, juego en el que el público debe tomar parte activa, y que, en general, resulta tonto sin el público, aunque a veces lo resulte también con él. Con Noche de estío deseo correr el riesgo de esta especie de juego evocativo de una época, y, como les decía antes, al referirme a que no he querido retocar el texto original, sacrificar el rigor técnico que me tortura y me caracteriza y la actualidad inmediata, sin perduración cierta, a la frescura y diversión teatral; y me sentiré recompensado de las demoras, las persecuciones y los conspiradores silenciosos del pasado si logro mi verdadero propósito: que el público entre en el juego y lo juegue bien, aun a sabiendas de que el juego de ayer y de hoy quizá no son muy diferentes del juego de mañana, y que un mensaje semejante puede muy bien hacerse oír por radio en cualquier agitada "Noche de estío"...