FICHA TÉCNICA



Título obra La familia Barrett

Notas de Título The Barretts Wimpole Street (título en el idioma original)

Autoría Rudolf Besier

Notas de autoría Margarita Urueta / versión

Elenco Virginia Manzano

Grupos y compañías Compañía Mexicana de Comedia

Espacios teatrales Teatro Arbeu

Referencia Armando de Maria y Campos, “La familia Barrett en el Arbeu. Presencias de la revelación de Katharine Cornell en esta obra. Consagración de Virginia Manzano como la gran primera actriz nueva en el ancho mundo del teatro español. II”, en Novedades, 30 junio 1950.




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Novedades

Columna El Teatro

La familia Barrett en el Arbeu. Presencias de la revelación de Katharine Cornell en esta obra. Consagración de Virginia Manzano como la gran primera actriz nueva en el ancho mundo del teatro español

Armando de Maria y Campos

La única ciudad de América donde el drama puede representarse en forma adecuada es Nueva York, aseguró William Lyon Phelps, crítico del Scribner's Magazine, con motivo del estreno en el Empire, de la Ciudad de Hierro, de La familia Barrett. Claro que WLP se refería a Norteamérica exclusivamente. En efecto, Katharine Cornell, que había tenido fe en una obra rechazada por un buen número de productores teatrales que consideraban la pieza de Besier como "no comercial", montó espléndidamente The Barretts of Wimpole Street, logrando una personificación de Elizabeth Barretts tan impresionante como apasionante. Retiró la obra, después de más de trescientas representaciones consecutivas, cuando mayor era el éxito del público. "Los que viven en Cleveland, Detroit, San Luis y Kansas City escasamente cuentan con mejores oportunidades para saber lo que hay de nuevo en el drama moderno, que si vivieran en Manchuria", escribió William Lyon Phelps entonces; y agregó: "Si un extranjero formulara un resumen del nivel cultural de las ciudades de Estados Unidos por el número y calidad de sus programas locales en los teatros no llegaría a conclusiones halagadoras. Para darse cuenta de esto, todo lo que uno tiene que hacer en Boston, o en Buffalo, o en Pittsburgh es dar un vistazo a los anuncios de los teatros.

Conviene que el lector y el espectador mexicano se fijen en esto. Fuera de Nueva York todo es... Cuautitlán. Pero México no es Cuautitlán. La presentación de La familia Barrett en el teatro Arbeu, estos días, demuestra que el teatro entre nosotros es digno de los primeros de Europa o del Norte cuando se hacen las cosas como se deben hacer.

Sigamos con nuestra historia. La Cornell se impuso como gran actriz de Norteamérica con la interpretación de Elizabeth Barrett. "El drama, es decir, la obra –según palabras de Alexander Woollcott–, sirvió para abrir teatros mohosos y llenos de telarañas que habían estado oscurecidos por tanto tiempo que las cuerdas de los telares se rompían al descender las decoraciones al escenario, y donde los únicos tramoyistas están tan viejos que sus manos estremecidas fallaban en el desarrollo de sus tareas". Unos diez años más tarde, en 1944 para ser exacto, la idea de ofrecer un drama para el entretenimiento de las tropas americanas en ultramar fue concebida por el ala del teatro norteamericano, quien se dirigió a la Cornell para que animara el proyecto. La Cornell propuso The Barretts of Wimpole Street y aceptada su proposición salió con su compañía a Europa en agosto de 1944, en un transporte de tropas. La Cornell seleccionó La familia Barrett, porque es una historia sencilla de amor, con un villano que finalmente recibe su merecido y tiene un desenlace feliz, fórmula perfecta, en opinión de la actriz, para soldados cansados de la guerra y ansiosos del hogar. La compañía estaba constituida por 18 personas; la producción y el equipo pasaban de cinco mil libras. Se planeó que el circuito duraría tres meses, pero pasó de los seis, habiéndose dado 143 representaciones en Italia, Francia y los Países Bajos. Miles de soldados vieron la producción durante la gira europea, y sus gritos y bravos tuvieron eco en la mención formal del 5º ejército, concedida a la Cornell y su compañía por el teniente general Mark W. Clark, que puedo citar: "Se concede a The Barretts of Wimpole Street la placa y bronce del 5º ejército por servicio esencialmente meritorio durante el periodo de octubre 14 de 1944 a noviembre 1º de 1944. Durante dicho periodo el distinguido elenco de la producción histórico-teatral actuó en forma conmensurable con el espíritu artístico de sus miembros presentando representaciones que fueron vistas por miles de soldados del 5º ejército, contribuyendo materialmente al aumento de la moral del 5º ejército".

Seleccionando una gran obra digna del culto público de teatro de México la Compañía Mexicana de Comedia eligió para su quinto estreno la pieza dramática que había consagrado a la Cornell como la actriz figura de su tiempo, y no se equivocó. Ha presentado en el Arbeu una Familia Barrett digna de los mejores teatros del mundo, y ha dado oportunidad a Virginia Manzano para que se consagre como eminente primera actriz, la mejor, la más inteligente, honda y profunda entre nosotros, en su tiempo y en su espacio la ilustre María Tereza Montoya de cuya escuela de matices excepcionales procede Virginia Manzano.

La nueva Elizabeth Barrett –Virginia Manzano– actúa en el teatro desde muy joven. Nació en México el 25 de diciembre de 1912. Es hija de cómicos. Su padre, Miguel Manzano, bien conocido en el mundo zarzuelero hace cerca de medio siglo; su madre, Concha Sanz, fue tiple cantante primero, excelente actriz de carácter después. Se inició en el teatro en 1927, como vicetiple en una compañía de revistas de Roberto Soto que actuaba en el Lírico de esta ciudad; por su juvenil vivacidad salió "de la fila", y actuó como bailarina durante una gira que Pepe Campillo hizo por el interior. Ingresó después hacia 1931, como segunda parte, en una compañía de comedia de Leopoldo Ortín y fracasó, pero segura de que su verdadero camino estaba en la comedia, ingresó a la compañía de Ana e Isabel Blanch, que actuaba en el Ideal, y logró destacarse como actriz cómica, lo que la hubiera llevado, tal vez, a ser la sucesora de Isabel Blanch. Una determinada circunstancia le permitió hacer un papel dramático durante esta temporada de comedias cómicas en la pieza Ni al amor ni al mar de Benavente revelándose actriz dramática de rico temperamento e insospechadas posibilidades. Naturalmente, salió de esa compañía. Vino un amargo periodo de tanteos y titubeos: dama joven al lado de Matilde Palou, otra vez a hacer comedia de "ja, ja, ja" al lado de las Blanch, una temporada de vaudevilles franceses, y cada vez más desorientada fue a dar a la carpa Maravillas, durante una temporada popular folklórica de la que fue estrella el cómico caricato Resortes. En la carpa Maravillas la vio actuar María Tereza Montoya, y la redimió para el gran teatro de México llevándola al Fábregas para interpretar a su lado El mal de la juventud de Bruckner, en 1941-42. Al lado de la Montoya aprendió lo mejor de nuestra ilustre primera actriz, tomó lo de más calidad de la escuela dramática montoyana, y dueña de un excepcional temperamento y de una inteligencia singular, se destacó primero, se impuso después, como gran actriz dramática, la de más seguro y amplio porvenir en nuestra lengua. Fue a España en 1948 a la sombra de Virginia Fábregas y al lado de Andrea Palma, y triunfó por encima de todo el grupo mexicano, con la natural sorpresa y el lógico júbilo de los españoles al comprobar que es Virginia Manzano una excepcional actriz dramática que ha florecido en América de la mejor raíz del teatro español.

Su Elizabeth Barrett la define y la consagra. Todos los buenos aficionados al teatro deben ver a Virginia Manzano en la protagonista de La familia Barrett. Deje usted de pensar en Aurora Bautista o en Anna Magnani (María Tereza Montoya está aparte, en tiempo y en espacio). Lo que se llama una actriz dramática se compendia en Virginia Manzano. Es un privilegio calentarse en el fuego de su presencia y comprobar que tiene una fuerza dinámica que llena el teatro siempre que ella aparece.