FICHA TÉCNICA



Notas Fragmentos de Diálogos con muertos con motivo de la representación de Volpone en el Teatro Caracol. El autor también comenta sucesos de teatro internacionales

Referencia Armando de Maria y Campos, “Desconcertantes antecedentes de Volpone en los diálogos de Luciano. La actualidad en los teatros ingleses”, en Novedades, 22 junio 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Desconcertantes antecedentes de Volpone en los diálogos de Luciano. La actualidad en los teatros ingleses

Armando de Maria y Campos

Volpone vivía en tiempos de Luciano. Volpone, creado por Ben Jonson, parece arrancado de una situación política contemporánea. Más claro: Volpone es un carácter de todos los tiempos. No creo ser el primer lector afortunado que haya encontrado los primeros antecedentes literarios de Volpone en los Diálogos de los muertos. Una novedosa casualidad me llevó a hojear una de estas noches de insomnio terco una vieja edición de Luciano, y no para llamar al sueño, sino para hacer menos desolado un angustioso aguardar el alba con los ojos abiertos. Fue el hallazgo de una sorpresa profunda. Acababa de asistir en el teatro Caracol a una nueva representación del Volpone benjosiano de Araquistáin, cuando leyendo a saltos los Diálogos de los muertos de Luciano, me hallé con el extraordinario personaje entre las páginas del libro eterno, casi inédito para muchos lectores de ahora. Luciano, ya lo sabéis, nació en Siria el año 125 y murió en 192. Pues bien, Volpone vivía ya en aquellos tiempos.

–¿Conoces –pregunta Plutón a Mercurio en el diálogo quinto– al rico Eucrates, un anciano que no tiene hijos y cuya herencia ambiciona mucha gente? ¿Por qué todos los que le halagan hacen votos por la muerte de este anciano? ¿Por qué, sin ser sus parientes, desean apropiarse de sus bienes? El colmo de su maldad es que mientras formulan tales votos en secreto le acarician en público y le hacen una corte asidua. Si cae enfermo, sus designios abominables asoman a todos los ojos, a pesar de las promesas que hacen de ofrecer sacrificios si el anciano recobra la salud. En fin, su adulación sabe variar hasta el infinito.

–Pero Eucrates –contesta Mercurio– los engaña con una habilidad soprendente, haciéndoles alentar toda clase de esperanzas. Todos los días parece a punto de morir, y se halla mucho mejor que los hombres mozos.

Los aduladores de este primitivo Volpone se llaman Terpsion, Charimes, Damon, Callimede y Cnemon, cuyas aventuras relata Luciano en los diálogos VI, VII y VIII.

"Será preciso, dice Terpsion, que las cosas vayan por orden, que el más viejo muera el primero, y luego el que le siga en edad. No hay que dejar vivir a un anciano decrépito que tiene que andar apoyado en 4 esclavos. Conviene que sepamos cuándo está a punto de morir un anciano, a fin de que no le hagamos inútilmente la corte. ¡Cuántos desengaños me lleva dados este viejo, a quien tantas veces he creído en trance de muerte! Cuando entraba yo en su casa lo hacía llorando, y como creía que iba a bajar de un momento a otro a la sepultura, le enviaba muchedumbre de obsequios, por temor a que mis rivales se adelantaran y consiguieran llevarse la magnificencia de sus bienes. Pero el astuto anciano, después de recibir todos mis obsequios valiosos, seguía viviendo".

Pero lo verdaderamente curioso, es esta declaración del adulador Cnemon:

"El viejo parecía recibir mis regalos con placer. Creía que era un maravilloso acto de ingenio hacer público mi testamento, en el cual le legaba toda mi fortuna, pues esperaba yo que el viejo, emocionado ante mi generosidad, hiciera otro tanto". Quienes hayan tenido oportunidad de ver la excelente versión de Volpone que se representa en el teatro Caracol reconocerán en el Cnemon de Luciano al Corbaccio Jonson.

Y he aquí el retrato que de sí mismo se hace el Volpone de Luciano:

"Tenía yo una autoridad sin límites, hijos hermosos, mujeres encantadoras, perfumes, vino de exquisito olor. La liberalidad de los otros me proporcionaba abundantemente esos bienes. Desde que despuntaba el día una multitud de aduladores se llegaba a mi puerta; me traían magníficos presentes de todas las regiones de la tierra.

–Pero, en fin, ¿qué hay decidido en cuanto a la herencia?

A cada uno de mis aduladores le decía públicamente que le nombraba heredero universal de mis bienes; él se lo creía y me adulaba y halagaba mucho más. Mi verdadero testamento lo llevaba siempre conmigo; y en él suplicaba a todos que lloraran mi muerte".

Como en la comedia de Ben Jonson, Luciano hace que un criado de Eucrates –"un joven esclavo frigio, de una belleza perfecta"– sea el heredero del viejo.

No creo en el plagio. De la misma manera que hay una cicatería literaria que sale todos los días a la caza del plagio. El hecho de que no haya nada nuevo bajo el sol es suficiente para calificar toda cosa de plagio y para demostrar que el plagio no existe como delito. Pero, ¿no es curiosa la exhumación del texto del primer filósofo griego, que el azar puso ante mis ojos como si quisiera proporcionarme la satisfacción de comprobar que en el texto más antiguo el periodista puede hallar ricos materiales para aprovecharlos como oportuno latido de sorprendente actualidad? Desde luego sirve para probar la universalidad y perennidad del tipo de Ben Jonson, que centra desde un escenario tan modesto como excelente, tan pequeño como ambicioso, la atención de los buenos aficionados mexicanos al teatro, que no son tan pocos –afortunadamente– como se cree...

Si no con la fortuna de otros tiempos, Inglaterra continúa produciendo un teatro de primera calidad. Las buenas nuevas no escasean. Sobre mi mesa de trabajo se acumulan ahora precisamente que recuerdo al gran autor Ben Jonson, contemporáneo de Shakespeare, varias noticias inéditas aún para el público de habla española. Vayan como colofón del sorprendente hallazgo en los Diálogos de los muertos de Luciano, dos o tres, muy breves.

En el Gate Theatre, de Dublín, se ha estrenado la comedia en tres actos de Christine Longford El señor Supple, bajo la dirección de Dan O'Conel e interpretada por John Weish. En la obra se plantea el problema de un grupo de ingleses adinerados que abandonan la Gran Bretaña para no tener que pagar los altos impuestos a que les obliga el plan de autoridad del gobierno británico y se establecen en el campo irlandés para ser felices. Según la crítica es la comedia más divertida de la autora.

En el teatro Bedford, de Londres, se ha estrenado el drama en tres actos de Ronald Adam A wind on the heath (El viento en el páramo), bajo la dirección de Joan Swinstead. La obra se refiere a un departamento que da sobre Hampstead Head y a los habitantes que la ocupan desde 1913 a 1939, es decir, desde la primera Guerra Mundial a la segunda.

La opereta de Igor Novello, autor del libro y de la música, La rapsodia del rey, ha sido estrenada en el Palace, de Londres, con la dirección de Murray MacDonald e interpretada, en uno de sus papeles principales, por el propio autor. La demanda de localidades por anticipado fue impresionante porque se sabía que la obra estaba inspirada en los amores de la señora Lupescu y el ex rey Carol. La opereta gusta mucho, según los comentarios periodísticos.