FICHA TÉCNICA



Título obra Juego peligroso

Autoría Xavier Villaurrutia

Elenco Beatriz Aguirre, Isabela Corona, Dolores Tinoco (Lola), Fernando Mendoza, Guillén, Emperatriz Carvajal

Escenografía Agustín Lazo

Espacios teatrales Teatro Ideal

Eventos Teatro mexicano contemporáneo

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de Juego peligroso de Xavier Villaurrutia, en el teatro Ideal, durante la temporada de teatro mexicano contemporáneo”, en Novedades, 18 junio 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de Juego peligroso de Xavier Villaurrutia, en el teatro Ideal, durante la temporada de teatro mexicano contemporáneo

Armando de Maria y Campos

Un estreno de nuestro gran comediógrafo Xavier Villaurrutia es siempre un acontecimiento. He asistido a todas las primeras representaciones de sus obras, desde Parece mentira, ¿En qué piensas? y Sea usted breve, viviendo la experiencia de estrenar en el micrófono, durante una de mis temporadas de Teatro del Aire, una bella pieza escrita especialmente para la radio: Ha llegado el momento hasta El pobre Barba Azul, pasando por La hiedra, y en todas he sido testigo del éxito doble que le acompaña siempre como autor que interesa por igual a los siempre inconformes ciudadanos de la República de las Letras que al pueblo "espeso y municipal" tan poco grato a Darío.

La primera representación de Juego peligroso, pieza en tres actos –teatro Ideal, junio 16–, ha superado como suceso teatral a los anteriores, porque el público, uno y diverso, comprueba que Villaurrutia alcanza con esta comedia un grado de perfección, de claridad y de sencillez privativo de los grandes comediógrafos de todos los tiempos. ¡Cómo domina Villaurrutia la difícil facilidad de hacer teatro miniado exquisitamente y, sin embargo, fácil, natural y espontáneo como el curso de un arroyuelo transparente a través de las anfractuosidades de un terreno erizado de obstáculos! Las primeras noticias sobre Juego peligroso de Villaurrutia aparecieron, si no me equivoco, a fines de 1948. "Actualmente trabaja –escribió Mauricio Ocampo– en una nueva pieza teatral: El juego peligroso y en un tomo que recoge sus últimas poesías Canto a la primavera y otros poemas". Sin embargo la lectura de Juego peligroso, con apenas esta o aquella tachadura que más parecen consecuencia de errores mecanográficos, da la impresión de que sus tres actos han sido escritos con la misma facilidad con que el aire compone y descompone en el cielo las nubes viajeras, siempre en su sitio, como si el juego nada peligroso del movimiento del paisaje celeste obedeciera al gusto exquisito de una composición previamente pensada, cuidadosamente elaborada.

Pensando en Wilde, siguiendo a Shaw, recordando a Benavente escribiría Villaurrutia Juego peligroso, comedia que nada tiene que ver con los magníficos modelos en cuanto a imitación o reflejo, pero con los que entronca en un pasado inmediato e inexcusable. Dos matrimonios, de los cuatro que intervienen en la nueva comedia de Villaurrutia, caen en el Juego peligroso de la infidelidad conyugal. Villaurrutia colocó en la primera página de su manuscrito, como pensamiento inspirador, unas hondas y sentenciosas palabras de Pascal: "En amor no se atreve uno a nada, por miedo, a hacerlo todo. No obstante, es preciso avanzar. Pero ¿quién puede decir hasta dónde?" Villaurrutia coloca a los protagonistas en su bella comedia frente a frente enamorados entre sí, celosos, desconfiados, y los deja que jueguen las cartas más difíciles del matrimonio: la sospecha y la duda, la fidelidad y el divorcio. Afortunadamente, como todos –menos Francisco, el traidor de este melodrama de buen tono– juegan lealmente, gana quien tiene las mejores cartas y juega más limpio, y el matrimonio –Irene y Francisco– que estuvo a punto de acabar en fracaso, queda más unido, después del juego peligroso, porque tanto él como ella, jugaron honradamente.

–Dígame, Francisco, sinceramente, con la mano en el corazón, ¿qué piensa usted de la infidelidad del esposo en el matrimonio?, pregunta inquieta Irene, al amigo de su esposo, que la corteja desde antes de casada, y que ha urdido una intriga para separar al matrimonio, divorciarse de su propia esposa, y merecer el amor de Irene, mujer de Arturo. Que es una condición humana, punto menos que inevitable, contesta maquiavélico y felón. ¿Y de la fidelidad de la esposa?, inquiere Irene, despechada porque supone que su marido Arturo la ha engañado en su propia casa. Pienso que es un deber, contesta ahora evasivo, el traidor de Francisco.

Irene ha encontrado entre los objetos íntimos, en su alcoba, una sortija, que supone es de una de sus tres amigas íntimas, casadas las tres con amigos íntimos de su marido. La prueba de a infidelidad es evidente. Arturo la ha traicionado, durante una ausencia, en su propia casa, y con una amiga. Interroga Irene a sus tres amigas, durante una escena que es un prodigio de técnica, y queda más confusa que antes. ¿De quién de las tres es la sortija delatora? "En amor no se atreve uno a nada –dice Pascal– por miedo a perderlo todo. No obstante, es preciso avanzar". "Quise saber, Cecilia, ¡quise saber! Querer saber es como una sed que se alimenta de sí misma. Quise saber... como si, al llegar a saber, la culpa de Arturo fuera menos grande... como si una culpa compartida fuera menos culpa. Y aquí estoy como al principio de todo esto, sin saber nada... y sin saber qué hacer", dice Irene a Cecilia, víctima inocente del amor culpable de su marido por Irene. Todo, todo es un "juego peligroso". Una vez empezado es preciso avanzar". "Pero, ¿quién puede decir hasta dónde?" Dice Arturo, que sabe qué carta jugará en este juego peligroso: "El equilibrio de un matrimonio estriba justamente en la seguridad que tiene el marido de que su mujer le es fiel, y en la necesidad de que la esposa no tenga siempre esa seguridad". El Juego peligroso continúa. Arturo no puede creer que Irene ame a otro hombre. Irene se resiste a creer en la infidelidad de Arturo. Pero ¿cómo fue a parar a su alcoba la sortija de Cecilia, esposa de Francisco? Cuando las cartas de este juego peligroso se ponen sobre la mesa y cada cual muestra su juego, limpio unos, sucio otros, Irene y Arturo quedan más unidos en su leal amor que antes que Francisco llevara a la alcoba de Irene la sortija de Cecilia, su mujer.

Dueño de una técnica excepcional, que maneja con indudable maestría, preciso en el diálogo más puro que pueda trasladarse al teatro, Villaurrutia ha logrado una comedia apasionante, de interés constante y ascendente, con un segundo acto que es un prodigio de enlaces, de ingenio y de emoción. Si en el primer acto logró una exposición clara e inquietante del problema, cruzado el puente del segundo acto en que la acción se anuda con superior habilidad, la maestría con que resolvió todo en el tercer acto, de una justeza singular, hacen de Juego peligroso una de las comedias más perfectas de que puede vanagloriarse el autor más ambicioso. Al final de los actos segundo y tercero, Villaurrutia fue reclamado en escena por la insistencia de un público satisfecho.

La obra fue representada con mucha dignidad. La escenografía de Lazo, del mejor gusto. La interpretación, no obstante algunos titubeos por visible falta de ensayos, magnífica. La señorita Beatriz Aguirre, fue objeto de una verdadera ovación como comentario aprobatorio por su magnífica escena, durante el tercer acto, con la señora Corona, por cierto la más insegura del reparto femenino. También fue muy aplaudida, después de su única excelente escena en el acto tercero, la señora Lola Tinoco. Fernando Mendoza, logró sus mejores momentos en las últimas escenas del tercer acto. El resto del reparto –que conste que la señora Guillén vistió muy bien su personaje– no pasó de discreto con la natural excepción de la bella Emperatriz Carvajal en la escena del segundo acto, en la que Irene reúne a sus tres amigas para saber a cuál de las tres pertenece la delatora sortija protagonista de un melodrama frustrado.