FICHA TÉCNICA



Título obra Espíritu travieso

Notas de Título Blithe spirit (título en el idioma original)

Autoría Noël Coward

Dirección Dagoberto de Cervantes

Elenco Rosa María Moreno, Georgina Barragán, Carmen Sagredo, Carlos Bribiesca, Carmen del Castillo

Escenografía Agustín Lazo

Grupos y compañías Comediantes de San Diego con actores de la Escuela Teatral del INBA

Espacios teatrales Ideal

Eventos Temporada de teatro mexicano contemporáneo organizada por la Unión Mexicana de Autores

Referencia Armando de Maria y Campos, “Nueva versión de Blithe spirit de Noel Coward, por el Grupo de San Diego, en la sala Latinoamericana”, en Novedades, 13 junio 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Nueva versión de Blithe spirit de Noel Coward, por el Grupo de San Diego, en la sala Latinoamericana

Armando de Maria y Campos

Hasta en Inglaterra, donde el talento brota pronto y los jóvenes tienen abierta la ruta para el triunfo en todas las esferas de la vida, la meteórica carrera de Noel Coward se considera como algo enteramente fuera de lo usual, Noel Coward es, a la fecha un hombre maduro (nació en 1889), pero desde su primera obra de teatro ya se sabía que estaba destinado a realizar grandes cosas antes de que fuese mucho más viejo. Coward pisó por primera vez las tablas como actor, después fue cantor, y poco a poco se fue abriendo Castilla teatral al paso de su caballo de pura sangre de histrión; se hizo compositor; luego, autor. Cuando logró estrenar sus primeras obras "era un muchacho extraordinariamente inteligente –asegura su biógrafo Bollin–, despierto y vivo en grado sumo, y animado por la más completa decisión de vencer en la lucha por la vida, que no dejaba de presentársele difícil. Su primera obra –A ti te lo dejo– fue recibida con simpatía, pero su segunda La idea joven– que se mantuvo larga temporada en el Savoy de Londres, lo consagró, sin duda por llevar impreso el sello de una originalidad irresistible y de una capacidad asombrosa para reaccionar ante las modalidades e influencias del momento, que con el tiempo se reflejó en sus escritos, dándoles la marca de fábrica del autor más moderno del Reino Unido. De ahí en adelante sus talentos múltiples los aplicó con el mismo éxito a la revista, a la opereta, a la comedia y al espectáculo, y en todo ha dejado entrever opiniones osadas acerca de la vida; pero más que a la literatura pertenece al teatro.

El teatro de Coward se ha representado en varias ocasiones en nuestros escenarios, sin mayor fortuna, dicho sea con sinceridad, pero –todo hay que decirlo– por culpa de las viejas prácticas de nuestro antiguo sistema "comercial". En una relampagueante temporada que María Tereza Montoya hizo en el Lírico –que con ese motivo llevó su nombre unas semanas– fue representada la comedia de Coward Private lives, pero como la compañía era numerosa y no era conveniente dejar en el "cuarto" a alguna actriz, su arreglador –de cuyo nombre es piadoso no acordarse–, le agregó un personaje, que interpretó Aurora Walker. Años después la compañía de Isabel Blanch y Angel Garasa representó unas noches en el Ideal Blithe spirit, con Sara García como la señora Arcati, Virginia Zuri de "espíritu travieso", Isabel Blanch como señora Bradman y Angel Garasa en el Carlos Bradman; todos se empeñaron en hacer una caricatura de la finísima pieza de Coward, a quien no faltó quien calificara como un gran "astrakanista" inglés. Fue presentada con el título "un triángulo fantástico", versión de Rafael Gutiérrez. Afortunadamente algún tiempo después vino la versión cinematográfica inglesa, en technicolor admirable, de Espíritu chocarrero, así se tituló en español, que gustó mucho, aunque su "tiempo" fue estimado como lento.

Noel Coward, que por momentos parece un autor frívolo y superficial, y otras veces se antoja cínico, sobre todo en sus comentarios a la vida moderna de "entre guerras", es un gran técnico de los recursos teatrales. De acuerdo con el ejemplo sentado por el más ilustre genio de la literatura dramática inglesa, Coward fue actor antes de escribir, y actor es todavía pese a sus éxitos y a sus millones. Debutó en las tablas a la edad de diez años, y la pasión que siente por el teatro le tiene en las tablas todavía, representado obras suyas y de vez en cuanto las de otros autores. Europa no olvidó fácilmente –fue preciso que se sucedieran otros triunfos– su éxito como actor y autor de Vidas privadas, comedia en la que trabajó a la perfección con Gertrude Lawrence; y su primer suceso en Londres fue conseguido igualmente como autor y actor principal de El vórtice, con una "plaza" que reproducía el caos moral de la posguerra del 17, con la misma fidelidad que Cavalcade evocó la confusión social y económica de principios de 1931. Cavalcade es una serie de estampas de la historia inglesa contemporánea. De este espectáculo Dionisio Cano habrá tenido la idea de formar su conocida producción española Cabalgata, que no es sino una feliz imitación del de Coward. Frágil virtud y Angeles caídos establecieron a Coward en el favor popular como autor de invención y facilidad portentosas. Desde ese momento su triunfo definitivo estuvo asegurado. Una obra suya era una letra de éxito seguro; en Hay fever demostró Coward que conocía a los viejos igual que a los jóvenes, y puso de relieve sus condiciones excepcionales para la sátira, probadas también en The queen was in the parlour, que proporcionó a Magde Titheradge un triunfo rotundo (por cierto en vísperas de retirarse de la escena inglesa), como Hay fever consagró a otra gran actriz inglesa, Marie Tempest. Después siguieron los éxitos de Adelante con el baile y Este año de gracia, puestas por Charles Cochran; la opereta Agridulce, y el ciclo de obras dramáticas integrado por Este era un hombre, Hablillas caseras, La marquesa y Sirocco. Al principio él mismo declaró que sólo le urgía hacer dinero. Y lo hizo. Ya millonario, se esperó de él una obra que le colocara en un plano superior al que le ha servido sus primeros, largos y resonantes triunfos. Pero vino la guerra, y Coward se quedó debiendo al mundo del teatro la gran obra, la definitiva, que todos los amantes de la escena esperamos de él. "Con habilidad consumada –comenta su biógrafo Sampson– presenta "dramas de ideas" a los huecos espíritus modernos en la única clase de lenguaje que son capaces de entender. Su desprecio por los vanidosos auditorios que toman en serio sus farsas satíricas, es tan poco disimulado que sus víctimas lo acogen complacidas como aspecto delicioso de su humorismo. Cabe tener a Coward –asegura Sampson– por el hombre de espíritu victoriano, que escribe de mala gana para una época de gigolos y papanatas".

El joven director del grupo de San Diego, Dagoberto de Cervantes, manejando el más apto material humano surgido de la Escuela Dramática del INBA –Rosa María, Georgina Barragán, Carmen Sagredo, Carlos Bribiesca, Carmen del Castillo–, logró una hábil versión de Espíritu travieso muy fina, muy real y fantástica a la vez, puesto que no es fácil, sin caer en la chocarrería, hacer circular espíritus traviesos entre gentes de carne y hueso. Salvó todos los escollos, y aun los erizó de dificultades para darse el gusto de vencerlos. Logró, pues, una acción tan ágil como graciosa, que cautivó desde las primeras escenas al público, que pasó –y pasará– ratos agradabilísimos con las travesuras del "espíritu burlón y gozoso" de una primera mujer que vuelve a la tierra para divertirse a costa de su marido vivo, y de la segunda esposa de éste, hasta que consigue "llevársela". Un hábil juego de luces acompañó siempre a la escena, con o sin el "espíritu travieso" en ella.

Carmen Sagredo, Rosa María Moreno y Georgina Barragán han cuajado ya en excelentes actrices, muy seguras no obstante su juventud. Igual que Carlos Bribiesca, Rosa María realiza, como el espíritu de Elvira, una fina creación y cautiva con su acento, de las más puras inflexiones burlescas, sin una exageración ni un exceso, sin descomponer su presencia de espíritu travieso. Carmen Sagredo usó de recursos cómicos del mejor gusto, y la bella Georgina Barragán hizo una feliz realización de la esposa inconforme con la "bigamia astral" de su marido, muy bien hecho, dicho sea en honor a la verdad, por Carlos Bribiesca.