FICHA TÉCNICA



Título obra Fiesta

Escenografía Henry Echeverría

Coreografía Enrique Martínez

Música Morton Gould

Vestuario Henry Echeverría

Grupos y compañías Ballet de Alicia Alonso

Notas de grupos y compañías Concha Garzón / rerpesentante

Notas Comentarios sobre los compositores de ballets cubanos con motivo del estreno de Fiesta

Referencia Armando de Maria y Campos, “Los ballets cubanos anteriores a Fiesta, que se baila esta noche en Bellas Artes en velada extraordinaria en la conmemoración de la fiesta nacional de Cuba. II”, en Novedades, 21 mayo 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Los ballets cubanos anteriores a Fiesta, que se baila esta noche en Bellas Artes en velada extraordinaria en la conmemoración de la fiesta nacional de Cuba

Armando de Maria y Campos

Fuente, manantial inagotable para músicos y coreógrafos es la "contradanza", que, como se sabe, es un baile de figuras ejecutado por muchas parejas. La disposición de hombres y mujeres en una doble fila, enfrentados y divididos en parejas, ya ha sido señalada en muchas tribus africanas (de donde procede todo baile caribeño), entre los bailes de Rhodesia, los bergdamas, o los bolokis del Congo. La "contradanza" mantiene el tema primitivo, fundamental: el combate de amor, con el ataque y la huida, con la unión y la separación consiguiente. En Cuba, que es lo que ahora importa, la "contradanza" inició hacia mediados del siglo anterior la música de salón, que evoluciona sucesivamente hacia la danza –en la segunda mitad del siglo XIX Ignacio Cervantes (que fue el músico más importante del siglo XIX cubano) compuso bellísimas "contradanzas", ya muy características; ¿por qué los cubanos no utilizan las composiciones de Cervantes para componer un gran ballet propio, como se ha hecho con la música de Chopin? Hacia el danzón que aparece en el último cuarto de siglo, finalmente hacia el danzonete. En el danzón se verifica en cierto modo una alianza con el son. El danzón es un poco danza, un poco son, pero en la contradanza, particularmente en su acompañamiento, se encuentra ya la fórmula rítmica que caracteriza la danza, el antiguo tango español y la habanera.

En Fiesta de Morton Gould aparece, como es natural, la "contradanza", frenética en la rumba, melancólica en el tango y palpitante de criollismo en la guaracha, aunque la coreografía de Enrique Martínez se manifiesta confusa por cuanto abundan los estilos de baile que nada tienen de común con los ritmos cubanos.

Lo esencial de un ballet regional radica en la expresión coreográfica. Para un improbable espectador sordo de ballet, lo característico o geográfico de éste estará siempre en los pasos, movimientos, actitudes o evoluciones. Un ballet que no se ve, que únicamente se oye, adquiere la categoría de pieza de concierto. Puede sonar a herejía, pero yo creo que la auténtica cantera del ballet cubano está en las comparsas del tipo de Los congos libres, El alacrán chiquito o El pájaro lindo, y no menos ricas son las vetas que marcan el paso por los escenarios de Cuba de María Belén, "sin rival bailaora", de Perico Trebejo, el negro bembón "que saltaba como una rana", de Adela "azúcar quita dolores", de las rumberas del 80 "que con el tumba-tumba de la rumba tumbarán", de la mulata Juana Chambicú; o de la sin par "canela" María de la O, mulata de abolengo, o de Candela, "negrito se rompe y raja, que con el cuchillo vuela y corta con la navaja", y en el son, el insustituible e impostergable son, que es un constante elogio de las patrias chicas enclavadas en la tierra madre:

Son del Oriente,
mi son caliente,
mi son de Oriente...

En Fiesta la rumba inicia la trama sutil, que concluye con la conga, después de pasar por el tango y la guaracha. Se ha procedido, pues, a la inversa, según el hábito cubano de terminar las funciones de teatro o bailes con la rumba. Así lo hicieron los primeros bufones que visitaron México en junio de 1882... Fiesta concluye con una conga con lo que deriva a la evocación de la comparsa tradicional. La conga fue en un principio –ya lo sabréis– el nombre de una comparsa carnavalesca cubana que bailaba y cantaba en las calles, al ritmo de tambores de diversos tamaños, desarticulándose las parejas en un momento dado para formar una "cola" que recorría la plaza pública donde se efectuaba, o la sala de baile, imitando los desfiles callejeros. El espectador de Fiesta no puede sustraerse al recuerdo de congas tan famosas que duermen en su memoria y que despertaron al conjuro de este ballet del repertorio de Alicia Alonso: La chambelona, A pie, a pie y Uno, dos tres...

Sin embargo de su cubanismo, el ballet Fiesta, es una fiesta blanca, muy europeizada, al revés del ballet de Amadeo Roldán, titulado La rebambaramba, el primero que se escribió en Cuba (¿1928?) según creo. Roldán, gran músico cubano, escribió antes de este ballet un poema musical titulado Fiesta negra, que fue tocado en La Habana y en Cleveland, con temas folklóricos. El éxito que alcanzó esta Fiestanegra le decidió escribir un ballet cubano: La rebambaramba de asunto colonial, con personajes, conectados con los tumultos populacheros de La Habana en 1930: mulatas, cuadrerizos, caleseros, cocineros negros, un negro curro, un soldado español. Ocurre la escena la noche del 5 al 6 de enero, para dar ocasión al paso de las comparsas el día de Reyes, en la plaza habanera de San Francisco camino de la capitanía general donde los esclavos recibían el aguinaldo... No sabemos si La rebambaramba haya sido bailado, pero su "suite de concierto" que ha recorrido triunfalmente muchas capitales de Europa y América se estima que representa esta obra en la producción de Roldán lo que Petruchka en la de Stravinsky: "predominio del color local, novedad y riqueza en la instrumentación, extraordinaria variedad de ritmo, melodías folklóricas..." Roldán ha escrito otro ballet también con asunto cubano: El milagro de Anaquillo, que el autor llama "ballet coreográfico", sobre un tema de Alejo Carpentier. La acción musical se desarrolla a la sombra de un ingenio de azúcar, y la partitura es una elaborada mixtura de temas guajiros sobre los rituales de las ceremonias iniciacas de los ñáñigos, y música de los blancos, centrada en el blak-bottom que acompaña la danza de los norteamericanos, del ingenio, y se caracteriza por el sabio equilibrio entre "lo blanco y lo negro" de Cuba.

Otro gran compositor cubano por adopción, José Ardévol, ha compuesto un ballet que los cubanos consideran como propio, no obstante que nada tiene que ver con la coreografía y los ritmos musicales de Cuba, y estiman que es una de las obras más importantes que se han escrito en la isla mayor, desde principios del siglo tanto por la concepción como por la realización. El tema es el hombre hallando su propia "forma", y en el argumento las voces humanas intervienen como en la tragedia antigua, glosando, aunque de modo siempre estático lo que ocurre en la escena. Forma, música de baile para coro y orquesta y coreografía y argumento de Alberto Alonso, poema de José Lezama Lima, fue estrenado el 18 de mayo de 1943, bajo los auspicios de la Sociedad pro Arte Musical.

Los nuevos compositores cubanos no desdeñan escribir ballets. Argeliers León ha compuesto cuatro escenas de ballet para clarinete y trompeta, piano y percusión cubana, utilizando auténticos tambores rituales negros, a los que otorga un papel concertante, e Hilario González concluye Romeo y Julieta, ballet cuyos personajes son los que aparecen en las litografías de cajas de "habanos" –puros– cubanos: Henry Clay, Fonseca, El negro bueno, Punch, La flor fina, Romeo y Julieta...

Y aquí hago un alto en los comentarios que me ha sugerido el estreno en México de Fiesta, mientras llega la hora, esta noche, de ver la versión definitiva, con orquesta, de ballet cubano, ciento por ciento, en función extraordinaria con motivo de la Fiesta Nacional de Cuba.