FICHA TÉCNICA



Título obra Fiesta

Escenografía Henry Echeverría

Coreografía Enrique Martínez

Música Morton Gould

Vestuario Henry Echeverría

Grupos y compañías Ballet de Alicia Alonso

Notas de grupos y compañías Concha Garzón / rerpesentante

Notas Breve historia de la música y danza cubanas, con motivo de la presentación del ballet Fiesta

Referencia Armando de Maria y Campos, “Durante la temporada de ballet de Alicia Alonso se ha estrenado Fiesta, con música, coreografía, vestuario e intérpretes cubanos I.”, en Novedades, 19 mayo 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Durante la temporada del ballet de Alicia Alonso se ha estrenado Fiesta, con música, coreografía, vestuario e intérpretes cubanos

Armando de Maria y Campos

En vísperas que el ballet Alicia Alonso se presentara por segunda vez en México, la señorita Concha Garzón, representante y apoderada de este magnífico conjunto coreográfico que encabeza la mejor bailarina de ballet que ha producido Hispanoamérica, la cubana Alicia Alonso, me confiaba el temor y la esperanza con que sería presentado ante el inteligente público nuestro el ballet Fiesta, con música, coreografía y vestuario esencialmente cubanos e interpretada por bailarines cubanos, que son los que forman la mayoría absoluta del gran conjunto coreográfico que nos visita.

"Es un esfuerzo nuestro –me decía– por mostrar al mundo nuestras danzas y nuestras melodías estilizadas en la alta y transparente forma del ballet. Fiesta –así se llama este ballet cubano, según el Concierto Latinoamericano, de Morton Gould, con coreografía de Enrique Martínez y decorado y vestuario de Henry Echeverría–, es el primer gran ballet que montamos en Cuba, y el más grande y serio de los esfuerzos que hasta ahora se han hecho para incluir en los repertorios mundiales de ballet uno específicamente cubano."

Fiesta se bailó por primera vez en México el sábado 13, por la noche, desgraciadamente sin la intervención de la orquesta, porque la partitura no llegó de Cuba a tiempo, y tuvo que utilizarse la versión grabada del mismo que usan los bailarines para sus "repasos" o ensayos. Prefirió Alicia Alonso darnos a conocer desde luego Fiesta aun cuando fuera con música eléctrica, que hacernos sufrir, y sufrir ella misma, el trastorno de una suspensión. Conocimos, pues, el ballet cubano en forma imperfecta. El domingo por la noche parece que ya fue bailado a toda orquesta. Quien esto escribe lo conoció en su versión con música grabada, y no pudo refrendar su conocimiento la segunda vez que hasta ahora se ha bailado. Se pospone a gozarlo en su tercera representación, y para entonces reserva su comentario definitivo, pero quiere aprovechar la ocasión de este acontecimiento coreográfico hispanoamericano para revelar –o simplemente difundir– algunos antecedentes de la música cubana en México y de los intentos que Cuba ha realizado por crear ballets con música y temas coreográficos propios antes de que Alicia Alonso convirtiera en realidad que la mayor y más representativa de las Antillas contara con un gran ballet propio.

Mitad y mitad –¡ya lo sabréis!– la música de Cuba, de todas las Antillas, del vasto Caribe, procede de España y de Africa. Con los primeros músicos, tañedores de arpas, vihuelas, sacabuches, chirimías... Los primeros negros llegarían a Cuba por 1513; Hernán Cortés trajo a México algunos negros ya cubanos. La música mezcló de inmediato a negros y blancos. Hasta estos días ha llegado una composición que puede darnos una idea de lo que era la música popular cubana en el siglo XVI: el Son de La Má Teodora (Teodora Ginés fue una negra borra que vivió en Santiago. "Ma" Teodora era famosa por sus canciones). El "Son de la Má Teodora" amalgama metros, melodías e instrumentos hispánicos con remembranzas de las viejas tradiciones orales africanas. Como la zamba brasileña... Ya hay desde entonces una constante analogía fonética entre los nombres gayumbas, paracumbés, rotambos, cachumbas, yeyés, zambápalos, zarambeques y gurrumbés, aludidos por los poetas y autores del Siglo de Oro español, con las rumbas, bembés, zambas, batuques, macumbas, guaguancós, candombes, tumbas, chucumbés carrumbas yambús que proliferan en donde quiera que hubo esclavos negros en América. Después vendrán el tango y la habanera. Pero éste será tema de otro párrafo porque sobre el origen del tango y la habanera, idénticos aunque aún se les designe bajo un nombre y otro, hay mucho qué decir no obstante lo mucho que se ha escrito.

Se ha podido fijar cuándo y cómo entró a México el primer ritmo cubano. Fue en 1776, cuando una flota procedente de Europa, que había hecho larga escala en La Habana, trajo a Veracruz algunos emigrantes de color quebrado, quienes trajeron de la isla un baile llamado El Chuchumbé, que, como en estos días la Múcura (de origen colombiano) y el Mambo, obtuvo, en el acto, un extraordinario éxito de difusión. El Chuchumbé se bailaba con sarandeos contrarios todos a la honestidad dijeron los varones circunspectos que elevaron una denuncia a la Santa Inquisición de México, que trajo como consecuencia su prohibición absoluta. ¿En qué consistía este baile escandaloso que siguió bailándose entre nosotros precisamente porque había sido prohibido? Hay dos referencias. El expediente de la Inquisición mexicana y el de un relato viajero, Moreau de Saint Mercy. Dice el primero: "Las coplas se cantan mientras otros bailan, ya sea entre hombres y mujeres o bailando cuatro mujeres con cuatro hombres: el baile es con ademanes, meneos, sarandeos deshonestos, por mezclarse en ellos abrazos y dar barriga con barriga". Dice el segundo: "El talento, para la bailarina está en la perfección con que pueda mover sus caderas y la parte inferior de sus... riñones (textual) conservando todo el resto de su cuerpo en una especie de inmovilidad que le hacen perder los suaves movimientos de sus brazos que sostienen las dos extremidades de un pañuelo o de sus faldas. Un bailaor se acerca a ella; se lanza súbitamente y cae a compás, cuando está a punto de tocarla. Retrocede y avanza de nuevo, invitándola a la lucha más seductora. La danza se anima y pronto ofrece una cuadro cuyos rasgos, de voluptuosos, se hacen lascivos". En una palabra, se trata de la rumba, baile conocido con más de treinta nombres, y que, como es natural, figura en primer término en el ballet Fiesta que ha presentado en México Alicia Alonso: es el primer número que abre el pueril argumento de éste, que se explica en el programa respectivo en tres líneas de una vaguedad conmovedora: "Parejas románticas bailan en un salón imperial de la Europa de 1885. Una trama sutil mantiene vivo el interés de estas evoluciones", que son las que se derivan de una rumba, un tango, una guaracha y una conga, entre las que se incrusta un pas de trois.

No es Fiesta el primer ballet cubano que escriben los compositores antillanos. Posiblemente será el primero que se baile, y, desde luego, ninguno se habría bailado como lo baila el conjunto de Alicia Alonso y particularmente ella, que es una bailarina extraordinaria. El ballet cubano es tan antiguo, por lo menos, como su música. ¿Qué otra cosa que ballets ambulantes fueron durante siglos las "comparsas" organizadas por las cofradías –o cabildos– negras desde que en el remoto año de 1573 el ayuntamiento de La Habana dispuso que a la procesión del Corpus asistieran los negros horros "bailando sus danzas"? Durante años y años –hasta 1913– desfilaron por las calles de La Habana las comparsas, que tenían "asuntos". Un alacrán o una culebra, representados por una figura de gran tamaño, llevada por un bailador experto servía de eje a toda una acción acompañada de cantos.

El ballet Fiesta de Alicia Alonso es otra cosa, muy distinta y menos cubana, como veremos mañana.