FICHA TÉCNICA



Título obra La última cinta de Krapp

Autoría Samuel Beckett

Dirección Eduardo Ruiz Saviñón

Elenco Guillermo Henry

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Bruno Bert, "La última cinta de Krapp. Una copa de Beckett", en Tiempo Libre, 9 noviembre 2006, p. 25.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

La última cinta de Krapp
Una copa de Beckett

Bruno Bert

Dentro de la producción de Samuel Beckett (1906-1989), La última cinta de Krapp no ocupa un lugar excesivamente destacado. La rodean una serie de anécdotas más o menos seductoras, sobre todo relacionadas a las puestas y modificaciones intentadas por el propio autor, pero en nuestro medio, por ejemplo, han pasado décadas sin que ningún director se haya interesado en llevarla a escena. Ahora, finalmente y dentro de los homenajes del centenario de su nacimiento, Eduardo Ruiz Saviñón la montó en La Casa de la Paz.

Como en todos los trabajos de Beckett, la esencialidad, el pesimismo y una cierta ambigüedad invaden la propuesta. Aquí presenciamos la reedición de una costumbre que para el protagonista y único personaje se ha extendido por más de treinta años: es un viejo escritor que exhuma una grabadora e infinitas cintas magnetofónicas, para registrar y escucharse en antiguas y clasificadas grabaciones de antaño. He allí prácticamente todo. Luego está el sentido, posiblemente relacionado a una inútil intención de dialogar consigo mismo a través de un tiempo congelado que sólo le devuelve la confusa sensación de haber fracasado en una posible relación afectiva y sensual tantos y tantos años antes.

Casi siempre que vemos la puesta de una obra de Beckett, lo primero que se nos impone es la sensación de muerte y deshumanización. De la descomposición de los objetos, del hombre, de las identidades y por supuesto también del lenguaje, arma, con la que el escritor construye lo que paradójicamente es una deconstrucción de las estructuras tradicionales de la dramaturgia.

Aquí, sin embargo se dan algunas excepciones a manos de la dirección. Por ejemplo, permite e incluso de alguna manera convoca a la nostalgia, ese sentimiento tan humano y tan ajeno a la tradición del teatro de Beckett. Y eso influye en la lectura de los textos, en la valorización de la insignificancia de las acciones e incluso, claro, en el trabajo del único actor, que es Guillermo Henry. El programa de mano habla de un posible corrimiento hacia el realismo. Creo que eso está más cercano en cuanto a la estructura global de puesta que al manejo mismo del personaje, un muñeco fatigado de evidente construcción, distanciado y externo. Un trabajo coherente que más que emociones nostálgicas nos produce un leve rechazo y una sensación de futilidad. Eduardo Ruiz Saviñón gusta en sus montajes convocar la sensación de la decadencia y la muerte, tal vez como parte del estilo ciertamente bizarro (teatro gótico, suele llamársele) que lo caracteriza. En este caso hace una media excepción y deja filtrar en medio de esa lluvia de cenizas y oscuridades un algo de vida, como una gota de agonía que acentúe el desperdicio y la soledad de tantos años como los que lleva Krapp repitiendo su ceremonia.

En definitiva, entonces, creo que a todos los gustadores de teatro nos conviene de tanto en tanto tomarnos una copa de Beckett, para recordar el rigor, para confrontar el displacer con una sólida estructura dramatúrgica, para ver las distintas versiones que los directores van generando a través de los años y comprobar asimismo que el nuevo siglo no ha variado demasiado las condiciones de vida para que el hombre abandone ese pesimismo radical que el irlandés muestra en casi todos los trabajos.

LA ÚLTIMA CINTA DE KRAPP,de Samuel Beckett. Dir. Eduardo Ruiz Saviñon. Con Guillermo Henry. Teatro Casa de la Paz, Cozumel 33, Roma (Metro Sevilla), 5286-5315. Miércoles y jueves, 20:00 horas. Loc. $80; descuento del 50% a estudiantes, maestros y afiliados al Inaplen. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 70 mins. (Centro)