FICHA TÉCNICA



Título obra Yamaha 300

Autoría Cutberto López

Dirección Antonio Castro

Elenco Hernán Mendoza, Joaquín Cosío, Pilar Padilla, Dagoberto Gama, Sergio López

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Bruno Bert, "Yamaha 300. Trastienda del realismo", en Tiempo Libre, 28 septiembre 2006, p. 29.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Yamaha 300
Trastienda del realismo

Bruno Bert

El mundo del narco, hoy, es apenas como el otro lado de la puerta de nuestra realidad cotidiana: aunque no lo veamos, lo oímos, con todas las distorsiones que provoca. El narcotráfico es un poder político económico indudable, una estructura gansteril que genera corridos y siembra de muertos, una red internacional con raíces y complicidades cada vez más profundas en nuestro territorio nacional; un sentimiento de temor concreto con un dejo de fascinación, porque los grandes demonios siempre han sido capaces de seducirnos con su negrura infinita. Concretando: el tráfico ilegal de drogas es un tema que importa desde múltiples ángulos de acercamiento. Este es el eje de Yamaha 300, la obra de Cutberto López que Antonio Castro ha llevado a escena en el foro Sor Juana de la UNAM.

El nombre proviene, como seguramente es obvio para muchos, de las lanchas que se desplazan rápidamente con las cargas de droga que son arrojadas desde aviones. El punto de partida de la obra es una breve narración de una circunstancia: la desaparición de unas fotografías comprometedoras para un cartel que está buscando quien de sus hombres es el que sirve de soplón para las autoridades norteamericanas.

Tiene razón el director cuando comenta en el programa de mano que más bien parece el guion de una película de aventuras clase Z, con cabezas arrancadas, avionetas arrojando mercadería, persecuciones con lanchas de la prefectura, voladuras, tiroteos y toda una serie de acciones que generalmente no son convocadas de manera directa al teatro por la dificultad de su realización técnica, y porque el teatro no suele trabajar sobre esa área de la imagen que requiere grandes espacios, un ingente aparato técnico y un sistema de montaje más propio del cine.

Creo que Cutberto López es un autor áspero y efectivo que suele trabajar en sustentos la realidad de su tierra y el lenguaje que usan los hombres que sufren las peores circunstancias. Sin embargo, es capaz de conservar un ácido sentido del humor, y un carácter que tiene mucho que ver con esa breve frontera entre la vida y la muerte que viven sus personajes, generalmente en situaciones límites casi permanentes. Su teatro me parece muy cercano a la historieta y a los elementos expresivos de la cultura popular, por lo que en muchos casos tiene la fuerza irrepetible de lo coyuntural, de lo que está escrito o dibujado para leerlo en el camión, guardarlo doblado en el bolsillo trasero del pantalón, prestarlo al cuate y olvidarlo en cualquier parte. Más que una literatura de reflexión, lo es de estallido e impacto, con toda la fuerza descarada de lo que no se pretende trascendente, sino anclado en su valor del aquí y ahora.

El trabajo de Antonio Castro es generalmente efectivo, y sólo resulta débil en relación al material cuando intenta grandes momentos de acción (como en la persecución de las lanchas, por ejemplo), cuando rompe la verosimilitud de un sistema de analogías que resulta arduo pero convincente en casi todo momento. Elige un camino inteligente para ese difícil texto y logra complementarlo muy bien, con la colaboración de una propuesta acertada del espacio y la iluminación a cargo de Sergio Villegas. Naturalmente, en esto tienen importancia fundamental los actores, esencialmente Hernán Mendoza como el Animal, Joaquín Cosío como Tiburón y Fermín Martínez en el papel de Cananas.

En definitiva, resulta interesante ver la trastienda del realismo cuando este es lanzado a primerísimo primer plano. Resulta como la piel: todos la reconocemos hasta verla a través de una lupa potente. En ese momento advertimos que esconde una geografía aterradoramente distinta a la apariencia. Resulta atractivo que una obra que trata un asunto tan delicado, no se convierta ni en un panfleto político, ni en la banalidad del melodrama barato. Buen trabajo.

YAMAHA 300, de Cutberto López. Dir. Antonio Castro. Con Hernán Mendoza, Joaquín Cosío, Pilar Padilla, Dagoberto Gama y Sergio López. Espectáculo que muestra la corrupción del mundo del narco. Foro Sor Juana Inés de la Cruz, Centro Cultural Universitario, Insurgentes Sur 3000, 5622-7160. Viernes, 20:00; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Adolescentes y adultos. Loc. $100. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Duración aproximada 75 mins. Estacionamientó. (Sur)