FICHA TÉCNICA



Título obra Jean de la luna

Notas de Título Jean de la lune (título en el idioma original)

Autoría Marcel Achard

Dirección José de Jesús Aceves

Elenco Marcela Vick, Héctor López Portillo y Rojas, Francisco Muller, Rolando San Martín

Escenografía Julio Prieto

Grupos y compañías Compañía Mexicana de Comedia

Notas de grupos y compañías José de Jesús Aceves / director

Espacios teatrales Teatro Caracol

Referencia Armando de Maria y Campos, “Jean de la luna de Marcel Achard en el teatro Caracol. Aparece una actriz joven, bella e inteligente: Marcela Vick”, en Novedades, 25 abril 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Jean de la luna de Marcel Achard en el teatro Caracol. Aparece una actriz joven, bella e inteligente: Marcela Vick

Armando de Maria y Campos

Alfred Savoir, crítico francés del Paris-Midi, sorprendió al lector vigilante del curso del teatro francés a principios de abril de 1929, con esta rotunda afirmación: "Esta comedia es algo maravilloso y todavía mejor que esto, mucho mejor. Es la mejor, la más profunda, la más encantadora, la más inteligente al tiempo que la más ingenua pieza que el teatro francés haya producido desde hace años". Savoir se refería a la pieza en tres actos Jean de la lune, estrenada en abril de ese año en el teatro Comédie des Champs-Elysées (entonces Theátre Louis-Jouvet), por la Compañía de Jouvet, con Valentine Tessier, Jouvet, Michel Simon, Pierre Renoir, Odete Mouret, y Claide Ryoir. ¿Quién era Marchel Achard, el autor de la pieza así consagrada?

Marcel Achard, que había de llegar a ocupar un puesto destacado entre los dramaturgos de la época conocida "entre dos guerras", no era, entonces, un autor primerizo. Nacido en 1899 se había hecho periodista al concluir la guerra del 17, escribiendo en El Fígaro, La obra y Buenas noches. Atraído por el teatro había llevado su primera obra a Lugné-Poe, Se ha dicho la misa, en un acto, quien se la estrenó en su teatro en 1923. El mismo año, Dullien estrenaba en el Atelier otro acto del mismo autor: El que vivía su tarde, y poco después una comedia que ocurría en un circo: ¿Quieres jugar conmigo?. Todo París fue a conocer la obra de Achard al teatro de la plaza Dancourt. Achard empezaba a tener amplio crédito. Vinieron después el estreno (1924) de la comedia grande Malbrough se va a la guerra, La mujer silenciosa (1925), No quiero(1926) al año siguiente, y de (1927), El jugador de ajedrez, inspirada en una novela de Dupuy-Mazel. Finalmente (1928), La vida es bella. Hasta aquí la obra de Marcel Achard antes de presentar con Jouvet como primer actor y director Juan de la luna.

Hacia 1930 se conocieron en México ejemplares franceses de Jean de la lune, y como el teatro Orientación se hallaba en su apogeo, Celestino Gorostiza la tradujo, y logró estrenarla, en el teatro Hidalgo, durante la tercera temporada de su grupo, en 1933. La verdad es que este estreno pasó inadvertido. Ahora la representa, muy bien por cierto, en el teatro del Caracol la Compañía Mexicana de Comedia que dirige José de J. Aceves.

El teatro de Marcel Achard se caracteriza por su picante originalidad, fresca espontaneidad, gracia encantadora y observación cómica unida a una fantasía de poeta. Por lo menos, en su primera época, del 23 al 38, que es la que ahora importa.

El teatro de Marcel Achard ha sido ampliamente estudiado en Francia, pieza a pieza. Gerard Bauer imagina cómo tuvo Achard la idea de escribir Jean de la lune. Un día cualquiera encontró uno de esos muchachos tontos, que parecen hechos expresamente para ser engañados por las mujeres, porque aún pueden encontrarse esos seres sencillos y confiados que se sienten seguros en su propia confianza... Ante este muchacho, Achard ha colocado a una muchacha desvergonzada, sensual, amante de la mentira y del engaño. No es una mala muchacha, ni una malvada. Es, sencillamente, una muchacha frívola. Cree saber amar... Como tantas de su corte, engaña, desespera. Son heroínas que, aun sin podernos perdonar, conservan cierta gracia... Habiendo reunido a estos personajes, Achard pensó en su porvenir. Y encontró que el joven más fácil de engañar, aquel que conservaba más intactas sus ilusiones, sería aquel que vendría a desarmar a la perversidad y, finalmente, haría que su compañera se convirtiese en un ser del todo semejante a la imagen que de ella había formado su candor. Porque hay cierta facultad contagiosa en toda ilusión. Achard sitúa en esta comedia dos tipos: una mujercita, cruel por debilidad, y un hombre, fuerte por dulzura. Los arroja, a fin, uno en brazos del otro, y los deja vivir...

Marcelina, la muchacha frívola y sensual de Juan de la luna es un poco la Manón del abate Prévost, y un poco la Clorinda de La aventurera de Emilio Augier, ¿recordáis? Si Manón es vencida finalmente por la constancia del amor que le tienen y Clorinda es vencida por la fuerza masculina, el héroe de Achard –este don Juan está en la luna, que no quiere o no puede bajar de ella para juzgar las traviesas infidelidades de Marcelina, como él es un poco Pierrot–, triunfa finalmente de su aventurera por la constancia en la credulidad, pues es cierto que la más obstinada necedad es la fuerza más grande del mundo.

Desconcierta y atrae a la vez el tipo, el carácter de Jef, el don Juan en la luna. (¿Por qué Aceves nos lo presenta tan "entrado" en años?) Achard columpia en incertidumbre nuestra curiosidad. ¿Es consciente o inconsciente Jef? Si es "que sabe", hasta qué punto "sabe". Y si no sabe, hasta qué punto llega lo que no sabe? Juan de la luna es un personaje incierto. Pero... ¿Alceste? ¿Tartufo? ¿Arnulfo? ¿Don Quijote enamorado? La incertidumbre es el carácter de Jef: no sabemos si es un cínico o un filósofo, si es como el pobre "Jean de Nivelle" o como el desventurado Pierrot, de Laforgue. Y ese hermano cínico de Marcelina, ¿no será un Brighella francés de entreguerras? Hemos convenido en que el carácter de Marcelina es un poco como el de la sensual y frívola Manón, y otro poco la coqueta y perversa Colombina. Lo cierto es que Jef, don Juan, ¡vive en la luna!

La obra de Marcel Achard –representada en el Caracol, con algún personaje episódico de menos–, es encantadora. Una gracia fresca, frívola, circula como agua cristalina por todas sus escenas, tiene esta moderna farsa francesa, la gracia y la ligereza de la comedia italiana. Es ingenua y ligera. El diálogo cómico que corre por los tres actos está lleno de sorpresas cómicas, frívolas, cínicas y poéticas, porque Juan de la luna es un hombre crédulo, y un vate a la vez, que adivina el final tranquilo, de mujer de hogar tranquilo, de esta Manón rendida, de esta Colombina resignada y convencida que es la hermana de Clo-Cló.

Aceves encontró en Marcela Vick, joven de veinte años, a una actriz de muy fino temperamento y de comprensivo talento; hizo una Marcelina encantadora e inquietante, y entendió muy bien ese carácter complejo, mezcla de astucia, de coquetería y de sinceridad. Alcanza en su actuación momentos realmente felices. López Portillo aventajó un poco a Juan de la luna, y desvirtuó la interrogación más viva de la obra: ¿Sabe?, y si sabe, ¿hasta qué punto sabe?... Porque sabe, ¿perdona? O, simplemente, comprende, y nada más, y se conforma. Muller, en el extraordinario "Clo-Cló" imprimió la alegría pícara a cada escena en que interviene con mucha seguridad y simpatía. Rolando San Martín, en su única escena como Ricardo, muy discreto, habida cuenta que éste es el primer papel de relativa importancia que se confía a su afición y a su valiosa aptitud de actor joven.