FICHA TÉCNICA



Título obra Ladrones

Autoría Friederich Schiller

Dirección David Hevia

Elenco Guillermo Larrea, Diego Jáuregui, Ricardo Campos, Carolina Politi

Espacios teatrales Teatro del Centro Cultural Helénico

Referencia Bruno Bert, "Ladrones. Producto a la Frankenstein", en Tiempo Libre, 20 abril 2006, p. 25.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Ladrones
Producto a lo Frankenstein

Bruno Bert

Friedrich Schiller (1759-1805) es uno de los máximos poetas y dramaturgos alemanes, contemporáneo de Goethe, de quien fue gran amigo. Representa uno de los momentos culminantes de tensión entre idea y realidad, y sobre este eje construye casi toda su obra. Hoy se presenta entre nosotros el que fuera su primer drama: Die Rauber, que tradicionalmente se traduce como Los bandidos y que aquí se llevó a escena bajo el nombre de Ladrones.

El material, de 1782 –es decir, que Schiller lo compuso con apenas 23 años– está dentro del movimiento Sturm und Drang que es la expresión más directa y anticipada de lo que más tarde sería el movimiento Romántico. La frase significa algo así como "tormenta e ímpetu" y glorifica el individualismo y la pasión contra la frialdad racional y las reglas clásicas, sobre todo de los grandes creadores franceses, como podría ser el caso de Voltaire. La obra en su momento tuvo un enorme éxito, pero, como era bastante lógico por sus arrebatados contenidos, no gustó al Duque Carlos Eugenio, y el autor, luego de algunas peripecias que incluyen una visita a la cárcel, tuvo que huir. Pero bueno, no vale la pena seguir la ya extensa historia de esta obra y de su autor, ricas ambas en anécdotas y lances. Lo que importa es que nunca se había representado en México y fue David Hevia quien se encargó de la adaptación dramatúrgica y la puesta en escena que ahora podemos ver en la sala del Helénico como un verdadero estreno a más de dos siglos de su primer montaje.

No he tenido la posibilidad de cotejar el original con la actual adaptación que es de alrededor de tres horas. Parece que se maneja con bastante libertad, tanto en lo referente al lenguaje como a la estructura, respetando especialmente ciertos diálogos y los larguísimos monólogos de algunos personajes, donde tanto lo literario como lo rítmico cambian radicalmente. Hay una intención de adecuación contemporánea que parte de la imagen: los bandidos visten como punks, darks y similares, hay un taxi bochito a un lado de la escena... y se extiende al lenguaje hablado que por momentos se vuelve escatológico y coloquial de banda. Esto produce en lo visual la sensación de pobreza, de bajos recursos de producción, de poca imaginación, y en lo que se refiere al texto, parece yuxtaponer fragmentos que quedan deshilvanados entre sí. Convoca lo teatral de la historia, juega con los referentes, pero está lejos de lograr una unidad expresiva que al menos recuerde la potencia y efectividad del original, aunque éste se nos muestre como algo lejano en su forma y en sus preocupaciones ideológicas, volcadas sobre todo a las tensiones entre la dualidad fe-razón y el tema de la política y la seducción del poder.

Es decir, que la adaptación y puesta no logran trasponer aquel original, para lanzarlo a una vigencia de lo esencial en las situaciones sociales y políticas contemporáneas. No crean. un equivalente en un lenguaje actual, ni se conforman como una visión que pudiera ser arqueológica. Y así nace un cierto producto a lo Frankenstein: fuerte, contrahecho, insuficiente, atractivo por momentos, pesado, con bastante torpeza y una gran ambición poético-filosófica de base.

Tal vez, uno de los puntos más problemáticos está en el sistema de actuación elegido, que vuelve a los actores –unos doce, encabezados por Diego Jáuregui– seres a medio camino entre lo coloquial con lo operístico, con una frialdad envarada, lanzados a todos los excesos románticos (asesinatos, sangre, mutilaciones, suicidios, tumbas, etcétera) con una teatralidad donde la grandilocuencia mata los conceptos que están expresando los personajes en esos mismos momentos. Lo verosímil es la coherencia del sistema. Aquí, este se desgaja y entonces ya no creemos la verdad del discurso, y se nos aleja sin remedio.

En fin, creo en los actos de audacia, y llevar a escena esta obra indudablemente lo fue. Son visibles las huellas que fascinaron a Hevia y su equipo, lo que habla muy bien de ellos, pero desgraciadamente la construcción fue excesivamente empeñosa y los resultados no alcanzan las intenciones.

LADRONES, de Friederich Schiller. Dir. David Hevia. Con Guillermo Larrea, Diego Jáuregui, Ricardo Campos y Carolina Politi. Teatro del Centro Cultural Helénico, Centro Cultural Helénico, Revolución 1500, Guadalupe Inn (MB Altavista), 3640 3139. Lunes a miércoles, 19:30 horas. Loe. $100. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 180 mins. (Sur)