FICHA TÉCNICA



Título obra Edi y Rudy

Autoría Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio

Dirección Carlos Corona

Elenco Jorge Zárate, Carlos Cobos

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Bruno Bert, "Edy y Rudy. Potencia escénica", en Tiempo Libre, 23 marzo 2006, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Edy y Rudy
Potencia escénica

Bruno Bert

El teatro es, sobre todo, acción. Es el tejido que realizan los actores sobre el escenario, y que encarna todo el ideario humano, que supera a las palabras del dramaturgo dándoles vida y profundidad. Cuando sólo hay palabras –o cuando éstas prevalecen aplastantes– la escena suele ser aburrida así sea un texto rico en ideas. Pero hay excepciones, y se dan cuando alguien es capaz de insertar la acción en las palabras mismas y la labor del actor, en ese caso, es como la de un orfebre que trabaja con miniaturas: saber develar los impulsos que contienen.

En realidad estoy hablando de los textos teatrales de Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (más conocido en el ambiente artístico como Legom), que acaba de estrenar Edi y Rudy bajo la dirección de Carlos Corona. Al igual que otro material suyo que también se mantiene en temporada (me refiero a De bestias, criaturas y perras, llevado a escena por Alberto Villareal), se trata de dos personajes que prácticamente sólo discuten y narran, lanzando la acción al antes o al después, dejando a los intérpretes casi sin actos entre las manos y, sin embargo, con una gran potencia escénica.

Aquí son dos "socios" que traman reiteradamente los negocios más inverosímiles y carentes de escrúpulos, como vender sangre humana por cubetas, matar perros a garrotazos o electrificados, e inclusive emplear a personas con Síndrome de Down para lucrar con su mano de obra "barata" mientras se los alimenta con las croquetas caninas sobrantes.

Uno es "astuto" y con ideas brillantes; el otro, un tanto lento. Lo que realizan siempre resultará un fracaso y será el segundo el que pague indefectiblemente los platos rotos a través de previsibles visitas a la cárcel o al hospital. La impavidez de ambos sólo es comparable a su deshonestidad que, a su vez, denuncia un medio aún más corrupto aunque seguramente más hábil.

Las referencias históricas tanto teatrales como cinematográficas e incluso de cabaret son bastante rastreables, y a ellas se agregan las especiales características de Ortiz Monasterio, sobre todo un humor renegrido que sobrepasa al que normalmente se reconoce en la cultura mexicana; una acidez casi vitriólica y un pesimismo que sólo se despeja por momentos. Un diálogo anclado con frecuencia en lo escatológico y una capacidad para sorprendernos con un texto que parece elemental pero que en realidad está fuerte y hábilmente sustentado.

Llevar estos materiales a escena no es para nada sencillo, y requieren a un director inteligente y a intérpretes con talento e ideas claras. Carlos Corona, aquí con la colaboración de Matías Gorlero en el espacio y la iluminación, genera como una ambientación kitsch, con un discreto apoyo de video y lanza a Carlos Cobos y Jorge Zárate a jugar a gran velocidad con los textos, sus contenidos y supuestos.

Estos actores a los que he elogiado en otras oportunidades son ampliamente conocidos y reconocidos en sus capacidades, especialmente en la vena cómica, en el sketch rápido y político, en dosificar la risa con la mueca de espanto. Y así, vinculando a uno y los otros se da un material filoso muy propicio para nuestro tiempo y teatro.

En definitiva, una puesta que nos pone en una de las fronteras más interesantes y contemporáneas de nuestro teatro.

EDI Y RUDY, de Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio. Dir. Carlos Corona. Con Jorge Zárate y Carlos Cobos. Foro La Gruta, Centro Cultural Helénico, Revolución 1500, Guadalupe Inn (MB Altavista), 3640-3139, Miércoles, 20:30 horas. Loc. $100. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 70 mins. Estacionamiento. (Sur)