FICHA TÉCNICA



Notas El autor realiza un balance de la actividad teatral del 2005

Referencia Bruno Bert, "Lo mejor del 2005.", en Tiempo Libre, 1 diciembre 2006, p. 22.




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Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Lo mejor del 2005

Bruno Bert

Siempre que hacernos un balance de año mencionamos en primer término aquellas producciones que nos han parecido más relevantes. No vamos a evitar las en esta oportunidad y adelantamos que son tres obras de pequeño formato y un tanto marginales a campañas importante de difusión.

Por orden de visión, la primera fue Una especie de Alaska, con texto de Harold Pinter (antes que le fuera concedido el Premio Nobel 2005) y dirección de José Caballero mostrada casi a las escondidas sobre el escenario del Julio Castillo, donde también convocaban al puñado de espectadores que acompañaban cada función. Era un acto íntimo de gran potencia que extendía la escritura a manos de una dirección extraordinariamente medida y una actuación excepcional en la persona de Lucero Trejo.

Para los que no la vieron (y ojalá pudiere ser repuesta), recordamos que en escena sólo hay una cama, dos silla, una mesa y tres actores, uno de los cuales entra luego de la primera mitad. La obra se basa en un caso real –aunque sólo parte de él– sin intenta: un documentalismo que resultaría trasnochado. Una mujer, por una extraña enfermedad, cae en un coma durante 29 años la acción la retoma en el momento en que despierta. Frente a ella hay un hombre al que no reconoce (tampoco nosotros sabremos nunca su identidad aunque podamos intuirla) al rato llega su hermana, una cuarentona que naturalmente le es totalmente ajena.

El juego de tiempos es fundamental para el espectador, que ve estallar en la conciencia de la mujer los tiempos infinitos del silencio y las islas muy frescas de una cotidianidad que ahora resulta remota. Y en un acto de puro teatro las palabras se enlazar con el valor de los cuerpos, los normales) el congelado de la enferma, que despierta con movimientos de una infancia y una adolescencia que terminó hace tres décadas Realmente un trabajo de excepción que no da a un Pinter que sin duda es merecedor del máximo galardón literario (y bien que lo sea para un dramaturgo), y a un equipo que trascendió largamente los modestos principios que dieron vida a ese trabajo.

En segundo término tenemos a Noche árabe, texto de Ronald Schimmelpfenng con la dirección de Mauricio García Lozano También aquí hay una combinación muy sugestiva entre el valor del texto –que mezcla la cotidianidad de un multifamilia de varios pisos con todas las fantasías que pudieran caber en el deseo, la oniria y une reminiscencia de las viejas narraciones como de Las mil y una noches. Un texto que conoció una versión radiofónica (el valor de la palabra sobre un cuerpo imaginado) que aquí se vuelve una experiencia teatral de gran interés, con un tempo preciso administrado por la dirección y un muy atractivo compromiso actoral de Miguel Flores Aída López, Carmen Mastache, Juan Carlos Vives y Carlos Corona. Una pena que no dispongamos de un espacio mayor pan marcar las señas más memorables de esta Noche árabe.

Y por último, un material que tiene por autora y directora a Cordelia Dvorjak: El solitario de Pessoa, un verdadero bocado teatral que naturalmente evoca al que fuere el máximo poeta lusitano del siglo XX, cada vez más conocido a través de la publicación de "los textos del baúl", pero que igualmente sigue siendo, a. pesar de todo, un gran desconocido para la mayoría. También aquí estamos convocados sobre el escenario –en este caso del Helénico– en íntima complicidad con personajes que nacen de la literatura de Pessoa, básicamente sus heterónimos. La creación de ese mundo meticuloso donde campea ampliamente la tristeza y el desasosiego, con el manejo peculiar de los objetos que transmuta lo cotidiano (intrascendente en la orilla de un sueño punteado de palabras. Un trabajo de equipo de gran valor (Silverio Palacios, Arnoldo Picazzo, Juan Carlos Remolina y Heraldo González) con un acento muy especial, por supuesto para su creadora.

En definitiva, tres pequeñas joyas en medio de un año como mucho de bisutería incluso de buena calidad.