FICHA TÉCNICA



Elenco Elisamaría Ortiz de González Garza (Elisamaría de Monterrey), Mario Gálvez Álvarez, Carlos G. Cirilo, Eugenio Armendáriz, José Antonio Fernández, César Treviño Boesch, Paul C. Probert, Amalia Garza González, Gloria Rodríguez Thompson, Ellen Larsen, Beatriz Guerra Medina, Irene González

Escenografía Julio Prieto

Grupos y compañías Núcleo de Arte Teatral de Monterrey

Espacios teatrales Teatro Tampico

Notas Sobre los montajes El rosario y La enemiga de Florencia L. Barclay y Darío Nicomedi respectivamente, escenificados por el Núcleo de Arte Teatral de Monterrey

Referencia Armando de Maria y Campos, “Elisamaría Ortiz y el Núcleo de Arte Teatral de Monterrey representaron en Tampico El rosario y La enemiga. Gustaron mucho los reineros al público tampiqueño”, en Novedades, 20 abril 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Elisamaría Ortiz y el Núcleo de Arte Teatral de Monterrey representaron en Tampico El rosario y La enemiga.Gustaron mucho los reineros al público tampiqueño

Armando de Maria y Campos

He estado en Tampico para ver representar al Núcleo de Arte Teatral de Monterrey, que anima desde hace pocos años la distinguida dama neoleonesa y gran actriz dramática aficionada doña Elisamaría Ortiz de González Garza, dos comedias del repertorio de las compañías organizadas para ofrecer teatro a públicos de diversos paladares, y con esto está dicho que se trata de excelentes piezas teatrales: El rosario de Florencia L. Barclay, traducida a todos los idiomas, y La enemiga de Darío Nicodemi, también representada en casi todas las lenguas europeas. La sociedad tampiqueña, siguiendo el ejemplo de la sociedad saltillera, invitó a Elisamaría a dar algunas representaciones, a beneficio de obras pías del puerto, y la dama devota del arte de representar aceptó, trasladándose de Monterrey a Tampico con su homogéneo grupo íntegro, formado por damitas de la capital reynera y caballeros que roban tiempo a sus negocios para rendir culto a Talía.

Elisamaría de Monterrey, así se le nombra en todo el norte, viene haciendo teatro en el seno de sociedades de aficionados teatrales de la capital neolonesa desde hace algunos años. En la provincia mexicana se continúa la tradición de las funciones teatrales, largamente elaboradas, escrupulosamente ensayadas, con obras bien conocidas del repertorio antiguo. En ellas no se pretende renovar el teatro ni hallar genios de la interpretación, ni se preocupan de buscar autores. Van a lo seguro honradamente. Hacer el teatro que gusta, porque siempre ha gustado; hacerlo con dignidad, puesto que nadie les obliga a hacerlo. Elisamaría Ortiz de González Garza empezó su carrera de actriz aficionada por el principio, recitando. Del recital de poetas conocidos, pasó a representar en una sociedad de aficionados teatrales. Su primer papel fue la damita de La rima eterna de los Alvarez Quintero. Años después, con práctica y madura intuición, la Marianela de Galdós y Alvarez Quintero. Poco a poco Elisamaría se fue convirtiendo en el centro de las actividades más serias de los grupos teatrales de Monterrey y, casi sin proponérselo, fue reconocida como la directora natural de los mejores aficionados a representar comedias. Así fue como se convirtió en animadora del grupo que ha llegado a ser el más importante del norte –Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas–, revelándose, consagrándose como la primera actriz dramática de esta índole, sin más escuela que su intuición y su talento, con extraordinarias facultades, temperamento de torrente dramático, voz grave y extensa que la hubieran llevado muy lejos, si su hogar y posición social no le hubieran hecho prohibitiva la ambición de convertirse en actriz profesional.

Reducida, por esta causa, a la condición de actriz aficionada –entiéndase: aficionada, no experimental, que éste es un cantar que todavía no se canta en la provincia mexicana–, contando con el doble crédito como intérprete y directora, Elisamaría es eje y brújula el teatro del norte, tan aficionado un tiempo a él, privado ahora de este espectáculo por culpa de los pleitos intergremiales de los trabajadores manuales del teatro. Desde hace años no hay en Nuevo León o en Coahuila, ahora en Tamaulipas, más teatro bueno que el que hace Elisamaría de Monterrey y su Núcleo de Arte Teatral. En estos últimos años ha puesto La enemiga, El rosario y Doña Rosita la soltera, bajo su inmediata dirección, montándolas con decorados pintados para cada caso y vestuarios propios. Para la pieza de García Lorca Elisamaría contó con la colaboración de las familias más antiguas de Monterrey que le proporcionaron los trajes de la época, que guardaban en olor de alcanfor, y muebles, cortinas, abanicos y joyas. Igual cooperación encontró en la sociedad de Saltillo cuando, invitada por ésta, fue a representar Doña Rosita a la capital de Coahuila.

Elisamaría, la animadora del Núcleo de Arte Teatral de Monterrey, raíz, flor y fruto del mismo, posee el sentido del teatro, de lo que es viable en la ficción escénica, de lo que puede durar una situación dramática y de la gradación y distribución que debe darse a los efectos escénicos. Esto le permite, sin ella proponérselo tal vez, ser una auténtica directora, y como además conoce bien de lo que son capaces sus jóvenes discípulos, puede lograr, como lo ha logrado en las piezas que acabo de ver, una realización tan entonada y ajustada, que por encima de la habilidad con que la hábil mano de la animadora los lleva y los trae, brilla con limpieza de piedra preciosa la naturalidad, la propiedad, la fluidez y la gracia del en ocasiones sencillísimo juego escénico.

La obra de presentación en el teatro Tampico del Núcleo de Arte Teatral de Monterrey fue El rosario –jueves 13–, y en ella todos los jóvenes actores revelaron que hacen teatro con la seriedad de quien ama y respeta la noble afición que practican. El buen público tampiqueño, al principio incrédulo e indiferente, se encontró de pronto agarrado por la apasionada interpretación que los reyneros daban a la romántica comedia de Florencia Barclay, y al final del segundo acto ya se sentía vivamente interesado en la pasión de Gerardo Dalman –Mario Gálvez Álvarez– por Juana Campbell –Elisamaría– y en cómo se resolvería ese conflicto de amor mal entendido entre ambos que agrava la repentina ceguera del galán desventurado. La sencillez y la claridad con que representa el grupo de Monterrey se impuso en el público, que gozó la obra y aplaudió largamente a los intérpretes.

Mejor aún que la de El rosario resultó –sábado 15– la interpretación de La enemiga de Nicodemi, cuyos efectos teatrales bien distribuidos en el argumento conocido y apasionante no fallan, dieron mayor oportunidad a Elisamaría y a sus actores para apoderarse de la emoción y del interés del público.

Es muy homogéneo el grupo de actores que integra el Núcleo de Arte Teatral de Monterrey, Mario Gámez Álvarez-Gerardo Dalmain en El rosario y Roberto de Nievres en La enemiga –es ya un excelente actor, de arrogante presencia, voz grata y bien manejada, interesante temperamento; en Carlos G. Cirilo, cuya bis cómica sana y fácil podría llevarle lejos, tiene el Núcleo un elemento entusiasta insustituible, y un excelente galán en Eugenio Armendáriz. Al lado de éstos José Antonio Fernández, César Treviño Boesch y Paul C. Probert completan decorosamente el equipo masculino. Del femenino destaca la señorita Amalia Garza González –la duquesa de Meldrun, en El rosario, la condesa de Bernois en La enemiga– de fino temperamento, clara y dulce voz, una de las mejores "características", entre los aficionados que he visto; cuenta el grupo con una bellísima dama joven, la señorita Gloria Rodríguez Thompson, quien en la Martha Regnault de La enemiga tuvo una escena muy feliz. Las señoritas Ellen Larsen, Beatriz Guerra Medina e Irene González, lindas y entusiastas, completaron los repartos.

Elisamaría Ortiz es, por derecho de talento y facultades, la primera figura del Núcleo. Es, sencillamente, una actriz dramática de cuerpo entero. Su Ana de Bernois, en La enemiga, podría representarla al lado de profesionales, ante el público más exigente de cualquier sitio. Su temperamento dramático es excepcional; su mesura y ponderación para usarlo, singulares. El teatro no profesional de la República tiene en ella una auténtica actriz. ¡Lástima que pertenezca –justa exclusivamente– al norte, donde se ha formado! Ya he dicho que de Texas abajo la llaman Elisamaría de Monterrey!...