FICHA TÉCNICA



Título obra Cyrano de Bergerac

Autoría Edmond Rostand

Dirección André Moreau

Elenco André Moreau, Jocelyn Grandval, Antonio González de la Vega

Escenografía Julio Prieto

Grupos y compañías Les Comédiens de France

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Eventos Temporada de Teatro Internacional

Notas de eventos Salvador Novo / organizador; Julio Prieto / productor

Referencia Armando de Maria y Campos, “El Festival de Teatro Internacional. Representación en francés de Cyrano de Bergerac por Les Comédiens de France en Bellas Artes”, en Novedades, 16 abril 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

El Festival de Teatro Internacional. Representación en francés de Cyrano de Bergerac por Les Comediens de France en Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

Esta es la cuarta experiencia personal que tengo de Cyrano de Bergerac de Rostand. He oído hablar mucho del Cyrano que hicieron en México Fernando Díaz de Mendoza, Emilio Thuillier y Miguel Muñoz. Don Fernando, en la raya que separa el siglo XIX del XX; Thuillier en vísperas de las fiestas del Centenario, y Miguel Muñoz un año después de estas fiestas. A Muñoz se lo vi, siendo poco más que un niño, el año 1911, en el Colón. Casi no lo recuerdo. Fue mi primer Cyrano, y naturalmente en español:

–Tiro gallardo el sombrero;
la capa gallardamente
dejo caer; sonriente
y ágil, mi espada requiero.
Como Scaramouche ligero,
lindo como Celadón,
te prevengo, Myrmidón,
que al finalizar, te hiero.

No recuerdo, de aquel Cyrano sino la escena del desafío en el Palacio de Borgoña. La segunda experiencia, fue el magnífico Cyrano en francés, de Pierre Magnier, con su Compañía de Teatro de la Puerta de San Martín, en París, el año 1923, en el Arbeu. Un Cyrano de Bergerac inolvidable, con Juliete Clarel, Blanche Toutain y Grabiela Dorziat. ¡Cómo lo cantó Magnier, entonces el mejor intérprete del gascón ilustre! Aún tengo en mis oídos:

–Son los cadetes de la Gascuña
que a Carbón tienen por capitán;
son quimeristas, son embusteros;
y a la vez firmes, nobles y enteros,
blasón viviente por donde van,
son los cadetes de la Gascuña
que a Carbón tienen por capitán.

Años después –1927– el español Ricardo Calvo hizo el Cyrano, en la lengua de Cervantes, en el teatro Principal. Presentación discreta, más bien mediocre, como de farándula que anda en gira, "haciendo América". Fue el de Calvo un Cyrano esmirriado, encogido, precario, si se le veía con los ojos de la exigencia bien abiertos, pero si se dejaban caer los párpados, y se le oía nada más, ¡cómo se le veía!, en el acto tercero llamado "el beso de Roxana":

–Al fin y al cabo, ¿qué es, señora
un beso? Un juramento hecho de cerca;
un subrayado de color de rosa
que al verbo amar añaden; un secreto
que confunde el oído con la boca;
una declaración que se confirma;
una oferta que el labio corrobora;
un instante que tiene algo de eterno
y pasa como abeja rumorosa;
una comunión sellada encima
del cáliz de una flor; sublime forma
de saborear el alma a flor de labio
y aspirar del amor todo el aroma...

Trece años después, nuestro gran actor frustrado –por el cine, claro está– Fernando Soler, lo dirigió e interpretó en el Bellas Artes, en temporada organizada por el Departamento del Distrito Federal. Fue un Cyrano magnífico, decorado por Galván y Lamont, vestido por Marissa –ahora se usa aquel vestuario–, iluminado por Cedillo. Fernando Soler, sin voz; pero con garbo y picardía, tuvo momentos inolvidables. Yo le recuerdo particularmente en la escena del primer acto, aquella en que Cyrano se toma a sí mismo en broma. ¿Recordáis cuando De Valvert pretende mofarse de su nariz, y dice: "Voy a echarle una pulla que le hiera... Tenéis una... nariz... muy grande", y Cyrano le invita a seguir, y como el caballerete no sabe qué hacer, continúa Cyrano por cuenta propia:

–Eso es muy corto, joven; yo os abono
que podáis variar bastante el tono.
Por ejemplo: Agresivo: "Si en mi cara
tuviese tal nariz, me la amputara".
Amistoso: "¿Se baña en vuestro vaso
al beber, o un embudo usáis al caso?"
Descriptivo: "¿Es un cabo? ¿Una escollera?
Mas, ¿qué digo? ¡Si es una cordillera!
Curioso: ¿De qué os sirve ese accesorio?
¿De alacena, de caja o de escritorio?
Burlón: ¿Tanto a los pájaros amáis
que en rostro una alcándara les dáis?
Brutal: "Podéis fumar sin que el vecino
–¡Fuego en la chimenea!– grite? Fino:
Para colgar las capas y sombreros
esa percha muy útil ha de seros".
Solícito: Comprádle una sombrilla:
el sol ardiente su color mancilla.
Dramático: Evitad riñas y enojo;
si os llegara a sangrar, diera un Mar Rojo.

.....

Algo por el estilo me dijérais
si más letras e ingenio vos tuviérais;
mas veo que de ingenio, por la traza,
tendréis el que tendrá una calabaza,
y ocho letras tan sólo, a lo que infiero,
las que forman el nombre: ¡Majadero!

Para mí, momentos como éste fueron los mejores de Fernando Soler, que a la mitad de la temporada prevista, le cedió los trastos, por afonía, al segundo espada, el gran actor español Julio Villarreal, quien casi sin ensayos, pero con un gran amor y mayor sentido de responsabilidad hizo un "Cyrano de Bergerac" muy digno, con aliento y ritmo, y muy gascón también, que es condición sine qua non, para que Cyrano sea de Bergerac, que no basta que sea, como es natural francés.

Para que el teatro de Francia estuviera dignamente representado en nuestro Festival Internacional, el director de Les Comediens de France escogió la siempre fresca pieza de Edmond Rostand.

Cyrano cumple en diciembre de este año cincuenta de andar por los teatros del mundo. Pertenece al repertorio de la Comedia Francesa, lo que equivale a una consagración definitiva. Por excepción, la crítica participa de la opinión del público. Una y otro la tienen juzgada. "Cyrano –escribió Francisco Sarcey en 1897– es una obra de encantadora poesía, pero es, ante todo y sobre todo, una obra de teatro... Rostand nos trae de los siglos pasados el verso de Scarron y de Regnard, manejándolo con la maestría de quien está impregnado de Hugo y de Banville. Todo cuanto Rostand escribe brota naturalmente y tiene frescor moderno. El poeta posee la facilidad, la claridad, el movimiento y la medida, esto es, todas las cualidades que distinguen a nuestra raza francesa".

André Moreau, actor y director de máxima solvencia entre nosotros, se esforzó en montar un Cyrano digno de la tradición teatral de la gran pieza. Y lo logró, siendo más meritoria su labor, porque ahora maneja, dentro de Les Comediens de France, actores de verdad, elementos de grupos experimentales y simples alumnos suyos o del INBA. El se encargo del Cyrano, y tuvo momentos de gran brillantez, particularmente en los actos postreros. La señorita Jocelyne Grandval, hizo una Roxana deliciosa. Por enfermedad de Xavier Massé se encargó del Christian –la noche del martes– Antonio González de la Vega, muy decorosamente por cierto. Imposible mencionar a todos los que intervienen en el largo reparto, y que lo merecen. El juego escénico resuelto con tanta facilidad, que casi no se advierte, mérito sólido del director. Julio Prieto, productor, realizó, tal vez, su mejor trabajo de la temporada, excluyendo a Emperador Jones. El antiguo metteur en scéne de Jouvet, se ha convertido, simplemente en André Moreau, gran director de teatro contemporáneo...