FICHA TÉCNICA



Título obra La marquesa Rosalinda

Autoría Ramón del Valle Inclán

Grupos y compañías Teatro Universitario Cubano

Notas de grupos y compañías Luis A. Baralt y Antonio Vázquez Gallo / directores

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Eventos Temporada de Teatro Internacional

Notas de eventos Salvador Novo / organizador

Notas El autor también hace un balance de la Temporada de Teatro Internacional

Referencia Armando de Maria y Campos, “Autores, actores, directores y productor en el Festival de Teatro Internacional celebrado en México. I.”, en Novedades, 11 abril 1950.




Título obra Fablilla del secreto bien guardado

Autoría Alejandro Casona

Dirección Luis A. Baralt

Elenco Julieta Casal, Carmen Acevedo, Antonio Vázquez Gallo, Vicente Revueltas, Natividad González, Nidia del Valle, Juana María Fundora

Grupos y compañías Teatro Universitario Cubano

Notas de grupos y compañías Luis A. Baralt y Antonio Vázquez Gallo / directores

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Eventos Temporada de Teatro Internacional

Notas de eventos Salvador Novo / organizador

Referencia Armando de Maria y Campos, “Autores, actores, directores y productor en el Festival de Teatro Internacional celebrado en México. I.”, en Novedades, 11 abril 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Autores, actores, directores y productor en el festival de teatro internacional celebrado en México. I.

Armando de Maria y Campos

Falta material de tiempo para presentar el Cyrano de Rostand, en la fecha previamente prevista, obligó a un compás de espera en el ritmo acelerado, muy vivo, que llevaba, y con que debía concluir, el Festival de Teatro Universal celebrado en México durante el mes de marzo. La obra maestra de Rostand, que representará al teatro de Francia en esta temporada será presentada a fines de la segunda semana de Pascua. Con las representaciones de Cyrano se cierra el capítulo de teatro en lengua extranjera de este festival de teatro, el más importante que se haya celebrado nunca en la América Latina. Sensiblemente, faltó la obra de algún autor italiano, representada en la lengua de Goldoni, o en la de Calderón, para que, por lo menos, el teatro de origen latino hubiera tenido en el festival una representación exacta, y más justa.

No hubiera sido posible presentar, dentro de la naturalmente breve, y muy difícil de organizar, duración de este ciclo de teatro universal, las obras de aquellos repertorios que necesariamente deberían estar representados en un certamen internacional. En primer término, el de España, teatro que como acaba de afirmar Benavente, puede dar lecciones, y las dio en algún tiempo, a todos los teatros del mundo. Y el ruso, un tiempo necesario en todos los carteles de los teatros de México, particularmente, en el de los grupos experimentales. Y el portugués, y el escandinavo, y el polaco. Y, claro, el alemán. En cambio, apareció, una sola noche, el relámpago trágico del drama de Grecia.

La presencia, recién inaugurado el festival, del Teatro Universitario de La Habana, aún calientes los aplausos que provocó la revelación de Rosalba y los llaveros, la comedia mexicana con que se abrió el certamen de teatro internacional, con una obra de don Ramón María del Valle Inclán –los cubanos no vinieron a México a hacer teatro de su país– permitió que se escuchara la voz del teatro de España en el concierto de autores de otros países. A los cubanos debemos, también, la presencia de un autor de Grecia en este festival de teatro moderno. Y a ellos, finalmente, la de otro representativo de la escena española, Alejandro Casona, que con Valle Inclán, representaron en el certamen al teatro español, cuya exclusión radical en este certamen oficial hubiera sido lamentable y bochornosa.

El Teatro Universitario de La Habana presentó cuatro obras, dos oficialmente, en el Bellas Artes, La marquesa Rosalinda de Valle Inclán, y Medea de Eurípides, y dos informalmente, en la sala Latina, La carroza de la Perricholi de Próspero Merimée, y Fablilla del secreto bien guardado de Alejandro Casona, cada una, una sola vez, y las dos últimas, ante muy escasa concurrencia.

La marquesa Rosalinda de Valle Inclán es al teatro español lo que La marquesa Eulalia de Rubén Darío a la poesía iberoamericana de antes de la guerra del 15. ¿Quién se estremece ahora ante el recuerdo de la primera Guerra Mundial si aún tiene fresco el de la que empezó en Madrid y acabó en Berlín en 1945? La marquesa Rosalinda, valleinclanesca y rubeniana, está marchita, ajada, un poco como la marquesa Eulalia. A propósito del afán de los grupos de teatro experimental de renovarlo, Benavente ha dicho hace poco que "renovar el teatro dando a conocer obras que, por lo regular, precisamente el público habitual de esas representaciones es el que las conoce ya", es peligroso, porque "para pretender la novedad en el teatro importa mucho estar enterados de lo que se ha hecho antes; de otro modo, lo que se llama de vanguardia puede resultar de retaguardia, y en vez de un nuevo cielo con nuevas estrellas, como los navegantes, en el conocido soneto de Heredia, nos encontramos en el Mediterráneo, bajo los mismos astros que de siempre alumbraron nuestras noches".

El Teatro Universitario de La Habana reveló con esta pieza de Valle Inclán, con la difícil Medea de Eurípides, con la bella farsa de Merimée, y, sobre todo, con la pieza de Casona, que se halla en un punto de madurez, en cuanto a intérpretes principalmente de que difícilmente se encuentra paralelo en teatros universitarios de Hispanoamérica.

La Fablilla del secreto bien guardado, la escribió Casona pensando en los teatros universitarios de España y de la América española. Los del de La Habana la encontraron en el Retablo jovial que el gran astur publicó en mayo de 1949, en Buenos Aires, en un tono que contiene también Sancho Panza en la ínsula, Entremés del mancebo que casó con mujer brava, Farsa del cornudo apaleado y Farsa y justicia del corregidor. El prólogo Casona como escribió, recreó, estas piezas, recién proclamada la república española, con destino a las "Misiones pedagógicas", un capítulo ejemplar de la educación popular en España. Aclara que las tres primeras proceden de obras literariamente elaboradas (Cervantes, Juan Manuel, Boccacio), y que las dos últimas, entre éstas la Fablilla del secreto bien guardado, son temas de tradición anónima". "La 'fablilla' –dice– procede de un cuento popular italiano del que sólo conozco el tema, ignorando si alguna vez ha sido desarrollado literalmente... Sobre el cañamazo de una anécdota fértil en sugestiones he alzado sin trabas mi tinglado propio; la arquitectura escénica, la invención y tipificación de personajes, el montaje de situaciones y su resolución dialogal, todo ha sito trazado libremente... Bien comprendo que, tanto por la ingenuidad primitiva de sus temas como por el retozo elemental de su juego –chafarrinón de feria, dislocación de farsa, socarronería y desplante campesinos– no son obras indicadas para la seriedad de los teatros profesionales. Si a alguien pueden interesar será a las farándulas universitarias, eternamente jóvenes dentro de sus libros, o al buen pueblo agreste sin fórmulas ni letras, que siempre conserva una risa verde entre la madurez secular de su sabiduría.

A las farándulas universitarias dedicó Alejandro Casona su Retablo jovial. No pensó, desde luego, en el teatro universitario de México, preocupado ahora en representar a Sartre. Los actores universitarios de La Habana recogieron la invitación de Casona y lo incorporaron a su repertorio. Lo traían en sus maletas, que venían de una Olimpiada en Guatemala, y lo representaron muy bien, con mucho sabor y buen gusto, con el movimiento ingenuo y alegre de las farsas campesinas, dominando dicción, acento, ademán y gesto. Fue lo mejor que hizo en México –las interpretaciones de Medea y de la Perricholi de Julieta Casal merecen un elogio encendido, aparte–, el Teatro Universitario de La Habana.

Dirigió la obra don Luis A. Baralt, con dominio y sentido de la ingenuidad y trasparencia de la linda farsa, y la representó muy bien vestida, y con decorado sintético muy propio. La señorita Carmen Acevedo halló en la Leonela un personaje a la medida de sus grandes facultades de actriz, probadas días antes en la Medea, y Antonio Vázquez Gallo, ocasión para lucir su bella voz y su capacidad de gran actor. Tomaron parte también, Vicente Revueltas, Natividad González, Nidia del Valle y Juana María Fundora.

El Teatro Universitario de La Habana reivindicó el teatro español en el Festival Internacional de México. Cuba se refugió tímida en el regazo materno de la España peregrina. ¡Dichosa la rama que al tronco sale...!