FICHA TÉCNICA



Título obra El capote

Autoría Antonio Castro

Dirección Antonio Castro

Elenco Diego Jáuregui, Clarissa Malheiros, Rodrigo Vázquez, Arturo Adriano

Espacios teatrales Sala Xavier Villaurrutia

Referencia Bruno Bert, "El capote. desfase de fondo", en Tiempo Libre, 24 marzo 2005, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

El capote
Desfase de fondo

Bruno Bert

Nicolai Gogol (1809-1859) viene a ser algo así como la mayor raíz visible del frondoso árbol literario de la Rusia zarista del siglo XIX. Es al mismo tiempo, y valga la aparente contradicción, la base de la escuela realista y uno de los mejores creadores de personajes grotescos que recuerdan a los esperpentos, un siglo antes que Valle Inclán los inventara o al menos les diera ese nombre. Su obra más importante es una novela, pero también algunos de sus cuentos pasaron con éxito la prueba del tiempo, y entre ellos, sin duda El capote, resulta el más afamado. Ahora, Antonio Castro ha hecho de él una adaptación teatral bastante libre y lo ha estrenado bajo su dirección en el teatro Villaurrutia con apenas cuatro actores.

El tema es una pintura social capaz de recordar al Woyzeck de Büchner, un alemán por otra parte contemporáneo a Gogol; y nos dice de una estructura fuertemente estratificada, con una burocracia necia y pretenciosa, y en ella los sueños de un simple que por un momento ve cambiar su vida por la compra de un abrigo nuevo que transforma su apariencia dentro de ese mundo insignificante basado en lo que se ve y dice del otro.

En la puesta lo primero que se advierte es la intención de hacer contemporáneo el espacio y los personajes. Para ello, Mónica Raya, como responsable de la escenografía e iluminación, crea un ámbito que es calco fiel de una oficina pública cualquiera. Es decir que nos presenta una estructura absolutamente naturalista, incluso claramente ubicada en nuestro país. Lo que produce una primera extrañeza (suave todavía) cuando los personajes hablan de "nosotros los rusos" o "nuestra Rusia" y cosas por el estilo. Lo segundo que vemos es que esos personajes insertos, en realidad, son desde grotescos hasta caricaturales. Lo que de nuevo nos da una sensación algo extraña por ese desfase de fondo y superficie. Y lo tercero que nos llama la atención es que –sin justificación lógica– la oficina se transforma en calle, casa, centro de policía, departamento privado y tantas cosas más sin cambio ni modificación alguna.

Entiendo aquello que decíamos al principio de que Gogol es maestro tanto del realismo como del grotesco y el juego de esas dos vertientes. Pero planteado así, no corno unasugerencia de planos de la realidad que se funden unos en otros, sino como fuertes estructuras premarcadas que se superponen, no se vuelve ni sugestivo ni gracioso, sino forzado y arbitrario. Y algo del mismo orden pasa con los personajes: los primeros tienen un cierto perfil, una cierta estructura física y comportamiento dentro del grotesco. Pero luego los muñecos se multiplican cada vez más descascarados, siempre asumidos por los mismos dos actores, hasta no ser más que un traje, casi como un juego para probar velocidades de travestismo, que si por momentos puede resultar levemente gracioso, en la mayoría se vuelve como un remedo de teatro, donde Gogol y sus planteos quedan relegados al ático.

Pienso que tal vez, una obra más o menos reciente de Antonio Castro en donde en dos horas se pretende convocar cómicamente a todas las obras de Shakespeare debe haber influido un poco. Lástima que no lo ha hecho de manera muy positiva. Los actores fundamentales son tres: Diego Jáuregui, Clarissa Malheiros y Rodrigo Vázquez, más la colaboración de Arturo Adriano. El peso de los cambios cae esencialmente sobre Jáuregui y Malheiros, excelentes intérpretes, con una gran versatilidad, que aquí se ven arrollados por la avalancha de cambios. Juego arriesgado que deja en primer plano lo técnico lúdico, sobre la posible extracción de lo esencial de la propuesta del autor y de la capacidad de los actores. Muy interesante el trabajo de Rodrigo Vázquez, que sin estar obligado a estos malabarismos puede construir un muñeco mucho más sólido e interesante.

En definitiva, que Gogol sigue siendo un interesante material de lectura.

EL CAPOTE. Autor y director Antonio Castro. Con Diego Jáuregui, Clarissa Malheiros, Rodrigo Vázquez y Arturo Adriano. Sala Xavier Villaurrutia, Centro Cultural del Bosque, Paseo de la Reforma y Campo Marte (Metro Auditorio), 5280-8771. Jueves y viernes, 20:00; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Loes. $150; descuento del 50% a estudiantes, maestros y afiliados al Inaplen. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 90 mins. (Centro)